De unos años a esta parte, el estoicismo o, al menos, una interpretación de él ha tenido un enorme resurgir. Nunca he dudado del valor práctico de la filosofía helenística, sin embargo, me resultaba curioso que fuese la Stoa la que estuviese reviviendo. Por este motivo, me sumergí en mi biblioteca y desempolvé este título: “Manual de estoicismo” de Epicteto.
¿Por qué el de Hierápolis y no directamente Zenón, Séneca o cualquier otro? Hombres interesantes fueron todos ellos, la verdad; sin embargo, la figura de Epicteto me parece aún más fascinante. Nació como esclavo en la actual Turquía y de allí, siendo todavía un niño y propiedad de un liberto, fue llevado a la capital del Imperio. Su amo consideró que le sería más útil si lo instruía y de este modo entró en contacto con su mentor, Musonio Rufo, y con el estoicismo. Con el paso de los años consiguió su libertad y fundó su propia escuela en Nicópolis, haciéndose un merecido hueco en la Historia de la Filosofía. ¿Curioso, verdad?
Desde “la ciudad de la victoria”, Epicteto enseñó que no podemos controlar lo que nos sucede, pero sí cómo reaccionamos ante ello, una lección que aprendió muy probablemente desde muy joven.
A semejanza de Sócrates, él no escribió nada, pero sus discípulos sí recopilaron sus enseñanzas y gracias a alguno de ellos tenemos Manual de estoicismo o Enquiridión, una obra breve en la que se nos ofrece una guía para afrontar la vida con serenidad y fortaleza: no podemos controlar muchas de las cosas que nos ocurren, pero sí nuestra mente y cómo gestionamos nuestras emociones. De esta forma, a través de la práctica de la virtud y la razón, garantiza la posibilidad de alcanzar una vida plena, independiente de las dificultades que enfrentemos.
Por todo ello, este libro es perfecto para quienes buscan desarrollar una actitud de resiliencia, autocontrol y paz interior, justo lo que muchos necesitamos en el devenir del día a día.