«A los trece años casi todas las opciones son malas. Aprieto el botón que corresponde a mi casa. Quisiera que mi madre me abriera la puerta sin decir nada porque sabe perfectamente que soy yo, pero a ella le gusta contestar, le gusta incluso poner voces, hacer chistes, demostrarle al barrio desde la cocina que ella no es una madre aburrida, que es una fiesta de espontaneidad y frescura, y con ello pone en riesgo mi integridad. En el fondo la comprendo, las estrictas normas que hay que seguir a mi edad para mantenerse a flote le parecen ridículas. Es verdad que lo son.»
Tiene trece años. Un día acabó Primaria con la promesa de reencontrarse con su pandilla, pero a la vuelta del verano no volvió a saber de ellos. Ahora quedan, fuman, visten raro y se comportan aún peor. No ha llegado a tiempo al cambio.
A veces, saca los muñecos, pero los esconde rápido debajo de la cama. También se mira al espejo, y se pregunta si alguien, algún día, querrá darle un beso. Y observa, siempre, incesantemente, mientras se apoya en el quicio de la ventana, que se le clava en la piel, a la vecina de enfrente, al otro lado de la calle, tan mayor y tan guapa y tan rebelde.
Hoy la pandilla le ha dejado caer que dé una vuelta con ellos. A lo mejor todo vuelve a ser normal. Quiere ir, pero no sabe qué ponerse, ni cómo hacer que no le suden las axilas, ni cómo disimular que es la tarde que más vértigo le da de su vida.
La primera novela ilustrada de Elisa Victoria describe con sencillez cada una de las dudas que conforman la preadolescencia. Un retrato bellísimo del crecimiento, la incomprensión y los momentos decisivos.
Elisa Victoria nació 1985 y se rompió la paleta izquierda en 1992 jugando a pollito inglés. Por este orden y entre otras cosas, se ha dedicado a coleccionar muñecas Chabel, a vender pizzas y hamburguesas con gorra roja, a estudiar Filosofía y Magisterio Infantil y a escribir compulsivamente desde la pubertad como método eficaz de supervivencia. Ha publicado dos libros. El primero, Porn & Pains, salió en diciembre de 2013 gracias a Esto no es Berlín y fue reeditado en junio de 2017. El segundo, La sombra de los pinos, fue publicado en marzo de 2018 por la misma editorial. Ha colaborado en sitios como Tentaciones, Tribus Ocultas, El Estado Mental, Cáñamo, Vice, Playground, El Butano Popular, Primera Línea, diversos fanzines (Una buena barba, Clift, Orfidal, Yo no soy esa, Diario ultrasecreto de Honey, Fango) y antologías (Hijos de Mary Shelley, Erotismo desviado, La familia, Hijos de Sedna, Frankenstein resuturado, El Moyanito). Le encantan los cómics, los sintetizadores y chupar limones. Es capaz de comunicarse rápida y profundamente con los animales y los niños. Con los humanos adultos no tanto. Vozdevieja es su primera, y muy prometedora, novela.
Partiendo de que es un libro ilustrado cuyo público objetivo no es infantil, ya se ve que es un libro peculiar. Se supone que el arte tiene que incomodar y creo que eso me pasó con este cuento/novela.
Elisa Victoria tiene una forma de narrar muy característica y que me entretiene mucho. A pesar de que este no es mi libro favorito de ella, está tremendamente logrado. En su presentación dijo que era una especie de mediometraje que se leía en una tarde y que trataba de la adolescencia desde la experiencia de aquellos que no se nos dio bien la pubertad y es todo cierto. Es incómodo, porque siendo la adolescencia un periodo tan trágico y la historia tan verosímil, evoca muchas de esas sensaciones guardadas/enterradas de la propia transición. El personaje protagonista es muy neutro dentro de lo que cabe, no tiene género y su relación con su familia es muy promedio, lo que hace muy fácil meterse en el cuento construyendo lo que intencionalmente falta con la memoria propia. Las ilustraciones de Mireia Pérez siguen la misma línea de justa abstracción que tiene la narración para hacer de la experiencia una inmersiva, son igual de llamativas e incómodas que el relato, están llenas de color y de moco, y lo digo en el mejor de los sentidos.
Me he sentido tan identificada que duele. Un retrato de la pre-adolescencia/adolescencia increíble, podría ser perfectamente mi diario de cuando tenía 12 años.
me ha encantado todo el libro, sobre todo el final, pero más me hubiera encantado si hubiera sido paula quien me lo leyera (o yo a ella) como hicimos con el resto del libro <3
No ha habido mejor momento que la tarde de ayer para devorar este libro. Acabo de salir de un fin de semana lleno de historias, recuerdos y descubrimientos del pasado, todos de aquella época en la que me sentía exactamente igual que la protagonista de Quicio. Todo lo que la rodeaba, el piso, la calle con sólo dos opciones (izquierda o derecha), incluso su madre, todo lo que decía sus movimientos por la casa, su cafelito, su reporte. Podía oler a mi madre de esos días, que sigo reconociendo igual que perdí la pista del momento en que dejó de ser alguien que fuera algo más que una madre que profesa amor, y da un poco de vergüenza. Pero te acostumbras.
Este libro me ha marcado profundamente, porque ha dado palabra a cada pensamiento, sentimiento, sensación y recuerdo a la deriva de aquel momento crucial. En que todo es tan importante y nadie más lo entiende. Porque nadie puede entenderlo. Y siento que he seguido sin entenderlo hasta el día de hoy, con 30 años y este peso que arrastra mi corazón desde el instante que mi niñez me abandonó, porque todo lo demás también se vino abajo.
Independientemente de mis traumas (que ha revivido con éxito y una curiosa delicadeza) es un libro corto, que se enreda en tus entrañas desde el momento en que empieza, en que sospechas lo que va a pasar, porque a ti también te ha pasado. Y este amarre que hace cada escena no se libera hasta leer la última palabra. O tampoco. Sinceramente no siento que me haya dejado ir del todo, ni lo vaya a hacer en ningún momento pronto.
Es un libro hiriente, del que lo que más me ha dolido ha sido revisitar mis dibujos con amigos imaginarios, amigos perfectos e irreales. Pero tan verdaderos en mi pequeña burbuja dónde buscaba cobijo. Definitivamente lo recomiendo a todos quienes quiera que hayan sido: populares, marginados, cualquiera que aún sienta aquella confusión. Es un libro que en su soledad, te hará compañía.
Qué sensible y observadora es Elisa Victoria. Su retrato de la adolescencia no puede ser más certero; me pilla un poco lejos pero recuerdo que una se sentía así y este flashback del pasado me ha parecido: TERRORÍFICO. En serio, qué bajón me ha dado, leerlo es doloroso.
Lo único que me ha parecido un poco cutre es la edición: saqué el libro de la biblioteca y la portada estaba ya descolorida, la tinta de las ilustraciones se veía a través de la cara trasera de las páginas.
"Quién sabe si he hecho más daño todavía por mi cuenta, si algún día querré desaparecer sin más de alguna situación, si escurriré bultos de mala manera y alguien llorará mi falta de interés. Las relaciones humanas son muy complicadas, están llenas de riesgos. Es muy fácil que alguien salga herido y muy difícil que surjan momentos de plenitud."
Las desazones y experiencias de una chica de 13 años me han resultado mucho más cercanas y familiares de lo que me gustaría. :/ La culpa es de la autora.
Las ilustraciones de Mireia Pérez se hibidran con el texto para crear un nivel de lectura nuevo.
Mi primer decepción del año😐 la verdad no se que esperaba de este libro pero se me hizo muy aburrido. A pesar de ser corto y aparentemente fácil de leer, me costó un mundo avanzar. No conecte en nada con la historia ni el protagonista. Y si hablamos de las ilustraciones, no se si yo no comprendo el arte, pero simplemente las encontré sin sentido. Este libro me llamo por su sinopsis y por el hecho de ser ilustrado, pero en realidad esperaba algo diferente. Pero bueno.
Tenemos los pensamientos de un adolescente de 13 años quien no lleva una popularidad en el instituto. No se porque se me hizo un martirio leer como se expresaba. Y no es que yo haya sido la hija perfecta a esa edad, pero nunca actúe ni me exprese de esa manera con mi madre. Y creo que es lo que me impacientaba más.
En fin, en lo personal no me gustó para nada. Aunque he visto que la mayoría de reseñas son buenas. Pero ya se sabe para gustó los colores🙂 así que espero no me funen por mi opinión.
Vuelvo a reiterar mi fascinación por el estilo narrativo de Elisa Victoria. En este relato ilustrado, la autora nos acerca a las reflexiones de una adolescente.
Mientras espera que un grupo de compañeros de clase la vayan a recoger esa tarde, la protagonista hace un repaso por sus preocupaciones, anhelos, recuerdos y situaciones propias de su edad.
La relación con los progenitores, la necesidad de encajar y esa sensación de encontrarse en el tránsito entre el adiós a la más tierna infancia y la llegada de una etapa algo más compleja marcan la base de esta obra. Un excelente retrato del mundo interior adolescente.
Con un estilo directo, ameno y natural Elisa consigue que reavivemos ese período de tiempo que todos/as alguna vez atravesamos. Un libro breve pero maravilloso.
Elisa Victoria tiene una voz que, sin saber cómo, me agarra y no me suelta hasta la última página. Siempre es igual con ella y tengo que darme espacios hasta leer su próxima obra porque me golpea muy dentro. Este libro me ha recordado que mi adolescencia fue una mierda. A veces miramos atrás y lo recordamos mejor de lo que fue. A veces se me olvida que eso era un maldito campo de batalla. Verme tan representada, desde la primera a la ultima palabra, me hace ver que no son problemas individuales, que son colectivos y que muchos (en especial, muchas) hemos sentido que la colectividad no era nuestro territorio, que no había salida y que nunca cambiaría. Me encanta haber conectado con mi yo pasado aunque haya dolido cada página como si volviese al 2006.
Es un relato corto que encierra una reflexión bastante acertada sobre la adolescencia. Me alegra que la protagonista se haya desarrollado a lo largo de la historia y que no se haya quedado plana. Sin embargo, en ciertas ocasiones me parece que existe una falta de coherencia entre las cosas que dice, como si su yo adolescente y su yo adulto dialogaran.
De una sentada. Entra en lo más hondo y conecta con lo que todas hemos sido a los 13 años. Inseguridades a la par que comenzar a vislumbrar lo que significa el amor propio, lidiando con el dolor de querer encajar y de dejar de lado la niñez y toda la zona de confort que suponía. La novela va de menos a más. Recomendadísima.
La maestría de Elisa Victoria es cada vez más evidente, libro a libro. Aquí logra una condensación y una voz que ya se vislumbraba en los anteriores pero que se hace incluso más pulida. Las ilustraciones de Mireia Perez aportan al clima entre surrealista y cotidiano que invade la historia, una historia mínima, intrascendente e inolvidable
Uau! Que nivel de detalle, ha sido como si alguien viniera a detallarme lo que podria pensar yo a esa edad. Pero con más consciencia que yo misma. Me he quedado con ganas de más!
Lo que este monólogo interior cuenta lo ha experimentado cualquiera que haya tenido 13 años, pero no cualquiera puede contarlo así. He vuelto al quicio de mi ventana por un ratito.
Me chirría un poco el cambio tan repentino en la protagonista pero por lo demás me parece un retrato fiel de lo que es ser una adolescente que no termina de encajar.
“He perdido el hilo de los acontecimientos. Ojalá pudiera encerrarme aquí a pensar en voz alta hasta que se me aclararan las ideas, pero ese plan parece digno de proponerse en el jardín de un manicomio. Gente encerrada reflexionando sin parar, tratando de entender cómo va la cosa. A lo mejor no es culpa nuestra sino de la cosa en sí, que no es fácil de asimilar.”
Qué bien se le da a Elisa Victoria reflejar las situaciones cotidianas que nadie suele traducir en palabras. Me encantó el quicio de esa ventana y todo lo que se vio a través de él.
Un libro que pretende removerte por dentro, pero no ha sido mi caso
Elisa Victoria y la ilustradora hacen un gran trabajo, aunque no sea de mi gusto y no haya podido disfrutar la lectura.
De la historia rescato la narración de la autora, que se nota que está hecho con cariño y determinación y aunque no me haya llegado a conquistar, en todo momento se nota la intención y cariño de la autora. Supongo que no leeré por ahora sus demás libros, pero en un futuro no lo descarto, ya que sé que la autora tiene cierto renombre. También quiero destacar algunas frases y reflexiones dentro del libro que me han parecido muy acertadas y bellas.
Me parece que la protagonista, una pre-adolescente, y su generación en general están bien representadas en gran parte, pero me resultan estereotipados y hay partes que se me han hecho inverosímiles los personajes y la protagonista. Definitivamente, no he podido conectar con ninguno, y creo que es un libro dirigido, o que disfrutaría más, otro tipo de persona específica.
La protagonista es uno de mis problemas en este libro, porque no he podido conectar con ella y claro, si fuese otra narración vale, pero al estar narrado en primera persona por ella me ha sido un suplicio terminar la historia. Podía llegar a entender su comportamiento, pero eso no mejoraba mi vista hacia ella.
Las ilustraciones tampoco las rescato, ya que había algunas que no les encontraba el sentido, y tampoco es que me entusiasmases las demás. Ni fu ni fa.
Siento que le debería dar aunque sea 3 estrellas, porque en conjunto es una historia bastante acertada y bonita, aunque haya partes que no lo fueran tanto para mí, y sí hay un par de cosas que me han hecho reflexionar, pero es una historia que se me ha quedado vacía, el proceso de lectura me ha costado pese a su facilidad para leerla.
Yo, personalmente, no la recomendaría. Aunque sí entiendo que a otras personas les pueda llegar más la historia. Justo otra persona cercana a mí se lo leyó y no opina como yo.
Puntuación: 4,5 Motivo de lectura: Recomendación de Goodreads Lectura/Relectura: Lectura Edición: Electrónico. Canciones: New Romantics/Now That We Don't Talk/You're On Your Own, Kid-Taylor Swift
Comentarios: ♥ Sí, este libro es una máquina del tiempo, 10 año más tarde volví a tener 13. ♥Me gustó demasiado la protagonista, creo que muchas reseñas ya lo señalan y aquí va una vez más, me sentí completamente identificada con ella. Aunque, yo no era ni la mitad de madura que la protagonista es, de verdad. A mí a esa edad eso de la empatía con mis progenitores no me funcionaba muy bien. ♥Personalmente, no disfruté de las ilustraciones. No me convencían del todo y no les encontraba demasiado sentido, sin embargo, llegando al final entendí la importancia de cada una de ellas. ♥ El final me dejó tiesa. Me hizo rememorar aquello que también amaba y de lo cual me alejé al ir creciendo, en mi caso no fue el dibujo, pero jamás me había vuelto a sentir tan comprendida. Hasta me resolvió una duda que ni siquiera era capaz de formular en mi mente. ♥ Precioso, volvería leerlo mil y un veces.
Resumen, por ende, spoilers: Comienza con esta adolescente de 13 años, de la cual no recuerdo el nombre o a penas si se menciona. Llega a casa dispuesta a acicalarse para salir con sus pandilla del año pasado, con la cual ha ido perdiendo contacto y ahora se le presenta la posibilidad de retomarlo. Así como la oportunidad de escalar en la pirámide social. Han quedado a las 5:30, así que comienza comiendo con su madre y preguntándose lo que se pondrá el día de hoy. Lista con tiempo de anticipación, se arregla el pelo, toma un par de monedas y sus llaves, pendiente constantemente de la llamada de sus amigos. Pero los minutos pasan y pasan, sus madre la invita a merendar, pero ella se niega. Mientras tanto en su monólogo interno relata sobre el huso horario, su tío, el chico que antes era abusado en su antiguo colegio y ahora da mucho miedo. Al ser ya muy tarde, se apresura a merendar al ya no soportar el hambre, pero siempre temerosa de que en cualquier momento sus amigos lleguen. Su madre se despide de ella para ir al gimnasio y ella en grandes bocados se termina su pan con chocolate y jugo de manzana. Inmersa en su mente, su monólogo sigue y sigue. Poco más tarde, al volver su madre a casa, se sorprende aun de encontrarla también, pero la deja en su compasión interna para irse a dar una ducha. Ensimismada en sus pensamientos nuevamente, comprende una pregunta que horas antes su madre le cuestionó: ¿cómo habían quedado? Ella muy adolescente en ese momento no fue muy asertiva, pero ahora en la soledad rememora que ese cómo fue más bien propuesto por ella misma cuando ellos, sentados a su alrededor porque una amiga, antes también suya, la estaba observando dibujar, quedan entre ellos. Comprende así que quien dio por hecho las cosas, fue nada más que ella misma, ellos jamás se tomaron en serio pasarla a buscar. En ese momento catártico, el impulso creativo llega. Todos los anhelos que tenía para ese día los plasma en papel, deja fluir sus emociones, se permite la rabia y la tristeza, se permite la autocompasión y la vergüenza. Le da igual lo mal que la seguirá pasando en el colegio, las disculpas que nunca le darán, las experiencias que jamás tendrá, porque lo único que le importa es este momento.
«Coloco la mano encima del cuaderno de cuadritos y el boli indicándoles que vuelvo enseguida, que nuestro romance no ha hecho más que empezar y va para largo».
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En sus libros, Elisa Victoria trata con toda naturalidad asuntos tan íntimos que no suelen encontrar un espacio propio en la literatura, sea esto por pudor, por modestia o porque estos detalles habitualmente son considerados irrelevantes. Su atrevimiento me sorprendió en El Evangelio y me llama la atención aún más en El quicio, precisamente porque la idea central de este libro es destripar las creencias coercitivas y censuradoras alrededor de las que se construye el orgullo adolescente. La novela lleva a cabo esta tarea sin tapujos y con una honestidad brutal, pero sin ridiculizar ni faltar al respeto a los potenciales lectores jóvenes que puedan sentirse identificados con el personaje principal.
El quicio es además una lectura liviana. No tardé ni un día en acabarlo, porque el monólogo interior hace que el tiempo en la novela transcurra casi al mismo ritmo que el tiempo en el mundo real. También la naturalidad de los pensamientos del personaje principal y de los diálogos contribuyó a mantenerme pegado a la silla. Elisa Victoria da a las conversaciones una cualidad tonal que va más allá de lo escrito y hace a uno olvidar que en realidad no está escuchando las palabras, sino leyéndolas. En especial, me fascina que haya logrado crear un personaje con el que es tan sencillo sentirse identificado aun sin saber su género. La historia de El quicio es universal.
No sé si he disfrutado del todo de las ilustraciones en este libro. Por un lado, pienso que casan muy bien con el argumento de la novela, pues Sin embargo, cabe preguntarse si las ilustraciones no circunscriben la percepción del lector. ¿Puedo estar seguro de que mi recepción del texto como tal no se ha visto alterada por la presencia de las ilustraciones? ¿Me habría fijado en otras cosas si los dibujos no hubiesen llamado mi atención sobre esas imágenes mentales en concreto?
Debido a su brevedad, es difícil profundizar más en una review de esta novela sin exponer su trama punto a punto, así que termino aquí. Le doy 4 de 5 estrellas y no me cabe duda de que la recomendaré a mis amigos hispanohablantes. ¡Espero que la traducción llegue pronto para poder recomendárselo a los demás!
Elisa Victoria saca maravilla literaria tras maravilla literaria. Posiblemente es la autora joven que más me gusta y a la que encuentro más brillante. Su obra está demasiado viva y su poder de creación es tan fuerte que no puedo evitar pensar que estos personajes existen de verdad y que están tan vivos como tú y como yo. Es una gozada el poder adentrarse en su universo costumbrista de monólogos internos, relaciones familiares complejas y padres ausentes que ni están ni se les echa de menos. Elisa Victoria tiene la capacidad, el talento y la valentía de poner por escrito con las palabras adecuadas lo que para muchos es una experiencia indefinida. Después de Marina y Lali, ahora nos trae a un personaje sin nombre cuyo género ni siquiera sabemos. Alguien que se encuentra justo en el umbral entre la niñez y la adolescencia, alguien que es completamente consciente de que todo va a cambiar para siempre y de que el hecho es extremadamente doloroso. La mayor parte de la novela es un delicioso monólogo interno de experiencias por las que todos hemos pasado, parece que estamos hablando con un amigo, o incluso mejor, con nuestro yo del pasado, convertido en alguien mucho más sabio y capaz de expresarse de lo que éramos cuando teníamos su edad. Muy poca gente entiende cómo hacer buenas alegorías como Elisa Victoria. Es una maestra de la metáfora. Amo la forma en la que ese quicio de la ventana divide el mundo interno y el externo, la infancia y la vida adulta (o casi) en el mundo externo, cómo ese quicio provoca dolor pero también al final trae la adaptación. La literatura de Elisa Victoria no son solo libros, es algo mucho más real que transciende las páginas. Es escritura para la salvación y está llena de la más pura belleza. Las ilustraciones son también una maravilla. Todas en la misma gama de colores: rosa fluorescente y azul. Dibujos abstractos que van cobrando sentido a medida que lees el libro. Además, este es el primer libro físico que leo cuya tinta es azul y no negra. Una maravilla en todos los sentidos.