El libro muestra un absoluto vacío en el conocimiento filosófico, existencial, linguistico, psicológico, literario o poético de la muerte humana (que no es un mero concepto, como la autora subraya hasta la extenuación haciéndose eco de la tradición más paupérrima del modelo cognitivo reduccionista de la mente).
Seguramente, empero, este bagaje no sería necesario para hablar sobre cómo experimentan o actúan los animales ante una defunción o un cadáver, a no ser que lo embrolles de los supuestos arrogantes de la autora, cayendo en la contradicción y la paradoja, amén de unos reduccionismos lógicos donde solo cabe la retórica simplista. Quiere acercarse al estudio animal de modo desinteresado, pero parece excesivamente interesada; quiere no caer en en el antropocentrismo pero cae en descripciones humanizadoras continuamente. Pero esto es sólo anecdótico.
La autora critica la sobreintelectualizacion de los filósofos acerca de la muerte, pero ella es la que convierte todo en un mero juguete conceptual (muerte= un concepto) donde ella decide qué es el concepto de muerte "inclusivo" para tener en cuenta a los animales, y así no caer en el antropocentrismo por el cual "creemos que sólo nuestro modo de ver el mundo vale". No obstante, es ella la que está todo el tiempo partiendo de una supuesta comprensión sobre la muerte y mente humana que se da por hecho y evidente. Ingenuidad narcisista cuanto menos.
Si de repente sale a colación un filósofo que ha tratado la muerte en sus abismales profundidades (Heidegger), la autora, ¡que es filósofa en la UNED!, no sólo demuestra no tener ni idea de el, sino que lo arroja a la basura con tacto infantil. Cierto es que Heidegger es muy complejo y que no a todos los filósofos les gusta, pero él no consideraba la muerte un concepto sino muchas cosas que actúan de trasfondo en nuestra vida, anudado a la vida. Esto mismo lo han desarrollado escritores, autores filosóficos, etcétera...durante miles de años. Pero Susana Monso dice que como estos no han tenido en cuenta a los animales y eran pedantes, pues solo eran antropocéntricos. Fin.
Lo que de interés tiene el tema de los animales ante la muerte (entendida de forma verdaderamente no humana, o como acción o experiencia de un cadáver, aún cuando en ocasiones haya paralelismos o similitudes con el modo humano), se viene al traste una y otra vez por la retórica falaz simplista de la autora (ella se teje su discurso, emplea términos asu gusto, les atribuye la carga semántica que le es útil). Pero encima, sus argumentos son inconsistentes. Ella asegura que en un "concepto mínimo de muerte" no hace falta introducir el sentimiento de universalidad, mortalidad personal o inevitabilidad. Para ello nos invita a un experimento mental. Pero no se da cuenta de que experimento mental similar se puede hacer igualmente con la irreversibilidad o la no-funcionalidad de los cadáveres. Pero no parece haberse dado cuenta.
En general, básicamente, parece como si la autora se sorprendiera de comportamientos animales que todo aquel que tenga perro o gato podría señalar sin problemas, sólo que ella le confiere un marco intelectual inquietante.
El libro es apto para lectores de Paulo Coelho o gente sin aparato crítico, o... para algunos profesores de universidad superfluos sin pasión por el saber. También puede serlo para interesados en comportamientos animales, siempre y cuando seas capaz de aguantar tanta simpleza y empleo superfluo de los terminos. Para mí es un ejemplo de como una ideología animalista puede desarrollar una nininana postmoderna que, por ser asequible a cualquier lector, se promete como auténtica.
Huelga decir que mi problema no es con adjudicar emociones ni cognición a los animales, ni tampoco una forma propia de "entender" (como metáfora) lo relacionado con la muerte dentro de un marco determinado. Pero el modo en que lo hace la autora es..paupérrimo.
Es mucho más recomendable leer a Peter Singer o Frans de Waal, pese a que no siempre hay que estar de acuerdo con el primero y pese a que el segundo cae en muchos forzamientos comparativos animal-humano (y reduccionismos). Pero al menos la narración de experimentos y análisis lógico es mas consistente y se puede separar grano y paja. También es mucho mejor leer a Godffrey-Smith, mucho más cuidado en sus análisis sobre lo que pueden ser "otras mentes animales", o a Philip Kitcher. Incluso recomiendo leer el ensayo de Plutarco sobre los animales (del siglo II d.C.).
No obstante, recomiendo, especialmente, leer a Felice Cimatti (Unbecoming human), un autor que otorga lenguaje y emociones a los animales no humanos pero cuyo aparato filosófico es bien potente. Conoce la etología, la primatologia y, cosa que Monso ni de broma- la filosofía.
P.D: La conclusión de Monso es un ejemplo de narcisismo idealista postmoderno revestido de supuesto objetivismo.