Por vulnerabilidad solemos entender todo lo que tiene que ver con la dimensión sufriente de nuestra realidad. Pero ser vulnerable significa principalmente ser afectable. Por lo tanto, lo que tiene que ver con lo humano, también lo positivo y alegre, remite a que todos somos, siempre y en todo momento, seres vulnerables.
Este es el punto de partida de este libro, en el cual se invita al lector a pensar la vulnerabilidad en clave existencial. El recorrido filosófico se vertebra en torno a dos áreas fundamentales: la realidad existencial de la vulnerabilidad (su pathos), y la decisión de integrarla y vivirla como engranaje ético y político (su ethos). El autor se apoya en la obra de René Descartes, cuya filosofía presenta, más allá de los tópicos, como una filosofía propicia para meditar sobre la vulnerabilidad, proponiendo una reflexión filosófica que proyecta la vulnerabilidad como condición de la vida humana, en todas sus magnitudes.
Para mi desazón, no he sido capaz de finalizarlo. Creo que es difícil hablar de vulnerabilidad sin bajarse al barro, es decir, a lo más humano, a la carne. Explicar lo vulnerable desde el punto de vista cartesiano se me antoja lejano e incomprensible. No he conectado con el libro.
Lectura posmoderna de la filosofía cartesiana que arroja luz sobre un despertar ontológico necesario en el ser humano. La condición vulnerable como puerta que nos ayudará a construir comunidades que tengan en cuenta esas limitaciones que nos constituyen.
No me esperaba para nada que un libro que comienza diciendo que va a construir su tesis con argumentos cartesianos fuera a agradarme tanto. Recoge la problemática principal y construye a partir de diversas ayudas una propuesta la mar de chuli.
Una buena escusa para discutir a propósito de esa capacidad de afectabilidad del ser humano y abrazar la fragilidad que nos es intrínsecamente sana. Buena lectura, aunque no para todos los públicos.