El libro cuenta con seis relatos, casi todos escritos en primera persona. De manera similar a como ocurre en Dublineses de James Joyce, el orden de los cuentos va, de manera ascendente, acorde con las edades de los protagonistas. Martínez es una narradora especialmente dotada en cuanto a la construcción de voces de personajes jóvenes y algo tímidos.
Una antología de cuentos realistas y de horror blanco. Donde ella autora nos pone en diversas situaciones que te hacen pensar las acciones que tenemos cada uno en nuestra existencia. Algunos cuentos tienen un final bastante abierto y precipitado y por ello las 3 estrellas.
Tardé en conectar con lo que me contaban los dos primeros cuentos de esta corta compilación; pero fue más por mi poca disposición a cierta manera de narrar la miseria. Además me recordaron a otras historias que no pude borrar de mi mente mientras los leía. El resto de los cuentos mejoraron y los disfruté bastante. Todos los cuentos se relatan con bastante sencillez y me hacen querer leer algo más de esta autora en los próximos años. Los cuentos que más me gustaron fueron ‘Juliana’ y ‘Sapos en la lluvia’.
Antes me mantenía bastante renuente ante los escritores de mi tiempo, pero este volumen de cuentos fue otra grata sorpresa. La autora logra crear cuentos a través de voces cotidianas, recordándonos que siempre hay algo por contar. Eso sí, me costó trabajo conectar con algunos textos dado que sentía que terminaban de manera abrupta. Sin embargo, hay joyas como el cuento que da título al volumen, donde los personajes y las situaciones, así como la descripción, dan una perspectiva amplia y casi universal de lo que nos cuenta.
Estuvo bien, la vdd no esperaba nada y me terminó sorprendiendo. Hace mucho que no leía una antología ni historias cortas, pero debo decir que me gustaron todas (unas mas que otras, claro) pero en general aprecie el libro. Me gusto como escribe ghada, creo que con pocas palabras logra transmitir sentimientos profundos.
“A Juliana le daba más miedo quedarse encerrada consigo misma que ver sus tripas desparramadas en el suelo”
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Ghada Martínez nos trae un libro corto con seis cuentos, que habla sobre las infancias violentadas, las crianzas deficientes y los secretos familiares, un espejo de la sociedad misma en su etapa más cruda.
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Quiero aclarar que el libro me gustó, y que a pesar de ser corto, fue bastante difícil de procesar. Terminarlo me dejó con un malestar físico y un agotamiento mental que quiero cambiar por algo ligero y lleno de magia (por favor).
Sapos en la lluvia me trajo un estilo narrativo similar a Fernanda Melchor o Fernanda Ampuero con un toque de “Tierra fresca de su tumba”, quizá por ello no recibió una calificación más alta, ya que es un tema recurrente que he estado leyendo, y por consecuencia, no me trajo nada nuevo, pero eso es cuestión personal.
El libro tiene una narrativa impecable, y todos los cuentos sentí que estaban estructurados de manera similar, algo flojos al inicio con pistas de lo que podrían estar hablando pero que hasta que te lo dicen de manera directa es cuando sientes la temática como una cubetada de agua fría.
Nuevamente estoy frente a una autora que no teme decir las cosas de manera directa y sin escalas, que no busca dulcificar ni romantizar la violencia, sino que la muestra tal cuál es: cruda, fría y brutal.
Sí hay algo que no me gustó es que los cuentos terminaran de manera tan abrupta, haciendo que el lector se quede “como en medio de algo”.
Aún así, creo que continuaría leyendo a la autora y sin duda la recomendaría.
En los cuentos de este libro, la autora construye, moldea y solidifica presencias extrañas y opresivas que sobrepasan la capacidad de recuperación de sus personajes principales. A veces esta presencia se llama violencia, jerarquía (familiar, principalmente) y amor. Escapar a ella puede resultar imposible y, en caso de haber probabilidades de huir, el costo es grande: contamina a los personajes. Por otra parte, podría trazarse una cierta genealogía literaria en algunos cuentos. Pienso en "El huésped" de Dávila ejerciendo su marca en "Sapos en la lluvia", principalmente por el personaje Che Hui; y en la novela "La pianista" de Elfriede Jelinek en el cuento "La madre espera". Para quien conozca estos textos, sabrá nombrar esa área común a los intereses de las anteriores autoras y de Ghada Martínez en este su primer cuentario.
"Intento olvidar su sonrisa torcida. Me concentro en sus latidos y dejo que me arrulle la certeza de que alguien respira junto a mí."
Hay cuentos breves que, por su misma brevedad, no llegan a marinar en la mente del todo. A veces esta fugacidad tiene doble filo, de contar con el tiempo límitado para cautivarte o perderte. Con esta colección quedé atrapado entre la enredadera de las palabras de la autora. La precisión del lenguaje, las dinámicas violentas y las expresiones no dichas, es lo que mueve con magnitud este pequeño libro. Para ser un debut, este libro dejó la barra muy alta. Muy recomendable.
Caminitos de tierra - 3 estrellas La madre espera - 3 estrellas Juliana - 4 estrellas Sapos en la lluvia - 3 estrellas El vestido de los domingos - 3 estrellas Al borde de las pupilas - 4.5 estrellas
Pues me acabé este libro en un día porque no podía soltar el hilo narrativo y tuve el tiempo necesario para ello. Me perturbó bastante la perspectiva de algunos cuentos ya que muchos protagonistas son niños luchando con situaciones que no deberían vivir solos. Noto que hay una orfandad que rodea los relatos. Los niños de estos cuentos no pueden vulnerables o ser ellos mismos con sus padres, no los ven como un refugio seguro sino un factor más del entorno o una amenaza como en el caso de “Madre espera”. Otro aspecto que noto en los personajes es la maldad, a distintas dosis y niveles de conciencia, pero está ahí como se ve en el protagonista de “Juliana” que por no perder su torneo de natación deja a su hermana en peligro de muerte. Me gustó bastante, perfecto para comenzar octubre 🕷️✨
La portada te hace pensar que estás ante un libro de terror sobrenatural, pero no es el caso. Los cuentos de este libro son realistas, algunos hasta rayan en el realismo social. Da la impresión de que es un ejemplo de cuando artista que hace una ilustración basándose en el puro título. La calificación no tiene nada que ver con la portada. Como pasa con muchos libros de Tierra Adentro, el libro es una promesa; una promesa del potencial que su autora tiene. El problema es que aquí no se manifiesta todo lo que puede llegar a hacer esta autora aún y parece que todavía no encuentra su voz. En fin, son cuentos primerizos con todo lo que eso implica.
La portada me desorientó, supongo; asumí que habría más tintes de terror en estos breves relatos. Son costumbristas, donde una fuerza invisible -ya sea el machismo o la soledad o la presión- empuja a los personajes a lindes incómodos, de donde no sacarán resolución. Hubo buena sensorialidad, frases geniales en el cuento final, celebro que el FETA publique autores jóvenes. Pero, en general, no le encontré mucha gracia.
📣 "Una vez soñé que podía sentarme al borde de sus pupilas y columpiar sus pies sobre el precipicio."
¡Qué estupendo librito me conseguí! A pesar de la brevedad, es un material bastante interesante. Recuerdos de la infancia, sexualidad, pubertad, relaciones lésbicas, el dolor, la depresión, la discapacidad intelectual. Todo se junta en seis relatos que cuentan en pasado, presente y futuro, la naturaleza de las personas, el vacío del alma y a veces también la asombrosa felicidad de momentos tan simples. Una maravilla.
El debut de Ghada Martínez en estos pequeños cuentos son la demostración de cómo desde el primer instante algo puede impactar y quedarse dando vueltas en la mente. La fuerza de la narrativa y la forma de escribirlas son demasiado interesantes.
Cuentos cortos sobre las relaciones más cercanas que tenemos y cómo afectan nuestra percepción de la vida. Sin hacer uso del morbo vemos escenas perturbadoras en diferentes momentos de la vida. Gran libro que no tardarás en terminar de leer
Un abanico de los detalles que llenan las infancias y violencias latinoamericanas muy bien logrado. Finales redonditos, una narración bastante cotidiana pero que permea mucho de sensaciones por las que cada cuento atraviesa. Me gustaría leer más de esta autora.
«Yo me sentaré en una silla para recargarme en la mesa y hundiré la cabeza entre los brazos, intentando deshacerme del par de lagunas negras que tendré clavadas en la mente. Pero estaré feliz de haber vuelto a tiempo para seguir huyendo.»
Encontré que los cuentos tenían resuelto el lenguaje, hay una prosa bastante trabajada. Sin embargo, muchos de ellos estaban en un plano, sin mucho arriesgue (ya sé que esto puede parecer demasiado vago) y creo que por eso son poco memorables. Salvo uno de los cuentos que cuenta una historia de hermanos, los demás quedan como ensayos de una narrativa que puede darnos una gran sorpresa en el futuro.