La maleabilidad como estrategia modernista en La pandilla de Asakusa
Primero que todo, debo decir que me siento bastante contrariado con esta novela. Tenía ganas de leer algo de Asia, y quise leer algo de Kawabata porque sabía que había ganado un Nobel hace tiempo. Fui a la librería y compré el único que había de él. No sé si La pandilla de Asakusa fue el mejor primer libro de Kawabata, o el primero libro de literatura japonesa, pues resulta que este es un ejercicio bastante modernista que confunde, y entre no tener suficiente contexto de Japón, así como de la propuesta de Kawabata, sumado a la dificultad de las novelas modernas, estuve bastante perdido durante gran porción del tiempo de lectura. Sin importar lo anterior –lo cual no recae en la obra sino en mi horizonte experiencial–, la lectura de esta novela destapó en mí un profundo deseo de leer más a Japón y a Kawabata.
Ahora sí lo relativo a la novela. Fue de mi especial atención lo que yo denominaré "maleabilidad", la estrategia tanto escritural como temática y comportamental, poética que, siento, es transversal en la obra. Dicha maleabilidad en la cual ahondaré se manifiesta en tres aspectos: la ciudad, el personaje y, lo más importante, lo narrativo.
Acerca del aspecto espacial, en la contraportada de mi edición (muy buena, por cierto), dirigida a un público muy occidental, ignorante de Oriente –como yo– dice que el barrio de Asakusa es "lo que Montmartre [para] París en 1890 y lo que Times Square sería para Nueva York en 1940". Yo, que soy embelesado lector de Gatsby, entré con mucha atención a la poética espacial citadina. Es fascinante la manera en la que se genera extrañamiento en una polis creciente que está ad portas de conocer la globalización. Por ejemplo, hay un pasaje bellísimo titulado "El perro de caza alemán", donde Kawabata versa de la disonancia de Occidente en Oriente. Este barrio es la muestra más evidente de que la interacción multicultural lleva a una falsa idea de que todo es posible (punto convergente con el Nueva York de Gatsby). Me encanta la manera en la que la ciudad se vuelve una masa maleable, de la cual puede resultar todo lo imaginable. En esta era moderna, en donde hay cine, cabarets, striptease y mucho mercado, Asakusa se vuelve una representación de "..una ciudad de juguete" (Kawabata 54).
Desde que el contexto impulsa al sujeto, la poética de maleabilidad se ve también en los personajes. La muestra más representativa de ello es Yumiko, quien dice: "...cuando te enamoras de un hombre, si tienes la oportunidad de amarlo de verdad, entonces la vida puede ser maravillosa. Lo entenderías si me mirarás con atención. No soy una mujer" (Kawabata 68). En la medida en la que ella no ama al ex-amante de su hermana mayor, ella tiene la 'maleabilidad' de su cuerpo y su vida para no ser mujer. Es algo increíble, pues esto convive en la novela de innumerables escenas de prostitución y venta de mujeres. La artificialidad consciente de los personajes, su maleabilidad, es tan característica que el mismo barrio, en un afán de control, adquiere válvulas de escape en grupos marginados: los mendigos que desde la primera página vemos. Acerca del tema de los mendigos no sé bien qué pensar aún (quizá porque el juicio ético me parece demasiado complicado); no obstante, me agrada pensar en el ambiente artificioso sumamente modernista que construye Kawabata en esta novela (entiendo que él leyó algo de Joyce y de Woolf. Precioso y preciso).
Por último, al estrategia de la maleabilidad brilla en el ámbito narrativo de La pandilla de Asakusa , pues, como bien apunta Lippit en mi prólogo escrito por Donald Richie, hay tres voces narrativas: "primero, el narrador que se dirige al «Querido lector»; segundo, el mismo narrador pero como un personaje de la novela; y tercero, en tercera persona, otra voz, objetiva, que cuenta cosas que las otras dos voces no podrían saber" (Lippit en Richie 24). Si bien ahí yace por excelencia la propuesta modernista de Kawabata, lo que a mí me interesa especialmente es la consciencia maleable de la novela como un device cuyas reglas se construyen cuando se pone en marcha. Es decir, si la ciudad y los personajes son maleables, es brillante que la forma de la novela se vuelque también sobre dicha inestabilidad y opte por un narrador-no-confiable, quien es contrastado por sí mismo y por un narrador omnisciente.
Así las cosas, las propuestas literarias como la de Kawabata en La pandilla de Asakusa terminan por demostrar la gran carta de opciones que tiene la narrativa modernista de inicios del siglo XX. Además, es sumamente hermoso ver estos 'códigos literarios compartidos' desde Occidente hasta Oriente. Estas múltiples formas de la maleabilidad recuerdan que la historia es de todos, que la historia personal es un artificio mentiroso necesario, y que quienes habitamos activamente una ciudad terminamos por ficcionalizarlo también.