Cuando uno piensa en instrumentos de tortura casi de inmediato vienen a la mente imágenes de la inquisición. Sin embargo esta práctica no ha estado limitada a la religión: reyes, dictadores, policías, militares, religiosos y casi cualquiera que ha ostentado el poder de manera brutal ha hecho uso de estos artefactos nefastos. Desde la cruz hasta la silla eléctrica, el hombre ha buscado la manera de hacer daño a sus semejantes para conservar o conseguir dominación sobre los mismos. La tortura, ya sea física o psicólogica, implica técnicas que se pueden resumir en privación de la libertad, estiramiento y suspensión, presión, calor, agua, frío, animales, golpes, cortes y perforaciones, hasta el empleo de la electricidad y finalmente la ejecución.
Michael Kerrigan reune algunos de estos métodos y aparatos en un libro que, desgraciadamente, se queda corto en cuanto a lo que las mentes enfermas han podido crear a lo largo de la historia para causar dolor. Las ilustraciones y fotos ayudan a imaginar lo que jamás se podrá conocer a menos que se haya tenido la desgracia de vivir en carne propia.
Adicionalmente va un buen jalón de orejas para editorial Lectorum por haber dejado pasar gran cantidad de errores en su edición en Español.