Mi calificación para este libro estaría entre el tres y el cuatro. Por un lado, todo lo que cuenta la madre de Carlos Acutis sobre su extraordinario hijo es interesantísimo, y asombra la madurez de este joven en sus escritos y en su comportamiento. La forma tan sencilla en la que es capaz de vivir el Evangelio en una sociedad que le es totalmente contraria, su pasión por la Eucaristía, su profunda religiosidad combinada con su cercanía a los demás, tanto a sus compañeros de instituto como a los más pobres y desfavorecidos, y la manera de acoger la enfermedad y la muerte nos convencen sin lugar a dudas de la santidad de su vida, incluso obviando los fenómenos sobrenaturales (que también los hubo). Carlo Acutis se convierte, pues, en ejemplo para los jóvenes y para cualquier cristiano. Por otro lado, las digresiones que se van haciendo a lo largo del libro sobre distintos temas, se hacen capítulo a capítulo más extensas, provocando una caída de tensión narrativa y alejándonos de la figura de Carlo. En determinados momentos, estos excursos son algo repetitivos, y aunque pueden ser útiles a quienes no conozcan la doctrina cristiana, las vidas de los Santos, el significado de la Eucaristía, etc., la sensación en ocasiones es que el libro tiene más páginas de las necesarias, y que en muchos casos hubiera bastado con reproducir las reflexiones sobre estos y otros muchos temas que dejó el beato Carlo Acutis en sus apuntes, sin necesidad de los largos comentarios a los mismos.
En cualquier caso, lo recomiendo, todo lo que se recoge en el libro sobre el personaje es realmente valioso y merece la pena ser conocido.