"Esta novela es una ráfaga que arrastra y envuelve en su prosa frenética como la respiración agitada de un perseguido. Un viaje apasionante y cruento que sin ser esperanzador nos deja el atisbo de una esperanza: la intuición de que todo ser vivo, incluso el más violento, busca con sus actos, en esencia, la felicidad, y que gran parte de la maldad humana se debe a la torpeza en esa búsqueda". Luis Miguel Rivas
Cuando leía la obra no dejaba de pensar en varias cosas. La primera el papel de la violencia en la historia de 4 generaciones de una familia. Aunque es tópico decir que la violencia desgarra una familia en esta historia se acepta como algo inevitable. Viejas deudas serán cobradas, y los personajes lo saben, y hacen muy poco por cambiar ese sino. Lo otro es como la violencia de esta familia tiene características propias que la hacen particular de la región donde se desarrolla el relato. Si se miran bien los relatos de violencia de otras regiones se observan ciertas diferencias con la narrada aquí. Los personajes, en particular los femeninos están muy bien construidos.
Dudo en describir algo como "genial". Aunque no me gusta la palabra, no encuentro otra mejor para esta novela. La leí como una novela sobre tres temas: los sufrimientos familiares, Colombia en el siglo 20, y —tal vez lo más interesante para mí— la frontera. Hace poco mi sicóloga me introdujo a la idea de las constelaciones familiares. No podría resumirla con precisión, pero la idea general es que la familia puede entenderse como un "sistema" donde cada miembro juega un papel: tanto interpretando su lugar en ese sistema como revelando información sobre la "calidad" del mismo. El sufrimiento de un miembro nos ayuda a entender cómo esa persona concibe su lugar en el mundo, pero también nos da pistas sobre la salud del sistema. Leer esta novela me acercó mucho más a esas ideas. Mesa interpreta los sentimientos de los miembros de la familia de su mamá como respuestas a las tragedias, los abusos, el infortunio. Lo interesante es que personas que vivieron los mismos hechos los interpretan de maneras absolutamente distintas. Por ejemplo, dos hermanos reaccionan diferente cuando su madre cae presa después de intentar matar a su esposo con un hacha: uno trabaja junto a su tío, el otro lo desprecia. Es una historia macabra. Todo el árbol genealógico de la mamá del escritor está atravesado por la violencia y la crudeza. Las guerras partidistas de mitad de siglo se convierten en guerra de guerrillas y luego en guerra de carteles, todo en tres generaciones, empezando por el pionero Cruz. Esta es una historia que comparte la mayoría de las familias en Colombia. La familia de mi abuelo materno, por ejemplo, salió desplazada de Cáqueza a Bogotá durante la violencia partidista. Como esta seguramente hay miles de novelas sobre "el conflicto en Colombia", así que eso no es lo que la hace genial (recuerdo una que me gustó mucho: Los ejércitos, de Evelio Rosero). Lo que distingue a esta novela es que Mesa ofrece una de las mejores interpretaciones que conozco sobre los actores armados, tanto en las contextualizaciones del narrador como en los eventos mismos. Los dos hijos de la madre presa (y del padre violador y borracho) terminan uniéndose, por razones casi aleatorias, a grupos armados distintos que se comportan igual. Mesa logra balancear las culpas entre los actores y mira con el mismo escepticismo las consignas de las guerrillas marxistas y los sermones del cura paraco. El ángulo más interesante de la novela, sin embargo, es su calidad descriptiva sobre "la frontera". Los gringos conocen bien este género (e.g. Blood Meridian de McCarthy), pero tengo la impresión de que no hay mucho de eso acá. La frontera es un concepto fascinante porque allí vive gente al margen de la ley, y además, la gente que decide irse a buscar fortuna no es representativa del promedio. Ir a Ituango a desmontar, construir y sembrar requiere cierto tipo de personalidad y de motivación: requiere ignorar la realidad y concentrarse en el sueño. La frontera es también donde se revela la verdadera personalidad del héroe (agachar la cabeza y trabajar para proteger lo que se coloniza) contra la del villano (esperar a que alguien más colonice para quitárselo por las armas). De ahí que esta novela sea una radiografía muy buena de la historia de Colombia: la violencia no es solo producto de los movimientos políticos, sino de los traumas familiares engendrados en las fronteras.
Gilmer Mesa ejerce una hipnosis con su narrativa. Va a lo que va. No se pierde en marañas lingüísticas. Y su prosa es atravesada por una diáfana poesía.
Gilmer Mesa es una voz sensata en este país de voces insensatas que van vociferando tercamente la negación de nuestra historia. La Granja, ese pequeño pueblo perdido entre las montañas del norte de Antioquia y que se entiende como esa dura y eterna metáfora de los campos de los países latinoamericanos. Campos poblados de muertos que no se han ido ni se irán. Campos que son Comala y Macondo.
Ahí va la guerra, rampante, tan tranquila, cabalgando a sus anchas y arrasándolo todo a su paso. La violencia como un triste destino y no como un específico periodo histórico, porque acá sí que sabemos de tristezas. La muerte porque sí, coma argumento y respuesta, como reflejo del sectarismo político que consideraba que había sangre azul y sangre roja, ignorando que lo que se derramó fue sangre, sangre de hombres, mujeres y niños. La espiral de odio y violencia que se alimenta de sí misma. Esa violencia que parece atávica, endémica, porque acá la guerra encontró lo necesario para eternizarse, la ignorancia y la vanidad. Porque acá Caín matará eternamente a su hermano Abel. El sectarismo, el dogmatismo y el fanatismo político que hasta hoy gobierna las pasiones de hombres y mujeres. Acá vamos, en esta tongola incesante e insensata, matándonos hasta que no quede nadie. Hasta que la última voz se apague.
Los García, una familia desangrada por la guerra, familia que es testigo de la guerra y su devenir, porque la guerra tiene sus propias dinámicas, cambia, muta. Esa guerra que terca y neciamente hemos querido acabar con más guerra. Los García, al igual que millones de estirpes, siguen viviendo en este país de infinitos años de soledad.
Este libro refleja una realidad que viven muchas familias en diferentes territorios de Colombia, demostrando cómo la violencia traspasa generaciones, revelando la influencia de la religión en la política en un país que se hace llamar “laico”. Es un libro que te engancha de principio a fin; la forma en que el escritor desnuda los personajes en cada capítulo me ha gustado mucho, me hace recordar la forma en que escribe Gabriel García Súper recomendado.
Es un relato que captura con una autenticidad abrumadora la realidad del conflicto armado en Colombia. Con un lenguaje sencillo y cotidiano, Gilmer nos transporta a un mundo donde la violencia es parte de la vida diaria, retratando de manera cruda pero honesta las vivencias de quienes han crecido en medio de este contexto.
Lo que destaca en esta obra es la facilidad con la que el autor aborda temas tan difíciles como la violencia, la pérdida y la resistencia. La historia no solo explora cómo la violencia afecta a una comunidad, sino cómo se transmite a través de varias generaciones de una misma familia, mostrando las cicatrices invisibles que deja en cada uno de sus miembros. Su estilo, tan cercano al lenguaje del día a día, conecta al lector con estas experiencias de una manera visceral. Las travesías es una lectura que refleja la dureza de nuestra historia y celebra la fortaleza y la humanidad de quienes la han vivido.
Libro viseral, muy interesante para entender un poco más el conflicto colombiano y la violencia que se vive en muchas regiones del país, el problema del paramilitarismo, la envidia, el "amor" obsesivo y peligroso, el machismo descomunal,etc. Tambien expone muy bien la banalidad del mal, una violencia demasiado sórdida que Gilmer Mesa sabe narrar muy inteligentemente, novela super recomendada, atrapante sin lugar a dudas !
Por causa de los infaustos sucesos de los que ha adolecido Colombia hace décadas, este libro resume, trágica y hábilmente, la vida que la guerra ajena, las rencillas y la manipulación política de la ignorancia, han cernido sobre la mayoría de familias rurales en los últimos 50 años. Su crudeza rasga parte de los estertores propios de la historia inacabada del país. Recomendado.
Este libro, más allá de la historia de la familia del autor, es la historia de la colombia del siglo XX para acá. En mi caso específico, aportó una ficha clave en el rompecabezas que he venido armando toda la vida sobre "la violencia" de la que hablaba mi bisabuela. Crudo, estimulante, divertido. Librazo!
Siempre Gilmer Mesa será una buena opción, con esa narrativa cruda y crítica de nuestro país, logró describir la historia cíclica de la violencia de muchas familias. Historias que como bien lo dice ya no quieren ser contadas, ni escuchadas.
Aunque la temática que se aborda en esta novela es desgarradora y muy interesante, el estilo del autor no terminó de gustarme. Se vuelve repetitivo al contar varias veces las mismas cosas de un personaje y el narrador por momentos suelta unas frasecitas moralizantes que fastidian.
Un relato en el que es imposible evitar tristezas y dolor por lo vivido en nuestra tierra, en nuestras montañas, pero al final una realidad absurda que aún vivimos en nuestro país, un gran libro
Hasta ahora, lo mejor que he leído en mi vida. No tengo palabras para describir todo lo que sentí leyendo esta vaina, la manera de ahondar en los personajes que tiene Gilmer es deslumbrante, también lo es la crudeza con la que relata cada historia. Lejos de apelar al morbo, ésta se siente necesaria e invade la consciencia de quien la lee; impactan las escenas pero mucho más lo que las provoca.
Sus reflexiones son desgarradoras y tienen una riqueza pasmosa; llega un punto en que la mayoría de los comportamientos de los personajes son sometidos a un análisis tan profundo, que me hace inevitablemente extrapolarlo a mi vida y atar muchos cabos sueltos, idearme un por qué para un sinfín de sucesos dolorosos (claramente jamás a la altura de los acaecidos en el libro) desencadenados en un montón de actos que antes no entendía.
Además de ayudarme a entender al país, este libro me ha ayudado a entender un poco más a mi familia y a mi vida.
Cada día atesoro más el momento en que pude conocer a Gilmer Mesa y hablar con él. Ojalá algún día podamos volver a coincidir para darle un abrazo.
Se desarrolla en Ituango en el siglo XX y termina allí mismo en el siglo XXI. Es un recorrido: detallado, sufrido, ensangrentado y humano de lo que ha sido La Violencia. Esta es la historia de cuatro generaciones en donde las reminiscencias del combate los persiguen hasta convertirles en víctimas y victimarios. Iniciando con la disputa entre liberales y conservadores, pasando por la creación de grupos insurgentes y más adelante la guerrillas y los paramilitares. Y dando a conocer el papel del ejército y del estado en estos escenarios. El avance y desarrollo de cada personaje es también el de La Violencia.
"Qué infantil es el hombre cuando sueña, qué ingenuo es su deseo de felicidad, cómo nubla su mente y desarma su carácter bragado y receloso impidiéndole ver la infelicidad que se aproxima, embelesado en proyecciones futuras se hace vulnerable a sus realidades presentes, los hombres felices son la presa favorita de la desgracia porque todo en ellos bulle esperanza y esta es anzuelo en donde se engarza la desdicha"
Desgarrador de principio a fin.
Excelente novela para comprender la dimensión de la violencia en Colombia.
Conocí a Gilmer Mesa este año gracias a la recomendación de una amiga, a quien un profesor en su maestría le sugirió leerlo. Este es el segundo libro suyo que leo: empecé con La cuadra, que me hizo llorar, y luego seguí con ‘Las Travesías’ . No se lo he escuchado a nadie, pero para mí es como una versión paisa y un poco más moderna de Cien años de soledad. La forma en que construye y narra a sus personajes lo sumerge a uno en imaginarlos tan vívidamente, que sus giros y desenlaces terminan causando malestar, incluso tristeza, porque nos vinculamos con ellos a través de lo que Gilmer Mesa nos cuenta. Algunos personajes los queremos, a otros los odiamos, pero en conjunto forman una saga familiar que, insisto, me recordó mucho a esa gran obra de García Márquez.
Particularmente me llamó la atención y hasta me enterneció la historia de Carolina con su sobrino, a quien siempre quiso como un hijo. Aunque nunca pudieron estar juntos, terminan muriendo en la misma página, y en ese momento pensé que eso es justamente lo que logra la literatura: hacer posibles cosas que en la vida real serían imposibles, incluso con magia. Este libro me encantó.
This entire review has been hidden because of spoilers.
Un libro donde Gilmer Mesa nos cuenta la historia de su familia y que tranquilamente puede ser la de muchas familias colombianas que viven en una vereda o pueblo olvidado por el estado, a su suerte. Donde las oportunidades son pocas, donde el odio y la envidia no permiten crecer.
Una historia triste, violenta, desgarradora, dolorosa, que cuando parece llegar a un momento de paz, nos regresa a la realidad de esa y muchas personas perseguidas por la volencia, como si fuera algun tipo de maldicion.
Un libro que por momentos se siente como cien años de soledad, guardando las diferencias, pero donde por mucho que pase el tiempo y las generaciones, cuando la envidia se encarna en una tierra, es muy dificil de eliminar. Definitivamente el odio genera más odio.
Lectura dolorosa pero recomendada, un libro que demuestra el gran escritor que es Gilmer Mesa
Las travesias (gilmer mesa, 2021) Segunda novela del escritor antioqueño. En esta, nos narra la historia de una familia rural del municipio de ituango desde la época de la violencia bipartidista de los 50's hasta nuestros dÍAS. familia condenada a la violencia de todos los actores violentos tanto estatal como privada. Una población civil arraigada a la tierra y al trabajo que sufre las embestidas de chulavitas, chusmeros, guerrilleros y paramilitares, cuyo hecatombe llega al climax con la masacre de El Aro. Libro que guarda similitudes con los ejércitos (evelio rosero), la oculta (Héctor abad). Libro para reflexionar, difícil de leer. Recomendado.
Hablar de esta historia es remitirse al dolor, la tragedia y la violencia. Este libro me hizo pensar en qué nos hace humanos y esas situaciones que definitivamente demuestran la maldad pura y dura. Los relatos son desgarradores, llenos de detalles que no dejan lugar a la imaginación para escapar de hechos tan difíciles. Si desconocemos nuestra historia estamos condenanos a repetirla ¿cómo vive uno sabiendolo que pasó con su familia y todo el dolor produjo? Me costó muchísimo terminar este libro porque me abrumó ese circulo de rabia, odio, dolor y destrucción ¡Qué historia!
La maldad humana disfrazada de diferentes actores ensañados con este árbol genealógico y muchos pueblos colombianos. Puedo imaginar la rabia que germinan las personas que crecieron en un ambiente tan hostil como este y mi admiración para los que deciden no actuar desde ese sentimiento y cortan con esa herencia a pesar de las circunstancias. En el estilo se me hizo pesado de leer, los capítulos muy largos y como emocionalmente no hay ningún respiro, desalienta a continuar... igual me imagino a los protagonistas de estas historias queriendo tirar la toalla cada vez.
Escrito frenético y con apartados desgarradores que dan cuenta de la fatídica e inentendible violencia que ha rebosado la historia de nuestro país. 4 generaciones que a pesar de las dificultades buscan entre torpezas y desatinos la concepción de una felicidad siempre quebrantada por la muerte y la desolación.
Una lectura que pareciece ficticia, para esa Colombia de frac y corbata que nunca ha conocido la verdadera cara de la guerra y la violencia que se padece en los territorios. RECOMENDADO
Desgarrador. Es un libro que todos deberíamos leer para acercarnos a una historia que bien podría representar la realidad de todo el campesinado colombiano. Está cargado de odios heredados y luchas motivadas por creencias en partidos políticos que, en muchos casos, nos resultan ajenos o desconocidos.
Es una obra profundamente dolorosa, que me conmovió hasta lo más profundo, despertando en mí una mezcla de rabia, amor y horror. De alguna manera, deja en evidencia que al final no somos más que peones en un juego donde lo único que cambia son los dueños de la tierra.
Una novela entretenida de principio a fin, con un realismo mágico propio de Colombia en sus zonas rurales, narra la historia de una familia que la persigue el odio y las desgracias a través de generaciones, cada personaje es especial y aunque no sean todos de mi agrado están bien construidos lo que me hacía empatizar con sus vivencias y su manera de afrontar la vida, el leer como una guerra ajena destruye familias enteras que únicamente heredan el odio por sus victimarios y así continúa un ciclo sin fin de venganza.