Flor fané te sumerge en el universo de Olga, una niña que vive una situación familiar asfixiante con un padre controlador en un hogar donde los días tranquilos pertenecen al pasado. Su poderosa imaginación, unida a su instinto de supervivencia, la acompañarán hasta la adolescencia. Sara Morante -ilustradora de larga trayectoria, firma con Flor fané su segunda obra como autora completa tras La vida de las paredes (Lumen, 2015)- narra esta historia desde la mirada subjetiva de la protagonista, en primera persona, dejando que el lector haga sus propias reflexiones. La autora ha querido explorar el efecto de la violencia y cómo contrarrestarla a través de la creación, de la imaginación, que es el refugio de la protagonista, pero dándole todo el espacio a quien la sufre, no a quien la ejerce.
Flor Fané es el regalo de una amiga, últimamente me regalan libros maravillosos.
Me dijo que me lo había comprado para mí pero que me lo regalaría cuando ella lo hubiera leído, eso solo se lo puede permitir una “amiga-hermana”, así que esperé pacientemente a que llegara.
Es un libro muy duro de leer. Una niña maravillosa, con muchísima imaginación, que es maltratada por su padre e, incluso, por su madre.
El libro tiene un realismo que pone los pelos de punta. Las reflexiones de la niña, sus contradicciones, sus deseos, el miedo, el dolor... He llorado mucho leyéndolo.
Las ilustraciones son preciosas y acompañan muy bien al texto.
Desconcertante y profundamente aburrida, Flor fané, era una apuesta muy arriesgada que hay valorar, pero que fracasa miserablemente gracias al modo en que está contada la historia. Así que leer sus casi 200 páginas se vuelve una enorme hazaña pareja a la de los grandes héroes de antaño.
Sara Morante firma la autoría de este ¿cómic? ¿libro ilustrado? No se muy bien como clasificarlo. Y si bien es cierto que desde el punto de vista del arte y la ilustración, el libro me parece muy bien trabajado y cuidado hasta en el más mínimo de los detalles, edición incluida, cuando hablamos de la parte literaria la cosa cambia y mucho. Para empezar Morante ha cometido el clásico error de novata. Si tu protagonista es una niña, la forma de expresarse debe ser apropiada para su edad. Es obvio que no ocurre en este caso, lo que consigue dejarte una sensación de inverosimilitud y artificialidad difícil de superar. Lo que está claro es que Morante es una buena dibujante y una escritora mediocre que posee un estilo de escritura enrevesado, con una nefasta ejecución y sin la más mínima coherencia en la línea temporal. Para conseguir todo esto cuenta con una prosa lenta, con un desarrollo horrible y una estructura confusa, un lenguaje lioso por el exagerado e innecesario lirismo que intenta imprimir al texto y unas descripciones que mejor obviamos porque cada vez que pienso en ellas me dan ganas de destrozar algo. Pero lo peor de todo son los personajes. Les falta construcción y buen diseño. Y es que todos ellos resultan vacíos y superficiales, protagonista incluida de la que lo único que sabemos es el nombre y que, en ciertos momentos, parece no estar bien de la cabeza.
Flor fané nos narra una historia, por desgracia, mucho más común de lo que nos cuesta comprender. Y es que se atreve de una forma dolorosa y valiente, a meterse en el oscuro mundo del maltrato infantil. Así que el libro nos presenta a Olga en su viaje vital desde que es una niña hasta su adolescencia. A lo largo de su crecimiento Olga nos cuenta sus aventuras y desventuras en la vida, a la vez que nos enseña el rico tapiz de su imaginación y los mundos que en ellos teje y que la sirven para sobrevivir a la miserable situación que está viviendo. Así estamos ante una historia lúcida que muestra la incomprensión de una niña frente a los actos de sus padres y, como éstos, acaban modificando el comportamiento y las emociones de su hija que, cuando comienza a ser mujer, aprende que debe defenderse aunque sea a la desesperada. Pero tras tanto horror, la autora decide darle un final de categoría a la obra del que nada voy a decir para no destriparle a nadie la lectura. Pero diré que a mi me gustó y me resultó coherente con el resto de la obra.
Definitivamente Flor fané es una lectura dura no apta para todos los públicos. Quizás no está contada de la mejor manera, pero es obvio que la autora quería tratar el tema poniendo en el foco a la víctima y dotándolo de una forma fácil de comprender, lo que hace que acabe doliendo más. No por nada este libro lleva el título que lleva. Fané significa “marchito”, igual que una parte de nuestra alma cuando somos sometidos al maltrato, al abuso o al acoso.