Tercer libro que leo del francés David Foenkinos y ya puedo confirmaros que se está convirtiendo novela a novela en uno de mis autores favoritos. O por lo menos en uno de esos con los que me siento muy a gusto y que no dudo que voy a encontrar siempre algo interesante en cualquier obra suya que coja. No sé si será porque todo lo que he leído de este autor ha sido en lectura conjunta, pero la verdad es que lo disfruto, tiene algo muy personal, y a la vez muy universal y tierno, con lo que conecto bastante bien casi siempre. Y esa es la cuestión. Casi siempre. Porque no todo lo que leído de Foenkinos me ha gustado igual. O directamente no me ha gustado. El primer caso es lo que me ha pasado con la última novela que he terminado de él, “La Familia Martin”.
Enfrentado al terrible síndrome de la hoja en blanco, un escritor toma una decisión desesperadas: que su próxima novela verse sobre la primera persona que se encuentre en la calle, sea quien sea. La afortunada será una anciana ya jubilada llamada Madeleine, que accederá a contarle la historia de su vida y le presentará a su familia, los Martin. Y como en toda familia, los cuatro miembros de los Martin, pese a ser tan aburridamente normales como cualquiera pudiera imaginarse, tienen cada uno de ellos sus propios problemas que el escritor, de una manera u otra, ayudará a sobrellevar.
Lo dicho, David Foenkinos se está convirtiendo cada novela suya, que leo en un lugar feliz y en un puerto seguro. Esta es la sexta obra salida de su pluma que leo y algo que me ha sorprendido mucho es que tanto “La Familia Martin” , como la anterior publicación que leí de él en septiembre, “Charlotte“, me han llamado mucho la atención porque creo que tienen algo en común aunque las historias que manejen (La biografía de una artista judía asesinada por el nazismo y la historia de una sencilla familia francesa en el mundo actual) sean bastante diferentes. Y es que en ambas novelas, Foenkinos se convierte de alguna manera en un personaje más de la misma, ya sea poniéndose en varias ocasiones en primer plano de la narración contando sus experiencias mientras estaba escribiendo la novela en cuestión o su relación y sensaciones frente al legado de su protagonista. O transformándose, directamente, en un personaje más de la misma, actividad que combina con la de ser el narrador de los eventos. Todos sus trabajos siempre son bastante personales, Foenkinos tiene un mundo muy suyo que siempre explora en todos sus trabajos por medio de diferentes clichés, temas, personajes y una prosa que resultan inconfundibles. Pero en esta ocasión se desnuda, de alguna manera, incluso más ante el lector. En “La Familia Martin”, realiza un trabajo de meta literatura al convertirse en uno más de los personajes de una manera un tanto casual y que podría resultar precipitada o acartonada, pero que el francés otorga una auténtica sensibilidad y una naturalidad que hace que te creas perfectamente lo que tienes entre manos. En esto tiene mucho que ver que, una vez más, que Foenkinos elija hablarnos de gente normal y corriente, personas que podrían ser nuestros amigos, nuestros familiares o nuestros vecinos. O incluso nosotros mismos. De historias cotidianas y perfectamente normales, en las que se mueven con suavidad personajes de carne y hueso, realistas y cercanos por lo cotidianos que nos resultan.
Y para esta ha sido la gracia de “La Familia Martin”. David Foenkinos pone en el centro de todo el entramado narrativo la idea de que cualquier vida, por anodina y convencional que sea, siempre tiene algo de lo que se puede arañar, que todas las personas tenemos un mundo secreto, un pasado y unos deseos que pueden convertirnos en los protagonistas de cualquier libro, que todo eso es relevante y material literario en potencia. Y esto lo hace hablándonos de cómo se compone una novela convirtiendo su propio trabajo de un ejemplo de cómo se hace eso. “La Familia Martin” es por ello una historia arquitectónica, que va formándose poco a poco a medida que va desarrollándose y ese es su encanto, que nosotros seamos testigos de ello. Foenkinos nos muestra su novela desde sus inicios, o a eso juega, como se va formando desde que se le ocurre una idea hasta que explora a los personajes. Y todo eso hace que todo el entramado arquitectónico vaya colocándose piedra piedra de una forma liviana y que no resulta para nada pesada, acartonada o mecánica. El que los ingredientes para este edificio sean la cotidianidad y la sencillez de las vidas de cinco personas hacen que todo resulte perfectamente creíble y simple. Y a todo este entramado le añade poniéndose él , David Foenkinos, no solo como arquitecto, sino como obrero al convertirse en un personaje más, dándose una historia aparte de la de la familia Martin. Leyendo uno no puede evitar preguntarse cuánto habrá de verídico en lo que Foenkinos cuenta de si mismo, en el arco argumental que se proporciona. Y teniendo en cuenta la sinceridad y sencilla que estiran todas sus novelas, uno no puede evitar pensar que tenga algo de autobiográfico. Quizás no todo, pero creo que pocos autores demuestran entre las páginas de su texto una generosidad sin parangón a la hora de desnudarse delante del lector, haciendo algo así. Y usando un sentido del humor sencillo, del que nada escapa. Incluso el propio Foenkinos. El mismo se convierte en objeto de sus propias burlas, demuestra un sano humor en la forma en que se ríe de si mismo y no duda en hacer cómplice de esto al lector. “La Familia Martin” es una novela intimista y entrañablemente corriente, pero gracias a esto tiene un pozo de comicidad que da mucho sabor y gracia a todo este entramado lector. Y a todo esto hay que añadir lo ligero que es leer a este escritor. Como él mismo dice, no le gustan las novelas de más de 300 páginas, así que sus trabajos son bastante breves. Su pluma es directa y sencilla, cálida y a la vez intimista. Lo que más valoro de ella es que puede parecer que se le en un suspiro, pero tiene frases y sentencias a las que hay que dar más de una vuelta, llenas de profundidad y de matices que es interesante explorar. Con Foenkinos no hay que dar nada por sentado, ni tampoco infravalorarle. Ya sabemos que no todos los autores múltiple miedos tienen porque merecérselo, pero si con él ha pasado que ha recibido tantos premios de su Francia natal, e incluso internacionales, por algo será.
Sin embargo, creo que ha llegado el momento de confesar que no he conectado, especialmente con este libro hasta prácticamente su último cuarto. Cuando empiezan a cerrarse todas las tramas de la familia Martin y uno se da cuenta de que está llegando a buen puerto el experimento literario, es cuando para mí todo el asunto empezó a cobrar auténtico interés. Porque ese ha sido mi gran problema con “La Familia Martin”. No he conectado especialmente con esta trama tan parca y sentida, ni tampoco he encontrado nada destacable en los personajes excepto en la historia del pasado de la abuela. Ya sé que probablemente esto sea lo que tiene de interesante esta lectura, que ahí radique todo su encanto, pero a mí me ha costado encontrar nada especialmente interesante mientras leía hasta prácticamente su desenlace y me ha dejado bastante fría. El libro es interesante, a mí me ha entretenido bastante y, como ya os he dicho, al final lo he disfrutado, sobre todo porque me parece que es final es bastante redondo por lo realista y poco convencial que resulta en ciertos aspectos. Porque la vida es eso, ir saltándo convencionalismos cuando menos te lo esperas e ir pasando de imprevisto a decepción y tiro porque me toca. Y es que la historia de la familia Martin se siente como una anécdota con la que se ha tropezado Foenkinos condenada a tener su principio, nudo y desenlace. Y por ello, el libro no me ha dejado especial poso, como si lo han hecho otras novelas del autor. Incluso, aunque los personajes no sean lo realmente importante de todo el mío, sino los temas que representan, y que el autor maneja, como el miedo, las heridas del pasado y la necesidad de sanarlas, la ansiedad por el presente o el aburrimiento y la mediocridad a los que, al final, la mayoría de las existencias humanas están condenadas y como nos afectan . El juego meta literario del francés resulta tan cotidiano y desganado en varios momentos que para mí ha pasado sin pena ni gloria, aunque lo valoro profundamente por todo lo que ya he dicho que tiene de bueno en esta reseña. No ha dejado de ser una novela que cimienta aún más mi amor y mi interés por David Foenkinos y toda su obra. Por suerte aún nos quedan a mí y a mis compañeros muchos libros suyos que leer.