“La pena se sienta en los hombros, no hay blindaje posible. Ni puertas ni ventanas nos protegen cuando alguien falta”. Así describe Milagros Abalo la experiencia que atraviesa este libro, un duelo que es vivido como una rumia, que desacomoda el tiempo y deja al cuerpo suspendido, extraviado en busca de signos que permitan recomponer el tejido de lo real. Demorándose en la observación de los detalles cotidianos que rasgan la textura de los días, con sus destellos y sus breves epifanías, las palabras bordean el pasmo,se abisman en el fragmento y salen a flote abrazadas a la poesía. Milagros Abalo Cea (Santiago de Chile, 1982) es profesora y editora. Ha publicado los libros de poemas La normalidad de una familia (Las Cortaderas libros, 2012), Esto es (Hueders,2016) y Hábitat (Hueders, 2018).
Quedé con una sensación tierna y triste después de leer este libro. Al principio no me convenció mucho, pero al final me entregué. Creo que lo que tiene a favor, es que todos los textos (en verso y prosa) habitan un lugar en común y eso unifica el relato. Me gustaron más los que están escritos en prosa. Los versos son flojos, pero cumplen.
Su tono acompasado hilvana lo irremediable, en cuanto esa corporalidad ausente deambula y lo llena todo, paradójicamente, con su vacío. Toda su intensidad se sostiene en aquello que el lenguaje encarna y construye sin remedio: el desconsuelo.
Lo amé. El tema central es la muerte, o más bien, los vivos que lidian con ella. Quise leerlo de corrido pero la intensidad de las imágenes que evoca, la crudeza del duelo que describe, lo hace un libro que tuve que leer con pequeñas pausas para recobrar el aliento. No me imagino el impacto que puede tener en una persona con una pérdida reciente.
Un par de mis pasajes favoritos, subrayados en grafito y marcados con post it para reencontrarme con ellos cuando los necesite: "Ya no estás y todo se ve como un presagio. La vida es un antes. Nacemos y comenzamos a morir."
"La escritura mete las manos en la tierra húmeda donde estás, a oscuras, llena de sombra enraizada. Cavo para encontrarnos y trato de no pensar en esa descomposición, defender tu cara."
"La pena se cuela y se instala con sus pies de aguja raspando las paredes del cuerpo, hace agua."
"Tanto nombro la muerte que pierde su sentido, su razón de ser, quizá por eso la nombro, para espantarla, para que ya no suene ni pese lo que pesa, para allanarla. Que suene como cualquier otra palabra: cielo, jardín. Que suene como un chincol. ¿Será que todo muere cuando digo muere?"
«Tanto nombro la muerte que pierde su sentido, su razón de ser, quizás por eso la nombro, para espantarla, para que ya no sea ni suene ni pese lo que pesa, para allanarla. Que suene como cualquier otra palabra: cielo, jardín. Que suene como un chincol. ¿Será que todo muere cuando digo muere?».