La bestial y desgarradora historia de una mujer sin techo. Un texto lúcido, contundente y revelador que incita a la reflexión y a la lucha por los derechos humanos más básicos.
Esta es una historia real. La de una mujer sin hogar, discapacitada y enferma que trata de solicitar la renta mínima a la que tiene derecho según los optimistas mensajes de la administración y los medios. Pero el laberinto burocrático que debe recorrer para ello, los escollos y trabas con que tropieza y la crueldad de un sistema que exige más a quien menos tiene desembocan en la desesperación. Mientras tanto, los ciudadanos se quedan con la impresión contraria: hay montones de prestaciones y ayudas para los más pobres. «Privilegiados.» «Caraduras.» «Vagos.» Los prejuicios se acumulan. Este es uno de los comienzos de la aporofobia: el odio al pobre.
Sara Mesa is the author of eight works of fiction, including Scar (winner of the Ojo Critico Prize), Four by Four (a finalist for the Herralde Prize), An Invisible Fire (winner of the Premio Málaga de Novela), and Cara de Pan (forthcoming from Open Letter). Her works have been translated into more than ten different languages, and has been widely praised for her concise, sharp writing style.
La aporofobia sumada al laberinto burocrático de las instituciones suena como una rueda de hamster girando sobre su propio eje desgastado. Esto tan desesperante que ha escrito Sara Mesa con toda la rabia (justifica) del mundo es un golpe en la mesa (valga la redundancia).
Es necesario leerlo y tomar impulso para, al menos, informarnos mejor, no comprar promesas electorales (sean del color que sean) y dejar de apartar, de una vez, la cara mirando a otra parte más instagrameable.
Esto sí que son 'reality bites' y no lo de Ben Stiller.
Lo único que acabará con los prejuicios será la información, la educación y la empatía. La falta de esto nos hace completamente vulnerables y manipulables. Muy recomendable este "Silencio administrativo" de Sara Mesa.
Yo le agradezco a Mesa que lo haya hecho tan corto, porque la media hora que tardé en leerlo ya fue demoledora. El típico libro que debe leerse precisamente quien jamás lo tocaría, aunque nunca está mal como recordatorio para todos.
Hace algunos años trabajé en el área de Servicios Sociales de un ayuntamiento, y por eso me resultan familiares algunas cosas que cuenta Sara Mesa en Silencio administrativo. Antes de eso pensaba que existía un sistema, aunque fuera defectuoso, para ayudar a las personas más vulnerables. Luego me di cuenta de que el sistema no es que sea defectuoso, es que es cruel y absurdo. Está diseñado para que el resto de la población pensemos que se está haciendo algo por esas personas, que de hecho, a ver de algunos, se está haciendo incluso demasiado. La realidad es que hay un sector invisible de la población, que no existe ni le importa a nadie. Y que la aporofobia es uno de los prejuicios que tenemos todos más arraigado.
Ojalá este libro se leyera en todas partes, en los institutos, por ejemplo. Aunque siempre habrá quien dude de su veracidad y piense que se trata de propaganda progre (que hay gente que, enfrentada a ciertas situaciones, solo va a reafirmar sus prejuicios, de eso también me di cuenta en aquel tiempo en Servicios Sociales). Tenemos que hablar seriamente ya de la renta básica universal.
Lección de empatía, bofetada de realidad y, por encima de todo, poderoso alegato. Estoy seguro de que Mesa no busca premeditadamente que este librito sea nada de eso porque la suya es una honestidad a prueba de bombas, y eso lleva implícita una humildad que se intuye en cada una de las reflexiones y hechos que se cuentan aquí.
Yo pienso que se trata de una lectura obligada, como lo es cualquiera que logra indefectiblemente acercarnos a un mundo más justo y, por tanto, mejor. Y es tan cortito que se lee en nada.
“Le han vuelto a recetar antidepresivos y ansiolíticos —para esto se ve que no hay límites—. Carmen dice que ella no necesita medicamentos, que lo que necesita es cambiar de vida. Pero aun así los toma, porque no le queda otra”.
Crítica a la perversidad de un sistema que pone más trabas a quienes menos tienen y que también desmonta algunos prejuicios sobre las ayudas sociales. Te gustará, a menos que seas Ana Rosa Quintana o esa clase de gente que cree que quemar contenedores es el mayor acto de violencia que puede cometer un ser humano.
El primer cinco estrellas del año se lo lleva este desgarrador relato real que habla sobre lo imposible que le resulta a una persona sin recursos obtener una ayuda del gobierno para vivir. Es espeluznante el proceso que relata la madrileña/sevillana Sara Mesa, lo bien que lo cuenta, y cómo intenta devolverle la dignidad a cientos de personas que se han visto excluidas por el sistema, por los medios de comunicación y, finalmente, por la sociedad y la opinión pública, con una imagen que no se merecen en absoluto. Un compacto de Anagrama esencial y que te revuelve de rabia e impotencia por dentro. Ojalá los políticos que diseñan las ayudas sintieran alguno de estos dos sentimientos.
Poderia convivir coas limitacions deste libro. Parecera que o que impide a realizacion da renda universal son a burocracia e a aporofobia. Poderia convivir con estas limitacions se o libro abrira o imaxinario dunha sociedade na que o acceso universal aos medios de vida non estivera mediado polo traballo. Ou poderia convivir con estas limitacions se puideramos entender mellor a situacion de vulnerabilidade social a traves dos ollos da coprotagonista, Carmen, unha muller en situación de mendicidade.
O libro ten cousas boas, como unha exposicion dos sinsentidos da burocracia estatal. Ou a forma na que deixa claro que as persoas mais vulnerables non aparecen nas estadisticas nin teñen xeito de aparecer se quixeran. Ou como, incluso se chegan a acceder a axudas, estas son ridiculas comparadas coa situacion na que se atopan estas persoas.
Poderia convivir coa denuncia abstracta da aporofobia, pero chega a dicirse que a aporofobia ten causas psicoloxicas, citando a Adela Cortina. Logo matizao e di que tamen ten causas sociais, que deben ser cambiadas, pero que remiten unha e outra vez a prexuizos e falta de recursos, ou incluso á falta de vontade dos traballadores sociais e administrativos.
Unha das cousas que mais me molestan deste libro é que as limitacions levan á autora a redactar o texto coma se o lector fora tonto; ou como se o publico obxectivo fora a ser xente que antes pensaba q a xente pobre vive xenial e das paguitas e a quen pode facer cambiar de opinion. Supoño que non quere asumir que é unha lectura de nicho, con lectoras convencidas de anteman; que é unha obra feita para que quen pense que os problemas se solucionan con educacion, informacion e empatia se reafirme.
Outra das cousas que me molestan é a maneira na que compara de maneira sutil a sua obra con Kafka ou con Beckett. Por favor, cortese un poco, señora...
A ultima das cousas que me molestan que vou nomear é que a vida dunha persoa que ven dunha familia desestruturada, que foi vitima de trata, adicta a heroina, practicamente cega, a quen lle arrancaron ao seu bebe das mans e quen a duras penas consegue un teito co que abrigarse non se reflicte na personalidade da persoa en cuestion: é case un baleiro con atributos que xustifican a denuncia da burocracia. Por outra parte, saturase á pobre rapaza de problemas para xustificar a sua necesidade de acceso a medios de vida.
E é que non pode entenderse a rabia que me produce o libro se non se entende o conxunto: claramente este libro vai en todo momento da autora, de "Beatriz", e dunha aposta politica moi cutre de dios (e é que non existe!! é un grito ao ceo!!) e exposta de maneira infantilizante. Non hai humanizacion, non hai denuncia social real, senon instrumentalización constante.
Doulle duas estrelas para quedar de menos hater do que son.
Como señala la autora en la nota inicial, el propósito de la obra es describir la realidad a la que se enfrenta el colectivo de personas más desfavorecidas de la sociedad, a través de una experiencia concreta, que se centra en la actualidad.
Este libro surge de un encuentro. Del día en que mi amiga Nuria y yo paramos a hablar con una mujer que mendigaba en las calles de Sevilla, y de todo lo que vino después
La obra está publicada con el número 14 en la colección “Nuevos cuadernos Anagrama”, de la editorial con el mismo nombre y, como la gran mayoría de las integradas en esa colección, tiene a su favor su brevedad (120 páginas en este caso), lo que permiten una ágil lectura. Su autora es Sara Mesa, de la que he leído este mismo año su conocida obra Un amor, recientemente llevada al cine por Isabel Coixet.
En el caso de la pobreza extrema, la condena a la invisibilidad del colectivo de los “sin techo” es tal que, por ejemplo, los planes estatales de vivienda siguen sin incluir medidas específicas contra el sinhogarismo
Se narran las peripecias sufridas por una mendiga (Carmen) a la que la protagonista (Beatriz) decide ayudar a solicitar una ayuda que permita paliar su situación vital. Es entonces cuando comienza un inesperado laberinto administrativo, en gran parte inaccesible para el colectivo a quien se dirigen estas ayudas, que mueven a la reflexión del lector, en una cuestión en que la percepción que se tiene es a menudo negativa o, al menos, poco favorable.
La idea de que existen multitud de ayudas y prestaciones destinadas a los más pobres está tan extendida que no son pocos los que las consideran excesivas, hasta el punto de sentir un agravio comparativo
Mi impresión general es que me ha gustado mucho la lectura, por cuanto me ha permitido descubrir una situación administrativa que ignoraba, además de poner de manifiesto aspectos de la vida de estas personas a las que, en muchos casos, tratamos de evitar o, simplemente, no consideramos. Y a todo esto, además contribuye su concreción y brevedad. Obviamente adolece lo que se llama el sesgo de selección, y es que se basa en la situación de una persona concreta, aunque pueda parecer bastante representativa del colectivo. Sin embargo, es lógico pensar que no todos sean como Carmen, ya que las circunstancias que llevan a su situación no son iguales en todos los casos. Por todo ello, mi puntuación es de 4 estrellas.
Finalmente, recomiendo mucho la lectura de esta breve obra a todos los interesados en la problemática del colectivo más desfavorecido de la sociedad y, en particular, a los que podáis tener una impresión negativa de las ayudas que se le destinan.
Un poco duro, pero muy muy necesario. El sinsentido de la burocracia en una situación de pobreza extrema. A pesar de lo que puedan pensar muchos cuñados, al pobre no se le regala nada. Nunca.
“La pobreza es fea, es difícil de mirar. Es incómoda. Se puede ser pobre pero decente: esto lo hemos escuchado muchas veces. Pobre pero limpio. Pobre pero honrado. Pobre pero sin vicios. Pero: la mala leche de la conjunción adversativa. Esa perfección, esa limpieza, que se les exige a los más pobres. Los queremos beatíficos, agradecidos, puros de corazón, impecables. Que no digan una palabra más alta que otra. Que den siempre las gracias y no insistan. Que se acerquen un poco pero que se retiren enseguida. Que gasten nuestras limosnas en lo que nosotros decidamos que se las deben gastar. Que no haya ni una sola tacha en su pasado, ni un desliz.”
He estado remoloneando con este libro durante bastante tiempo, no porque no tuviera (y muchas) ganas de leerlo, sino porque sé que me iba a resultar especialmente hiriente. Y no me equivocaba.
Sin embargo, no me arrepiento un ápice de su lectura. Me parece un libro más que necesario, especialmente para tanta y tanta gente que, desde una supuesta bondad, se les llena la boca hablando de “paguitas” y de la supuesta vagancia de los que menos tienen.
Por desgracia, en varios momentos de mi vida y de la vida de mis padres, nos ha tocado ser parte de esa estadística de víctimas de la burocracia de los servicios sociales. La única diferencia entre la protagonista del relato, Carmen, y nosotros, es que tuvimos la suerte de tener una familia que pudo, quiso y fue capaz de ayudarnos a mantener la cabeza por encima del agua. A veces, precariamente, pero siempre ahí. Esa pequeña, pero a la vez enorme diferencia es la que hizo que, al menos, hubiera un techo sobre nuestras cabezas y que no tocase mudarse debajo de un puente. En ocasiones, un techo sin electricidad, ni teléfono, ni agua, ni calefacción, ni gas, ni comida, y con un embargo del banco encima, pero al menos había cuatro paredes que nos separaban de la crudeza de la calle. Y, a veces, eso el lo único que te aferra a la dignidad.
Pero si bien no me ha tocado dormir en el frío de la noche, sí que me he tenido que enfrentar a esa Administración cruel e irracional, que casi parece diseñada para volverte loco; para evitar que seas capaz de pedir lo que no es más que una limosna. También he conocido muchos casos extremos, a través de la labor de mi madre en una ONG que atendía a los sintecho de Madrid, en rutas nocturnas. Ahí, entre termos de café y caldo, al frío de la noche, tuvo que escuchar muchas historias kafkianas con relación a las rentas de inserción, el Ingreso Mínimo Vital y tantas y tantas otras realidades que la mayoría nunca conoceremos.
Doy fe que todo lo que se narra en el libro es tal cual, y que resulta una de las muestras más inhumanas de lo desalmada que puede ser la burocracia pública cuando se trata de los más desfavorecidos.
Por eso me arde por dentro cuando oigo a gente, gente que jamás ha tenido que enfrentarse a esto y que seguramente que lo más complicado que hayan tenido que hacer a nivel de gestión sea el fraccionamiento del IBI, hablar de paguitas y de qué los pobre son pobres porque viven mejor así, chupando de los contribuyentes… Hay mucha gente que es mala hasta la médula, y lo peor es que no lo saben. Quiero creer que muchos por simple y sencilla ignorancia.
Diría que debería ser de lectura obligatoria, y como debería decirlo, lo digo: es de lectura obligatoria.
Como dice el libro, la pobreza es falta de libertad. Una lectura necesaria que señala varios prejuicios que varios tenemos, aunque sean incómodos y no nos demos cuenta. En resumen, que te pega una patada en la boca en poco más de 100 páginas.
Entre el ensayo y la crónica (aunque al final la autora explique que ha “suavizado” ciertos aspectos de la historia y que ha reunido en un personaje a varios de los que intervienen en la historia) Sara Mesa disecciona con precisión no la peculiar desidia de la Administración española, a lo Larra, sino un caso sintomático en el que los mecanismos de protección del Estado no sólo no funcionan con eficacia sino que precisamente parecen negarse a actuar. Un caso particular de desamparo social, los trámites para obtener una ayuda por parte de una persona sin hogar, genera un auténtico proceso kafkiano que parece menos producto de la desidia o la desorganización que de una auténtica política de culpabilización y odio colectivo a los pobres.
3,5⭐ Interessantíssima aproximació a l'aporofòbia i el laberint burocràtic al que es veuen sotmeses moltes persones per rentar la cara d'un Estat que no garantitza res a ningú.
Una lectura imprescindible para reflexionar, para desmontar las certezas de quienes creemos en un Estado del bienestar, con una red para los más vulnerables. Pero también lo es para denunciar los sesgos, prejuicios reproducidos intencionadamente o no, sobre la pobreza. Este relato-ensayo a partir de una historia real es una llamada de atención sobre las realidades dickensianas del siglo XXI, -como señala la propia autora-. Sin embargo, el crudo periplo de violencia, perpetrada por el lenguaje aporofóbico y el estigma del fracaso, que convierte aún en más inhumano el laberinto burocrático -sin salida- para una mujer sin hogar, discapacitada y muy enferma, retrata un abismo como el que, tan magistralmente, describiera Jack London para la gente en los márgenes del Londres decimonónico. En la encarnadura real de esta historia no encontramos la mirada empática de un Dickens, que censura a sus inmisericordes personajes. No hay nadie por encima de la maquinaria trituradora de la gestión de lo público que goza del privilegio de la asimetría con sus administrados. Los fallos informáticos, la falta de profesionalidad o negligencia dolosa de su personal, incluso el inevitable y banal error humano o el incumplimiento de los plazos, raramente, tienen consecuencias para la administración. No puede decirse lo mismo, en idénticas circunstancias, para los ciudadanos, a los que supuestamente sirve y que son en última instancia su razón de ser. La lucha surrealista y titánica de Beatriz y Carmen por una ayuda de 473 euros, conseguida, lejos de garantizar el derecho a una vida digna, se convierte en la historia de la amarga victoria que confirma una gran derrota social.
Antes de comenzar con las novelas de la aclamada Sara, quería conocerla; ver por dónde iba su idiosincrasia, que luego me llevo chascos innecesarios.
En este libro, basado en una historia real que ella misma experimentó, la autora pone las cartas encima de la mesa sobre un tema tan incómodo como la pobreza y la marginación.
Da un toque de atención a la mierda de sistema y de sociedad en los que vivimos, aunque haya quien no quiera verlos y ponerles mil excusas e, incluso, mil mentiras que los justifiquen.
Hay algún hilo que se quedan pediente de aclaración pero, la autora ya nos explica al final que hay determinados detalles que le han sido imposible de recoger por su contenido y, también, pertinencia y respeto.
Mirad a quien tenéis debajo y a quien tenéis detrás y, si podéis, leed este pequeño relato de realidad. Solo es una historia de miles y solo es un ratico de tantísimos.
¿Seguiré leyendo a Sara Mesa? Of course, baby!!! 💘
La pobreza es fea, es difícil de mirar. Es incómoda. Se puede ser pobre pero decente: esto lo hemos escuchado muchas veces. Pobre pero limpio. Pobre pero honrado. Pobre pero sin vicios. Pero: la mala leche de la conjunción adversativa.
Esa perfección, esa limpieza, que se les exige a los más pobres.
Los queremos beatificos, agradecidos, puros de corazón, impecables. Que no digan una palabra más alta que otra. Que den siempre las gracias y no insistan. Que se acerquen un poco pero que se retiren enseguida. Que gasten nuestras limosnas en lo que nosotros decidamos que se las deben gastar. Que no haya ni una sola tacha en su pasado, ni un desliz.
(audiolibro) me están gustando mucho los cuadernos anagrama. Este es el relato de una odisea, que es la de muchos. Carmen tiene nombre, una historia. Es una persona, no una estadística perdida, y ese es el poder de este relato. El ejemplo es español, pero sería ingenuo pensar que en Argentina es distinto. Todos hemos hecho trámites en Anses, sabemos que es una pesadilla kafkiana, y si así es para quienes tenemos herramientas, solo basta hacer una proyección para comprender lo que significa para quienes no tienen los medios. Una lectura, escucha en mi caso, muy recomendable.
Opúsculo donde se analizan los absurdos del sistema burocrático montado para atender los casos de pobreza extrema y sinhogarismo. Exigir empadronamiento a personas que viven en la calle, pedir prueba de hechos muy difíciles de probar (no sea que se le dé dinero a alguien que no lo merece) o no dotar adecuadamente las unidades administrativas son algunas de las trabas que impiden a las personas más vulnerables acceder a las ayudas que les permitirían salir de esa vulnerabilidad.
"El solicitante ha de estar siempre localizable porque en cualquier momento le pueden reclamar más papeles. Ha de tener todo en orden, durante meses, meses y meses hasta que el procedimiento acabe, sin saber cuánto tiempo durará la tramitación ni en qué estado se encuentra. El silencio administrativo es unilateral, porque a la otra parte se le exige comunicación constante, veraz, rápida y eficiente"
sara mesa rega li canta i fa créixer la llavor que van plantar en mi albert sales i francesco pasetti a estructures socioeconòmiques fa 6 anys❤️
btw últimament sento que no capto què em volen dir les novel·les ni els simbolismes i entro en pànic: maybe the curtains weren't actually just blue??🤐 però llegeixo assaig i similars i recupero la fe en la meva comprensió lectora, suposo que la interpretació (en lectura) també és un múscul.
Lectura obrigatoria. Grazas Sara Mesa por darlle voz aos que sufren o silencio administrativo e o laberinto burocrático, grazas por facerme sentir que subscribo cada palabra que escribes.
"No es un sinsentido que justo a los que están en situación de pobreza o riesgo de exclusión social se les exija más que a nadie?"