Dicen que es mejor haber amado y perdido que nunca haber amado. Esta máxima se podría aplicar perfectamente a este tomo único de corte yuri que nos trae Fujur.
En esta obra conocemos a Kyoko, una mujer elegante, atractiva y un pelín misteriosa que comparte sus tardes con Nat, una mujer con la que se topó por casualidad en una cafetería a la que su pareja había dejado. Así, poco a poco, a través de encuentros y conversaciones, van desarrollando un vínculo que trasciende la amistad. El problema es que ninguna de ellas se atreve a pronunciar las palabras que sus corazones ansían expresar.
De hecho, la historia comienza con Ruri, la hermana pequeña de Nat, que también acaba conociendo a Kyoko y queda prendado de ella. De alguna forma, mediante Ruri, Kyoko termina conectando de nuevo con Nat, rescatando complicados sentimientos que nunca logró enterrar.
En este punto es cuando debo comentar la única pequeña cosa de la obra que no me ha gustado, y es ese beso que hay entre una adulta y una menor. Por fortuna, la cosa no pasa de ahí, y se podría incluso achacar a esa fascinación y admiración que siente Ruri por la mujer fina y elegante que es Kyoko.
Esta obra de Battan destila elegancia, sensualidad y saber hacer por sus cuatro costados. Las conversaciones que mantienen las mujeres en cada encuentro resaltan sus fuertes personalidades, pero también una sensibilidad a flor de piel. No esperéis un manga explícito, porque no lo es. Es más, apenas hay acercamiento físico entre las protagonistas. Es una historia que nos habla de amar y temer no ser correspondido, de sentir cosas preciosas que terminamos negándonos por miedo o inseguridades.
«La amiga de mi hermana» es, incluso, algo frustrante, ya que los encuentros entre Kyoko y Nat no fructifican en nada. Al menos, no en lo que esperamos. Nos queda el recuerdo de los días vividos, de las experiencias atesoradas y las miradas cómplices. Lejos de ser esto una queja (por mucho que todos queramos que triunfe el amor), no es más que una muestra de que no siempre todo sale como pretendemos.
Incluso me atrevo a ir más allá y creo que Battan pretende lanzarnos un mensaje de valentía, de que nunca nos callemos, que nos atrevamos a sentir y a declarar nuestros sentimientos. Porque si no, quizá luego sea demasiado tarde, como les ocurre a Kyoko y Nat en esta historia.