Nota: 3.5 sobre 5
Premisa:
Una escritora se topa una y otra vez con El Loco, la carta del tarot sin número que encarna las posibilidades infinitas. Asistimos a fragmentos de su cotidianidad atravesados por la presencia de esta figura, que marcará un ritmo del que no será del todo esclava ni dueña.
Opinión:
En esta ocasión, me imantó la portada: enigmática, juguetona e irreverente. El Loco, la carta del tarot que simboliza la imprevisibilidad, la libertad de equipaje y el arrojo de quien se aventura en lo desconocido, terminó de convencerme. ¿Qué habría ideado Anne Serre para desarrollar un concepto con tanto potencial en tan pocas páginas?
Una escritora presencia la irrupción de esta figura inquietante en su realidad. La primera aparición se produce en un momento de calma, en contacto con la naturaleza. La narradora se siente perturbada y desconcertada, pero también experimenta una inesperada sensación de liberación. ¿Se parece esta fascinación a una suerte de flechazo amoroso? ¿Podría convertirse en un punto de inflexión para su proceso creativo?
La narración despierta el deseo de explorar los ámbitos que se ven afectados por la aparición de esta figura: la intimidad de la narradora con su pareja, sus momentos de ocio y lectura, el proceso de escritura en el que está inmersa... Y digo el deseo de explorar porque la brevedad de la obra apenas nos deja entrever reflejos, ecos de una realidad distorsionada.
¿Pero no hay algo de esto en todo proceso creativo? Un mar de posibilidades en plena expansión, del que rescatamos esbozos, conceptos, caminos que quizá nunca recorramos. Algunas ideas quedarán en nada; pero otras podrán desestabilizarnos lo suficiente como para que surja algo nuevo, algo diferente.
Anne Serre despliega una narración nítida y, a la vez, densa de significado. Sus frases merecen reposo y cadencia: hay en ellas una musicalidad que invita a detenerse y que armoniza la especulación con lo cotidiano.
Pero, a pesar de todo, se me hizo corto. Eché en falta más desarrollo, más profundidad, más espacio para que los personajes y las situaciones desplegaran sus posibilidades. Entiendo que la brevedad forma parte de la propuesta narrativa, aunque me habría gustado que la autora encontrara otras maneras de profundizar en aquello que apenas queda esbozado.
No puedo dejar de mencionar el maravilloso prólogo de Sara Mesa, aunque me habría gustado leerlo después de haber llegado a la última palabra elegida por Anne. Las expectativas que despertó condicionaron mi lectura, y no supe muy bien cómo gestionarlas. Aun así, he pensado mucho en el libro y quiero volver a sus páginas en algún momento. Esta vez, sabiendo a lo que voy: a disfrutar y a conectar con el desequilibrio.