Joseph Fouché (1759-1820) fascine toujours aujourd'hui parce qu'il fut un acteur de premier plan durant plus de vingt années d'une densité exceptionnelle (ses deux grands rivaux ne s'appelèrent-ils pas Robespierre et Napoléon?) et qu'il fut l'inventeur de la police politique.
Il n'eut pas son pareil pour " vouloir être de tout ", comme le déclara un jour l'Empereur, pour occuper le devant de la scène à tout prix (" l'intrigue [lui] était aussi nécessaire que la nourriture "). Ne pouvant se résoudre à rester au second plan, il se singularisa durant la Terreur par un comportement particulièrement sanguinaire comme représentant en mission à Nevers et à Lyon; il fut ensuite l'un des inspirateurs du complot contre Robespierre le 9 thermidor; le 13 vendémiaire, il prodigua ses conseils à Barras mais l'abandonna le 18 brumaire. Ministre de la Police de Napoléon, il se délectait à démêler les fils des intrigues jacobines ou royalistes. Disgracié à deux reprises pour avoir manifesté une fidélité à éclipse au régime et au souverain, il intrigua un peu plus tard auprès de Murat, roi de Naples, pour le détacher de Napoléon. La confusion des Cent-Jours le combla par les occasions qu'elle lui donna de multiplier les manoeuvres, et il parvint un temps à devenir le ministre de la Police de Louis XVIII, lui le régicide, avant de mourir en exil, riche à millions.
Ce parcours plus tortueux encore _ s'il est possible _ que celui de Talleyrand a passionné des auteurs aussi divers que Balzac, Zweig et, récemment, Jean-Claude Brisville. N'était-il naturel qu'il retînt l'attention de notre meilleur historien de l'Empire, Jean Tulard?
Membre de l'Institut (Académie des sciences morales et politiques), professeur à l'université de Paris-Sorbonne, directeur de l'Institut Napoléon, Jean Tulard a publié plusieurs dizaines d'ouvrages sur la Révolution et l'Empire. Il est ainsi l'auteur de Napoléon ou le mythe du Sauveur (Fayard) et a dirigé le Dictionnaire Napoléon ainsi que le Dictionnaire du Second Empire (Fayard).
Este libro es muy entretenido sobre todo por la manera de ser de Fouche un hombre que sin ser un genio en el conocimiento de la ciencia logra tomar cargos muy importantes como político he aquí algunas citas que me gustaron de este texto:
Una revolución -lo sabe muy bien este hombre precozmente sutil- nunca pertenece al primero, al que la inicia, sino al último, al que la culmina asiéndose a ella como a una presa.
hasta que no se aniquilen los apasionados no empieza la época de los que supieron esperar, de los prudentes. Sólo se decidirá cuando la batalla se vislumbre ganada.
El genio creador, sobre todo, necesita temporalmente este aislamiento forzado para medir desde la profundidad de la desesperación, desde la lejanía del destierro, el horizonte y la altura de su verdadera misión. Los más altos mensajes de la Humanidad han venido del destierro; los creadores de las grandes religiones: Moisés, Mahoma, Buda, todos tuvieron que entrar en el silencio del desierto, en «el no estar entre los hombres», antes de poder pronunciar la palabra decisiva. La ceguera de Milton, la sordera de Beethoven, la cárcel de Dostoiewski, la prisión de Cervantes, el encierro de Lutero en la Wartburg, el destierro de Dante y la extirpación voluntaria de Nietzsche a las zonas heladas de la Engadina, fueron exigencias del propio genio, ordenadas secretamente contra la voluntad despierta del hombre mismo.
En el fracaso es donde conoce el artista su verdadera relación con la obra: en la derrota, el general, sus faltas, y en la pérdida del favor, el hombre de Estado, la verdadera perspectiva política. La riqueza permanente debilita; el aplauso constante hace insensible; únicamente la interrupción procura al vario ritmo de la vida nueva tensión y elasticidad creadora, únicamente la desgraciada mirada profunda y extensa para la realidad del mundo
Enseñanza dura, pero enseñanza y aprendizaje es todo destierro: al débil le amasa de nuevo la voluntad, al indeciso le hace enérgico; al duro, mas duro aún. Nunca es el destierro para el verdadero fuerte una mengua: es siempre un tónico de su fuerza.
Demasiado tiempo, demasiado dolorosamente ha sufrido el horrible «estar abajo», en la suciedad del desprecio y de la miseria... Ahora se empina con todas sus fuerzas hacia ese mundo donde se compra por dinero el Poder, porque desde el Poder se acuña nuevamente el dinero.