Cuenta Vivian Gornick que un día comenzó a releer Howards End y con gran asombro descubrió que su interpretación de la novela, años después de su primera lectura, era ahora radicalmente distinta. Consciente de que no hay nada como regresar a un lugar que no ha cambiado para descubrir en qué ha cambiado uno mismo, decidió retomar aquellos libros cruciales que la convirtieron en la mujer que es, y releerlos, con el propósito de redescubrirse a sí misma. El resultado es Cuentas pendientes, en el que Vivian Gornick combina sus dos géneros literarios favoritos, la crítica literaria y las memorias, entrelazando las enseñanzas de las lecturas que marcaron su vida con el relato de sus propias experiencias vitales. En nueve paradas, la autora de Apegos feroces relata cómo a lo largo del tiempo fue identificándose con distintos personajes de la novela Hijos y amantes de D. H. Lawrence, analiza el concepto de feminidad en las novelas de Colette, se cuestiona la veracidad de la memoria en El amante de Marguerite Duras, y explica por qué siempre que lee a Natalia Ginzburg ama un poco más la vida. Cuentas pendientes es la celebración de la pasión de Vivian Gornick por la literatura, un homenaje a la lectura como forma de conocerse a uno mismo, una y otra vez, y sentir «el poder de la Vida con mayúsculas». Pero, ante todo, es la oportunidad de reencontrarnos con la Gornick de siempre, con esa voz que tanto amamos y admiramos: perspicaz, sabia y valiente, que sabe mirarse a sí misma sin artificios.
Me encanta la idea de volver a re-leer libros para descubrir el cambio en nosotros.
Este ensayo ha sido el primer acercamiento que tengo al trabajo de la autora y me intriga continuar, pues independientemente del fluir de su narración, le he encontrado un punto de observación de la realidad que me parece maravilloso.
Si bien este libro si nos habla desde su perspectiva y experiencia pienso que puede resulta interesante más allá de ella misma.
La premisa de «Cuentas pendientes», el último libro hasta la fecha de Vivian Gornick (Nueva York, 1935) es prometedora: comparar las sucesivas lecturas y relecturas de algunos de sus libros favoritos en momentos muy diferentes de su vida.
El resultado, finalista del Premio Nacional de la Crítica en Estados Unidos, es fascinante por la agudeza de los análisis de Gornick, la fusión casi absoluta de literatura y autobiografía y la habilidad para psicoanalizarse de la autora de títulos como «Apegos feroces» y «Mirarse de frente», también publicados en Sexto piso.
En cada relectura, Gornick descubre significados y detalles nuevos —también logros y carencias— en las historias de escritores como D. H. Lawrence, Colette, Marguerite Duras, Elizabeth Bowen, Saul Bellow, Natalia Ginzburg o Thomas Hardy. Autores muy diversos en los que la mirada culta, feminista y sutil de Gornick encuentra conexiones: los límites del amor y el deseo erótico, el vacío existencial y la angustia, la naturaleza esencialmente solitaria del ser humano, la brecha entre cualquier ideología y la complejidad de la vida.
Y por debajo de todos esos argumentos y obsesiones, dos constantes: la lectura y la escritura como fuente de placer, alivio del caos mental y espejo de uno mismo; la gran literatura como registro del esfuerzo por alcanzar la plenitud del ser, siempre escindido entre el deseo y la conciencia, entre la voluntad y las fuerzas que escapan a su control.
«Nada más en mi vida —ni el amor, ni la promesa de riqueza o fama, ni siquiera la buena salud— estaría jamás a la altura de la sensación de estar viva para mí misma —ser real para mí misma— que me daba escribir». (Traducción de Julia Osuna Aguilar)