En una de las fotos de tapa de este libro vemos a un hombre de perfil, sentado a una mesa bien dispuesta, con mantel y arreglo floral. Nada extraordinario si no fuera porque esa mesa no está en una sala sino en medio de un bosque del que –sin embargo– lo separa una pared. ¿Una pared en medio de un bosque? Pues sí… Y entonces, ese hombre ahí, ¿es adentro o afuera que está?
Ese hombre a la intemperie sufre una enfermedad degenerativa y es el protagonista de esta novela. Ansilta, su hija, es quien nos lleva a ver, es la que intenta nombrar. Ella es quien trata de contar –mientras sus propios hijos crecen– el modo en que su padre, que aún no ha desaparecido físicamente, la ha dejado huérfana antes de tiempo.
“Pero acá estamos y el dique ya se rompió y el agua ya nos tapó y apagó el fuego prendido y se llevó las mesas redondas y las canciones y te dejó ahí, nos dejó aquí, dejándonos llevar por el agua con un hilo de voz y aguantando”, dice Ansilta cuando lo que se apaga es la memoria de su padre. Y por eso escribe: para conjurar recuerdos, como si temiese que en los olvidos de su padre pudiera desvanecerse ella también. Escribe y al hacerlo traspasa, nos conduce de manera conmovedora a través de esa experiencia que es el dolor. Escribe como si las palabras pudiesen contener el mundo. Y, acaso, a veces lo hagan.
Un libro que recorre aquello que queda a mitad de camino entre la muerte y ese proceso en el que las personas que queremos empiezan a dejar de ser. Y en el medio la vida que sigue y qué hacemos con eso.
Un libro difícil de enfrentar por la pérdida palpable que involucra a la autora con la historia. Hay escenas e imágenes bellas y otras que me parecieron poco novedosas, pero es una lectura que recomiendo si buscan literatura del duelo.
Siento una culpa brutal por no empatizar con la autora y su historia. Un padre que se “echa a perder” por una enfermedad le da pie para escribir. Escribir para no olvidar. Para enumerar aquellos instantes preciosos padre-hija. Y se lee más a disculpa. Es una carta eterna a la que le sobran páginas. Tiene frases bonitas y ciertos aforismos rescatables. Creo que mi lectura también fue atravesada por mis propios asuntos padre-hija, pero literariamente hablando, no basta.
Una joven cuenta sobre el estado de salud de su papá, que sufre de una enfermedad degenerativa, y lo combina con sus recuerdos de la infancia. Es un libro despedida, con diferentes pequeños relatos que refieren a los sentimientos actuales y a los recuerdos de la infancia. Muy cargado de sentimiento, de una escritura muy bella. Advierto a futuros lectores que es necesario estar en un estado especial para leerlo: puede funcionar en gente que está en un muy buen momento personal, o por el contrario, para alguien que está viviendo un duelo actualmente y quiere usarlo como descarga
Un libro duro y triste, sí, pero como lo es la enfermedad del padre a quien va dirigida esta carta. Pero también es bonita y emocionante y sensible. He disfrutado de cada página.
Me sorprendió que siendo un libro de a lo más 100 páginas, te obliga a leerlo pausado, con calma. Pues al ser una autobiografía sobre su relación con su papá tiende a lo visceral, a aquellas palabras que nacen de la emoción, lo que siente al ver a su padre en esa caída libre de su identidad y que trata de rescatar hurgando en su mente, para sacar al aire aquellos recuerdos, atesorarlos y así humanizarlo nuevamente en su memoria. Quizá la misma lentitud pueda hacer dudar de su lectura. Sin embargo, el manejo entre recuerdos, sensaciones y pensamientos que transmite durante la obra y circulan en un vaivén entre presente y pasado, logra cerrarlo a la perfección en el epílogo donde su prosa es simplemente brillante.
La perdida es algo dificil de definir, especialmente cuando hablamos de un ser querido. Cuando se pierde? Cuando deja de estar entre nosotros? Cuando deja de ser querido? Cuando deja de ser quien es?
Un poco esa es al idea que vemos empieza a rondar a la narradora hacía el final del libro
Aunque es algo que se nos deja ver, el juego de la memoria, que se intercala desde un principio es un claro indicio. Que también se nos diga que escribe para no ir olvidando es señal de eso
Aunque esos pasajes dedicados a la calidad de el como padre son bastante inspiradores, un poco a lo que uno quisiera aspirar
“Quiero que sea un texto que diga lo que fuimos” y cumplió. Un hermoso relato de historia padre-hija logrado con sutileza y dulzura. Venía de leer “Una mujer” de Annie Ernaux que pensaba tendría la misma intencionalidad y nada que ver. Este último muy seco, como describiendo fotos sueltas. El libro de Ansilta, en cambio, parte de lo más profundo de ella, es ella pero también es su padre. Hay algo en los textos autobiográficos que me conquista y es el balance entre la entrega del propio corazón sin teñirlo todo de ego ni de despersonalización. Este me compró. Resultó una historia muy amena, bien lograda, con el equilibrio justo. Lei un agradecimiento y una despedida sin soltar.
Los libros de autoficción me suelen aburrir. Con este no me pasó. Al contrario, lo leí casi de un tirón, con voracidad. Parafraseando, tal vez, a la autora, se me estrujó el corazón. Cuando un libro te genera algo así es porque es bueno. Entonces no es que la autoficción me aburre, sino que lo hacen los libros que no alcanzan a conmoverme. Me encantó la forma en que se construye el texto: ese ida y vuelta en el tiempo, las analogías, las reflexiones sobre la propia escritura y sus objetivos. Hermoso libro.
Un libro bellísimo sobre la pérdida, el duelo y ser hija. La pérdida por la muerte de un ser querido, aunque siempre es dolorosa, siempre tiene la particularidad de la manera de morir, creo que es ahí donde reside el tipo de dolor que uno tendrá que sobre llevar (sin que se entienda que uno es más que el otro). Me gustó también todo lo que menciona sobre su viaje a la Antártida y la atmósfera que describe al final, que a mi percepción debe tratarse de algún poblado chileno pegado a la cordillera.
Un gran libro! Primer libro que leo de la autora y creo que es su primera novela. Frases que expresan tanto en forma simple pero profunda. … ‘tu ausencia es una sombra que me espera en cada esquina para decirme que no estas ahí’. Un diálogo con un padre que está pero ya no está y todo lo que se siente en esa mezcla de recuerdos familiares y de infancia y un presente donde el padre que recuerda ya no es pero también sigue siendo…
Una bella y brutal lectura sobre como la vida nos enfrenta a ella misma. Mostrando a través de recuerdos y comentarios como las personas somos individualmente seres finitos. Pero que nos extendemos a través de la memoria y de nuestras interacciones entre amistades y familiares. Pues mientras una etapa de la vida acaba, otra se abre y recién empieza a florecer. Una lectura que se siente muy catártica ante la muerte.
Un relato doloroso, hermoso, íntimo y que te atrapa, alargué el final porque no quería llegar al desenlace de una historia que, desde las primeras páginas, sabes a dónde va. Gracias por este texto. Me llegó gracias a @pasaporteliterario en Chile.
13 de febrero: ya encontré el libro más desgarrador del año. a veces siento que muy poco de lo que leo me conmueve realmente y después me doy cuenta de que si sigo buscando es para encontrar libros como éste, que se leen de un tirón y te dejan una pelota en el pecho. hermoso, a su manera.
En realidad, 4.5 estrellas. En esta novela, la autora escribe acerca de su padre. De lo que es para ella el deterioro de la enfermedad que lo aqueja durante años, la forma en que esta condición va cambiándolo todo: no solo en términos físicos y mentales para él, sino la forma en que todo esto afecta a quienes lo rodean, que como ella recuerdan al padre en sus años de juventud, eternamente viajando, como exiliado y luego por placer. Su profesión como arquitecto y la relación que mantuvo con su hija después de su divorcio. Pero en este libro, por sobre todo, la autora aprecia la vida. El crecimiento de sus hijos y la manera en que comprenden y aceptan la situación con un abuelo que solo uno de ellos alcanzó a conocer sano. Por sobre todo es eso, este libro, la sensación de soledad que va dejando la falta del padre del recuerdo, a pesar de que aún siga presente físicamente la persona (una persona, en realidad) que se parece a quien tanto se echa de menos y la falta de él para el futuro, uno que solo tendrá recuerdos para sus hijos y ella misma. Formado por secciones que siguen algún tipo de orden cronológico, este libro corto resulta poderoso en lo sublime de su mensaje. Un muy buen descubrimiento.
Una mirada en primera persona sobre lo que sucede en tu mente y cómo se sigue la vida, mientras alguien como tu padre está en un hospital dejando de ser él mismo.
Qué belleza de relato! Me costó agarrarlo al inicio, pero cuando ya entré en la historia me fue imposible no estar en el lugar de Ansilta y emocionarme hasta las lágrimas.
Es un libro sobre el duelo que hace la autora/protagonista. Ansilta va escribiendo memorias sobre su padre para no olvidarlo. Es una escritura muy íntima y personal, a modo de ejercicio, como un diario. Pero a la vez muy específico del proceso de duelo. Hay fragmentos muy lindos pero en general no pude conectar demasiado. Creo que es necesario estar un poco duelando para apreciarlo del todo.