No importa cómo las llames; sus nombres son todos los nombres. No importa el tinte de su mirada, de su piel, de su pelo; sus colores abarcan todos los colores. ¿Quieres oírlas ahora? ¿Quieres sentirlas? ¿Quieres verlas? Son más que ese cuerpo en la cuneta, en la orilla, en el lecho conyugal. Son más que las sombras que se deslizan por los jardines y las casas aún por encantar. Son más que el número anotado en la etiqueta atada al dedo gordo del pie. Todas están descalzas.
No existen demasiados autores dentro de la literatura de género que te lleven a las librerías en busca de sus obras sin que apenas tengas idea de lo que te van a presentar. Escritores a los que les tienes esa ciega confianza como para comprar sus libros y sorprenderte al ver que, lo que tienes entre manos, no era una nueva novela sino una colección de relatos que se deslizan alrededor de una idea. La de desmitificar a nuestros carismáticos asesinos y centrarnos en sus invisibles víctimas. Uno de esos autores es Nieves Mories. Una escritora que posee esa fascinante capacidad de materializarse desde la certeza de sus palabras hasta hacerse reconocible a través de ellas. Cualquiera que se acerque a alguna de sus obras experimenta el regocijo de encontrar en ellas todo aquello que anhela. Unos textos cargados de sensibilidad, honestidad y compromiso pero camuflados dentro de explosiones de violencia, mala baba y un perverso sentido del humor que conecta con sus lectores de forma casi orgánica. Lo que me sorprende en esta colección de relatos es que toda ese gamberrismo se difumina entre sus historias para dejar paso a un lirismo que convierte sus narraciones en delicadas estampas de terror cotidiano. La violencia que impregna cada uno de estos relatos no necesita ser mostrada. Ya hay miles de obras que se encargan de eso, incluso algunas escritas por la propia Mories. Aquí la autora quiere que mires a la cara a esas mujeres descalzas que permanecen una vez se apagan las luces del espectáculo, visión que se mantiene en tu cabeza mucho más allá que cuando te salpica con la sangre. Esto hace que cada una de las piezas de esta recopilación de relatos se sientan devastadoras, que te llene de preguntas, de rabia, de esa tristeza que te atenaza al comprender que tú también formas parte de una sociedad que esconde lejos la basura para no tener que olerla. Mories esconde entre su textos una crítica feroz a la indiferencia del vecindario, a la aceptación de lo inaceptable, a la propia culpabilidad que se deriva de la inacción ante una realidad que trivializamos. También aprovecha sus relatos para criticar a los roles consolidados, presentándonos a personajes que, posiblemente, también sean desechos de su propia realidad. Las familias como núcleo de una sociedad convencional tiene tantas grietas como las edificaciones fantasmales que aparecen a lo largo de este libro, ecos de una casa Usher que llena de secretos sus paredes. Pero, sobre todo, nos presenta a esas chicas descalzas que asumen su realidad con desconcierto pero, a su vez, con la valentía propia de aquellos que entienden que ya no les queda nada que perder. Personajes que por no tener, no tienen ni nombre pero que ahora tienen voz. Al fin y al cabo, los fantasmas son esos ecos del pasado que nos atormentan recordándonos una y otra vez que siguen ahí, a pesar del paso del tiempo, esperando ser escuchados. Y esos lamentos, créanme, no te dejarán dormir. Por último habría que destacar las aportaciones que hace a cada uno de estos relatos la escritora y amiga Alicia Pérez Gil, llenando de matices e ideas a esas historias que no siempre son lo que parecen. Una especie de Virgilio que dirige tu mirada hacia los infiernos, sabiendo que te será difícil mantenerla sin estremecerte.
Cómo me ha gustado releer La chica descalza en la colina de los arándanos. Cuanto más la lees, más matices encuentras. Y el resto de relatos no tienen desperdicio tampoco. Mories en estado puro.
«Nadie volvería a oírme. Nadie llegaría a sentirme. Nadie podría verme. Siempre sería la chica invisible. La que vivió y murió sin hacer mucho ruido. Un fantasma en vida, igual que en la muerte».
Hay autores que logran sorprenderte una y otra vez. Escritores que sabes que quieres leer todo lo que publiquen. Que con cada historia que te cuentan no solo te maravillan sino que se quedan también con un poco de tu cordura, porque son narraciones tan perturbadoras como necesarias. Hoy quiero hablarles de Todas las chicas descalzas, de Nieves Mories. Una autora que cumple con todo lo anterior y que en esta ocasión cambia las novelas por los relatos y nos demuestra que, incluso en las distancias cortas, logra colarse en nuestras pesadillas.
Mories escribe muy bien, una prosa lírica pero cruda, sin remilgos. De toda la antología, La chica descalza en la colina de arándanos es el mejor relato sin duda, aunque también he disfrutado Matadero y Miss American Pie. El resto, sin más. Eso sí, comparando esta obra con la novela Asuntos de muertos, siento que este libro me ha dejado más fría, más indiferente.
Todas las chicas descalzas es una colección de relatos, absolutamente equilibrados y medidos en un tempo que nos lleva de la mano, para adentrarnos con diferentes estilos y perspectivas en un tema común: dar voz a las que la perdieron, dar protagonismo a las víctimas, a todas las chicas descalzas.
Nieves alterna entre el lirismo y la crudeza más descarnada, desde las vivencias en el extremo de lo correcto o de la máscara popular a los particulares lazos familiares.
Son historias con diferentes grados de luz y oscuridad, tristes, cercanas, inquietantes, dementes… que enervan y despiertan la ira al leer, la misma que permite que esas chicas se mantengan en pie para contar su historia, la que se funde con la perplejidad de entender que a veces hay ojos que no quieren ver.
La propuesta es singular por dos motivos. El primero es editorial: los relatos vienen comentados por Alicia Pérez Gil y hay un poco de extrañeza la primera vez que te enfrentas a un relato y posterior comentario, pero uno va cogiendo el ritmo. Y el segundo es autoral (también editorial, claro): todos los relatos van de chicas que o bien mueren o bien están tocadas por la muerte de algún modo. Y en ese sentido es donde más triunfa, pues ningún relato se parece a otro y, a la vez, están bordados entre sí por un hilo invisible.
Imagino que le pasa a más de uno, pero a veces la voz del escritor es lo que suena en mi cabeza cuando lo leo. Es un ejercicio parecido al de escuchar radio o podcast e imaginar la cara de quien habla. La voz de Mories en mi cabeza es un poco ronca, pausada, lo cual contrasta mucho con el lirismo que impregna todo lo que en este libro que aquí hay escrito, lo hace más desgarrador. Y, dado el tema, sería fácil tanto caer en la conmiseración o la cursilería como en lo gratuito o morboso, pero Mories está veinte planos por encima de esas cuestiones. Ya desde el título: las chicas descalzas, un símbolo muy lírico de la vulnerabilidad que enseguida te trae imágenes de cuerpos abandonados a su suerte. Un poco como cuando Lynch supo que nos quedáramos con los labios azulados de Laura Palmer porque ahí estaba todo.
La palabra que me viene leyendo este libro, es tragedia, los relatos tienen un aire trágico y pelín gótico (American Gothic, sería, pues todos transcurren en EEUU). A veces es muy pero que muy poética en el mejor de los sentidos, en el de quedarte enganchado en frases que te agarran por los tobillos. No sé por qué, no he hablado con nadie de este libro ni he leído apenas reseñas, pero quiero reivindicar La marea en ese sentido, donde las imágenes que invoca en tu cabeza se quedan como esas pesadillas que recuerdas entre aterrorizado y fascinado.
Leí hace tiempo un libro sobre asesinos en serie que, supongo que buscando algún tipo de justicia, te narraba la vida de cada víctima (y eran muchas) en pormenorizado detalle. Kill for me, para el que le dé curiosidad. A mi ver, quedaba en símbolo: no me pareció que «funcionara», por cruel que suene mi comentario.
La exploración de Mories sí me ha parecido interesante, porque a veces el cadáver se da la vuelta y te muerde: hay un jugueteo muy siniestro en ese sentido, como en la ambigüedad de Tus ojos o el romanticismo de ultratumbra de La chica descalza en la colina de arándanos.
Son, además, relatos muy pulidos, siguiendo la máxima de que en un relato, a nivel narrativo, no ha de sobrar nada, pero siempre encontrando hueco para la atmósfera y la estampa macabra. El ambiente americano me parece más traído del audiovisual que de lo literario y en ese sentido funciona para que los relatos se proyecten en tu mente sin abandonar sus cualidades poéticas.
Me da curiosidad por ver cómo escribirá algo que transcurra en España.
Todas las chicas descalzas (2021), Nieves Mories Anotaciones de Alicia Pérez Gil
PISANDO FLORES Y CRISTALES
En los sietes relatos que conforman un todo tan oscuro como coherente, Nieves Mories nos relata las vidas truncadas de ellas, las chicas descalzas, que no son víctimas sino supervivientes: frentes a los otros, pero también frente a ellas mismas. La estrategia narrativa de Mories se basa en el trampantojo, la ironía, el juego con el lector; el problema, en el conjunto de estos relatos, es que esa trampa virtuosa ocupa el lugar que no debería: el de la construcción de personajes más convincentes, de imágenes menos obvias, de espacios con más personalidad.
El potencial de Nieves Mories me parece innegable: de un relato a otro, el lector consigue perderse y encontrarse en la tela de araña que, pacientemente, va tejiendo la autora. Hay paralelismos claros y otros ocultos entre los cuentos de esta antología, que no escoge sus relatos al azar: la misma chica descalza, tan similar y tan diferente a la vez, parece caminar por estas historias, pisando flores y cristales. Hay relatos más sentimentales y otros más distanciados, unos más personales y otros muy abstractos, vacíos casi de argumento. Todos ellos impregnados, eso sí, de una oscuridad traslúcida, que deja pasar el horror de los cadáveres descalzos, pero también el de una limonada o unas flores bajo el sol de primavera.
La voz de Mories es tensa, fría y cálida a la vez, pero su peso desmedido en el avanzar de los relatos hace que el lector, engañado o no, acabe descubriéndola detrás de un gesto, una oración o una acción que no llegan a nada, que se estrellan en su obviedad o su superficialidad. Parece que a veces asome en un cuento para decirnos “aquí estoy yo”, para aleccionarnos sobre la chica descalza de turno, pero ese poder narrativo ya está, aunque incompleto, presente en los mecanismos internos del relato que ella misma construye. En este sentido, creo que las notas explicativas de Alicia Pérez Gil le hacen flaco favor a una autora que no necesita mayor adorno que el de su propia prosa, acompañada, además, de sus propias ilustraciones en la edición de Dilatando Mentes.
En definitiva, Todas las chicas descalzas es una colección de relatos perturbadora y memorable, que debe leerse con lentitud y deleite, pero que promete más que cumple. El potencial de Nieves Mories, una vez despojado de adornos innecesarios, debería dar lugar a futuras narraciones tanto o más oscuras y despiadadas que la de estas chicas descalzas.
¿Sabes cuándo podéis decir que un libro ha sido exquisito? Pues éste lo es.
Os confesaré que no soy una chica de leer este tipo de libros porque nunca me han atraído realmente pero este libro me ha hecho cambiar todos los esquemas de mi cabeza.
Os explicó un poco de qué va el libro el libro para mí está dividido en dos fases la fase de la lectura de las narraciones o las historias cortas y después las anotaciones que creo que es lo más interesante porque hace que el relato cobre sentido.
El libro se divide en siete relatos todos relacionados con chicas a la que les han dicho alguna vez que por ser simplemente chicas tienen que tener cuidado. de los siete yo tengo un favorito y es sin duda el de la chica de calza en la colina de los arándanos. Pero me gusta porque todo está relacionado pero no porque cada relato tiene su propia chica y su propia historia pero todo está ambientado en el mismo sitio por lo tanto hay personas de un relato que te puedes encontrar en otro.
Por último quiero hablaros de mis sentimientos al leer este libro porque puedes pasar de reírte como si no pasará nada a quedarte blanco. Hablan con un lenguaje muy coloquial aparte hay letras de canciones que os recomiendo que si os vas leyendo el libro os pongáis la canción según pasan porque ambientan más el relato.
Y no tengo mucho más que decir lo leáis qué le deis la oportunidad y qué disfrutes de cada relato porque es una maravilla, las ilustraciones, la música, la ambientación, absolutamente todo es una obra maestra.
Bueno ahora que lo pienso sí que hay una cosa que tengo que decir : Bye,bye, Miss American Pie...
Gracias a la editorial @dilatandomentes . Espero que os guste la reseña y que le deis la oportunidad de leerlo y me digáis en los comentarios si lo habéis leído que os pareció.❤️🩹
Antología de Nieves Mories en una edición cuidada: ilustraciones, tapa dura y anotaciones de Alicia Pérez Gil tras cada relato.
A veces el exterior no tiene que ver con el interior, pero este no es el caso: cada cuento está mimado como el conjunto entero.
La prosa de Nieves me gusta mucho: puede hablar de cosas muy desagradables de una manera tan bonita que corres peligro de perderte en su laberinto de espejos.
El punto de vista de los relatos me ha parecido muy original, y el habla de los personajes los hace muy humanos.
La construcción de los relatos también me ha gustado: cada párrafo aporta y la distribución de la información está bien pensada. Puede parecer que no es así, pero si relees encuentras pistas que te faltaban y ahí... ¡punzada!
Según leía, me imaginaba a Nieves y su elegante estilográfica con forma de puñal haciendo lettering.
Soy novato en el terror, pero estos relatos me parecen una genialidad. Incluye el relato con el que ganó el Ignotus, otra delicia junto a Miss American Pie, Nebraska, Tus ojos...
Todos los relatos tienen diferentes lecturas. La autora no lo pone fácil, reta al lector a ver diferentes ángulos de una historia. Es maravilloso encontrar a buenos escritores de terror en castellano. Larga vida al género!
Impresionante. Todo. Cómo escribe, sus atmósferas... ¿Por qué le doy 4 estrellas y no 5? No acabo de conectar con muchos desenlaces metafóricos y/o simbólicos. Por supuesto, es algo muy subjetivo.