La tesis central de García es que en estos últimos años, y sobre todo en Occidente, asistimos a lo que él conceptualiza como alogocracia o el gobierno de la sinrazón, construido sobre la pantomima emocional de hacernos sentir mal por causas que, supuestamente, no tienen fundamento alguno o se exageran sobremanera (feminismo, racismo, cambio climático, igualdad económica, democracia...), pero sirven para que la masa ignorante e hiperdigitalizada -el rebaño- vote también en masa al politicastro de turno que le emociona con los temas anteriores, alimentado así el desgobierno, mientras que se descuidan los verdaderos problemas, a saber: el desempleo, la inflación, la crisis de valores, etc. Todo ello, en connivencia con los medios de comunicación y otros actores como el Estado o las instituciones educativas. En palabras del autor: "la ecuación insuperable para este nuevo mundo es: instituciones públicas + educación + masas de acoso + redes sociales + medios de comunicación".
No se le pude negar cierta honestidad intelectual a este señor, pero, y aquí es donde creo que flojea no en poca medida su ensayo, sí se le puede señalar una altura intelectual un tanto limitada. Teniendo en cuenta que nada menos que Escohotado prologa el presente libro, no sé, uno espera algo más. Lo cierto es que García no sólo deja que desear en sus formas, con un tono de superioridad moral y condescendiente que cae en lo cansino, sino también en el contenido, que además de repetitivo, presenta en ocasiones poca consistencia. Pienso, concretamente, en sentencias gratuitas como la de "(...) el totalitarismo no deja de ser el fin de cualquier discrepancia con el Estado, ya que este encarna a través del gobierno el Bien supremo al que todo el ciudadano debe obedecer y creer" o reducciones propias de nuestro cuñao Paco del estilo "(...) muchos problemas que podrían ser solucionados (paro, deuda pública, déficit, inmigración, delincuencia, injusticias, inseguridad, sistema educativo, sanitario, etc.) se convierten en problemas infinitos que no se abordan (...)", como si el autor dispusiera de la pócima mágica para resolverlos. O cuando, para negar los efectos de la contaminación creciente, se limita a contestar incluyendo un gráfico del aumento de la esperanza de vida a nivel global.
También cuenta con puntos positivos, claro está. Puede que el mayor valor de este ensayo resida en su valentía al abordar, sin ambages, asuntos tabúes como la inmigración ilegal, los peligros del islamismo radical o el boyante feminismo actual; igualmente hallo interesantes muchas partes de varios capítulos, en especial el dedicado al racismo con todos los lamentables ejemplos que se detallan (como el del profesor linchado por un correo electrónico, o la corrupción de la cúpula del movimiento "Black Lives Matter"). Son de agradecer, asimismo, ciertas referencias y citas como las de Gramsci o Adam Smith, que inyectan un poco más de seriedad y formalidad. Y bueno, reconozco que hay anécdotas que me han sorprendido, como la de la caza de gorriones en la China de Mao.
En definitiva, un ensayo escrito con cierta razón pero, por encima de todo, con mucha pasión: justamente lo que critica Jano García. Tres estrellas por el coraje que exige publicar una obra así.