Primera novela que leo de Ruta Sepetys. Me ha gustado mucho. No tardaré en leer alguna más.
Dice la sinopsis:
Rumanía, 1989. Los regímenes comunistas se están desmoronando por toda Europa. Cristian Florescu, un joven de diecisiete años, sueña con ser escritor, pero los ciudadanos rumanos no tienen libertad ni para soñar, oprimidos por las reglas y la fuerza del régimen. En medio de la dictadura de Nicolae Ceausescu, con un país gobernado por el aislamiento y el miedo, la policía secreta chantajea a Cristian para que se convierta en informante. Solo tiene dos opciones: traicionar a todos y todo lo que ama o utilizar su posición para socavar al dictador más malvado de la Europa del Este. Cristian lo arriesga todo para desenmascarar la verdad detrás del régimen, dar voz a sus compatriotas y mostrar al mundo lo que está pasando en su país.
Mis impresiones.
La novela trata un tema poco conocido en general. Las condiciones de vida de los rumanos bajo la dictadura de Nicolae Ceausescu y la sublevación del pueblo, que pedía la caída del régimen, en diciembre de 1989.
Nicolae Ceausescu, llegó al poder en la década de los sesenta. Se mantuvo en él aislando al país tanto de occidente como del bloque comunista. Basó su régimen en el culto a su persona. Mientras él y su familia se enriquecían, el pueblo pasaba hambre, frío y todo tipo de penalidades. Ni atención sanitaria tenían si no era a base de trueque. Su policía secreta reclutó de grado o a la fuerza a miles de confidentes. Nadie sabía quién podía ser uno de ellos. Hasta los niños eran forzados a espiar a sus familias. Cualquier cosa por delirante o absurda que fuera podía llevar a una persona a ser represaliada.
El bloque soviético sabía de sobra cómo era el personaje, lo que no les impidió dejarle campar a su anchas. Se dice que en el caso de occidente supo dar el pego. No tengo esto último muy claro. Los embajadores occidentales en Rumanía veían lo que estaba ocurriendo. Los dirigentes de países como Francia, EEUU e Inglaterra, que lo recibieron con honores de estado, tampoco se llamaban a engaño sobre él. Una vez más, las potencias democráticas miraron para otro lado.
Ruta Sepetys nos narra todo esto de forma sencilla y natural. La prosa es fluida y directa, los capítulos cortos y el ritmo ágil. El hilo conductor es un adolescente de 17 años, Cristian Florescu. Será él quién nos cuente la historia. Su desesperanza es contagiosa. Sabía que le estaban robando el futuro y la posibilidad de elegir. El relato que ofrece de su vida cotidiana, la casa en la que vive, el instituto, las colas de la escasez, etc, es estremecedor. Tremendo, igualmente, la forma en que esos jóvenes se echaron a la calle en diciembre de 1989 sin más armas que su determinación. Derrocaron al dictador y muchos pagaron un alto precio en el intento.
La construcción que hace Sepetys de los personajes es muy buena. Están bien trazados, especialmente los jóvenes, que son los que llevan el peso de la acción. Entre los adultos destaco al abuelo de Cristian, que encarnaba el valor de la disidencia abierta y el de su madre, la otra cara de la moneda, la del miedo.
La ambientación en el Bucarest de la época es de nota. Los edificios, los perros callejeros, la nieve, el frío, la falta de electricidad y como contraste las condiciones en las que vivían los diplomáticos extranjeros. La documentación, ingente sin duda, está tan bien introducida que ni se nota.
El final acorde con la situación que vivió el país, en el que no se desclasificaron los archivos hasta décadas después. Por el camino fueron destruidos multitud de documentos que habrían significado respuestas para muchos ciudadanos. A día de hoy son muchas las incógnitas que quedan abiertas.
Resaltar por último, la nota final de la autora y las fotografías de la época que incluye.
En conclusión, una buena novela que narra un episodio sobre la historia reciente de Rumanía. Bien contado y bien documentado. Recomendable.