Dice Alex Graham sobre el inicio de su webcomic DOG BISCUITS: “Dibujé el peor dibujo del que fui capaz, lo subí a Instagram ¡y a la gente le encantó!”. Me da risa este comentario porque ¡qué difícil es “dibujar así de mal”! con esa gracia, desparpajo y personalidad. Si para un autor de cómic el mejor dibujo siempre es el más adecuado para acentuar lo que nos quiere mostrar, el más indicado para lo que nos esta narrando en su obra, en este sentido Graham es una dibujante excepcional. Un dibujo más estilizado o detallado, un dibujo “mejor” desde un punto de vista académico, hubiera lastrado narrativamente este tebeo. Hubiera ralentizado su lectura sin aportar nada y le hubiera restado fluidez, algo contraproducente para la dinámica del mismo ya que el ritmo endiablado que le imprime es uno de sus grandes aciertos. Esto es algo que queda muy claro cuando lo leemos.
A partir de su primera página solo nos queda maravillarnos a medida que Alex Graham nos va introduciendo con una verosimilitud que no hubieras creído posible en el clima pandemico de este tiempo extraño que nos ha tocado experimentar, y partiendo de lo individual, las experiencias de sus tres personajes protagonistas: Rossie, Gussy y Hissy, logra un alcance global de las dinámicas, miedos e incertidumbres sociales que se han instalado en la experiencia colectiva de este periodo. No creo que haya muchos medios que hayan parido una obra que haya logrado atrapar el Zeitgeist de esta epoca más acertadamente. Me cuesta imaginarlo, la verdad.
Tanto formalmente como en su contenido, desde el principio, desde como se concibió hasta su consecución, todos los supuestos males de nuestra epoca están representados en Dog Biscuits de una manera tan explicita, una de sus grandes virtudes es como utiliza estos para darle sustancia, que asusta. Tiempos de inmediatez, confusos, donde parece no haber un instante para la reflexión; redes sociales, likes, faroleo e impostura, penuria, soledad, depresión, vacío existencial… todo esta reflejado aquí, y también el cumulo de cuestiones universales que nos configura como animal social: la complejidad de las relaciones afectivas y sexuales, el amor, el miedo, el conflicto generacional, la economía, la politica y otros asuntos implicados. La naturalidad pasmosa con que se solapan todas estas cuestiones sin forzar en ningún momento su claridad narrativa es uno de los grandes méritos de Graham.
Es admirable como todo funciona aquí de forma superlativa. No solo como lupa de los comportamientos de nuestra sociedad, concretando en la realidad norteamericana, durante la pandemia, sino aportando una serie de registros que hacen más que apetecible acercarnos a cualquier obra de ficción. Es alocada, sagaz, profunda, ligera, lírica, chispeante… y la diversión está mas que asegurada, uno de sus puntales más irrenunciables a lo largo de sus casi 400 páginas.
Atendiendo al resultado general es inevitable pensar que esto que nos dice Simon Hanselmann sobre Graham y Dog Biscuits: “Alex Graham es buenísima, y Dog Biscuits es simplemente el tebeo del año” no va nada desencaminado. Y hacerlo con Zona Crítica, su propio webcomic pandemico recopilado, aún sin desempaquetar (Sí, le he puesto los cuernos al mismísimo Hanselmann) dice mucho de lo que me ha impresionado este tebeo.
Un 10. De verdad. Nada de ojana.