«Necesitamos un nuevo lenguaje que pueda ser experimentado por todos los seres humanos en forma inmediata y que al mismo tiempo les otorgue a los animales, a las plantas, al aire, al agua y a la tierra un lugar equivalente en la creación. Los ideogramas chinos lo hacían, antiguamente. Necesitamos ideogramas que hagan eso ahora.»
Escribir en el agua reúne una amplia selección de las cartas escritas por John Cage de 1930 a 1992, y abre las puertas a una aventura de expansión de lo experimentable: al ruido, al cuerpo, al silencio, al espacio, al más allá de la sintaxis, a la mezcla de los lenguajes. Al leerlas en serie, se va delineando la autobiografía involuntaria y discontinua de un personaje esquivo que tiene una comprensión impactante de su tiempo. La cantidad de tópicos claves para nuestra época que se prefiguran es sorprendente: el problema de la tecnología, la globalización económica y cultural, la disidencia sexual, las relaciones entre distintas mentalidades (oriental, europea, norteamericana), la alimentación, la comunidad, la crítica del sujeto moderno y del antropocentrismo ganan lugar en su escritura cotidiana.
Como mínimo, este libro permite dos rutas de lectura. En una, las cartas cuentan una historia de la cual Cage es protagonista: la transformación de la música en otra cosa (“sonido en el espacio”). En este sentido, el libro funciona como una perfecta guía de escucha del siglo XX; un itinerario comentado por obras que su autor estudia y compara, y por sus propios proyectos. Por otro lado, mientras descubrimos a la persona, su sensibilidad, sus dificultades económicas y su vasta red de afectos, asistimos a debates históricos y culturales, y a intercambios con figuras como Morton Feldman, Merce Cunningham, Pierre Boulez, Peter Yates, Marshall McLuhan, Christian Wolff y David Tudor. En todo momento, Cage difumina los límites entre carta, poema y ensayo, y parece recordarnos que estamos ante alguien que pretende “escribir en el agua”, “desmilitarizar el lenguaje”: que busca, en definitiva, propiciar otras formas de vida.
John Milton Cage Jr. was an American composer, philosopher, poet, music theorist, artist, printmaker, and amateur mycologist and mushroom collector. A pioneer of chance music, electronic music and non-standard use of musical instruments, Cage was one of the leading figures of the post-war avant-garde. Critics have lauded him as one of the most influential American composers of the 20th century. He was also instrumental in the development of modern dance, mostly through his association with choreographer Merce Cunningham, who was also Cage's romantic partner for most of their lives.
Cage is perhaps best known for his 1952 composition 4′33″, the three movements of which are performed without a single note being played. The content of the composition is meant to be perceived as the sounds of the environment that the listeners hear while it is performed, rather than merely as four minutes and thirty three seconds of silence, and the piece became one of the most controversial compositions of the 20th century. Another famous creation of Cage's is the prepared piano (a piano with its sound altered by placing various objects in the strings), for which he wrote numerous dance-related works and a few concert pieces, the best known of which is Sonatas and Interludes (1946–48).
His teachers included Henry Cowell (1933) and Arnold Schoenberg (1933–35), both known for their radical innovations in music and coincidentally their shared love of mushrooms, but Cage's major influences lay in various Eastern cultures. Through his studies of Indian philosophy and Zen Buddhism in the late 1940s, Cage came to the idea of chance-controlled music, which he started composing in 1951. The I Ching, an ancient Chinese classic text on changing events, became Cage's standard composition tool for the rest of his life. In a 1957 lecture, Experimental Music, he described music as "a purposeless play" which is "an affirmation of life – not an attempt to bring order out of chaos nor to suggest improvements in creation, but simply a way of waking up to the very life we're living".
Un libro hermoso donde vemos tanto la progresión o desplazamiento en el pensamiento de Cage como el impulso vital que lo llevó a hacer tantas cosas en la vida. El libro resulta imperdible precisamente por eso, una vida dedicada a la música y al pensamiento reflejada en misivas repletas de un estilo absolutamente singular. La traducción de Gerardo Jorge es excelente, a la vez que el trabajo de reposición de notas y partes introductorias. Otro gran acierto del traductor es elegir abordar los mesósticos (que aparecen recién al final de su vida) de un modo artístico y con oído, trabajo que Jorge extiende en su propia editorial N direcciones.
Se puede volver anualmente a mucha de esta correspondencia, maravillosa traducción. La introducción a la micología requiere dirigirse a otros trabajos publicados por él. El diseño editorial de Caja Negra 10/10
Cage es un músico que hasta que leí este libro no lo comprendía. He descubierto a una persona que sabe pensar, sabe escribir, y que le da a su música un sentimiento mucho más profundo o existencial de lo que uno se pueda imaginar.