A menudo se nos olvida que vivimos en sociedad y la sociedad vive en nosotros. A veces se nos olvida que nuestra patria, aquella a la que llamamos casa, a veces se convierte en un nido de serpientes que se contagian entre sí. Y lo peor es que la crisis de la nación, siempre afecta a los que menos tienen, a los más vulnerables.
La historia se repite, la humanidad sigue enfrentándose a crisis y saliendo de ellas; pero hay quien no sale. Aquellos que perdieron y arriesgaron todo. A veces son las drogas, la delincuencia.
Julián es el reflejo de una sociedad caótica, de una nación que apenas empezaba a resurgir de una dictadura fascista que había agotado hasta el último suspiro de los españoles. La incertidumbre, la crisis, la falta de recursos, la corrupción, la brutalidad policial… fueron la comida de las tripas de unos niños hambrientos de oportunidades, de vida. Y todavía nos atrevemos a decir que ellos fueron los delincuentes; qué fácil culpar al más débil cuando el que debería tener el poder no sabe usarlo.
Y la pregunta es, ¿hasta qué punto esto se repite hoy? ¿Acaso va a empezar una nueva epidemia de jóvenes hambrientos en un sistema que se cae a pedazos? y volveremos a echarle la culpa a los jóvenes, porque la clase política siempre será tan cobarde como para admitir sus errores; siempre pagaremos nosotros.
Relato pormenorizado del día a día del protagonista en el mundo de la delincuencia y las drogas pero sin apenas ninguna descripción sociológica o psicológica.