Clásica y moderna, la política poética de Ida Vitale nada rechaza, complementa, a la vez que vuelve nómada, decanta y sobresalta la lengua, sutilmente. En este nuevo libro concurren el elefante, Kafka, el tero, Giorgio Morandi, el gato, Islandia y sobre todo Enrique Fierro. En la república universal de las letras Vitale es una ciudadana ilustrísima desde hace tres cuartos de siglo, porque además, al no haber seguido caminos fraudulentos, su obra es un sonriente recordatorio moral que no cesa de decirnos.
Ida Vitale (Montevideo, 2 de noviembre de 1923) es una poeta, traductora, ensayista, profesora y crítica literaria uruguaya. Entre los premios que ha recibido destacan en 2015 el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, en 2016 el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca y en 2018 el Premio Cervantes.
Considerada integrante de la Generación del 45 con otros escritores uruguayos como Mario Benedetti, Juan Carlos Onetti, Carlos Maggi o Idea Vilariño, es también madre del economista Claudio Rama Vitale, y cuarta generación de emigrantes italianos en Uruguay, donde se formó en una familia culta y cosmopolita. Lectora preferente de obras históricas, su descubrimiento de dos poetas uruguayas de entresiglos, Delmira Agustini y, en especial, un espíritu afín, María Eugenia Vaz Ferreira, la inclinó a la poesía lírica, aunque sus dos grandes referentes fueron José Bergamín, su profesor en Montevideo, y Juan Ramón Jiménez, a quien también conoció en persona.
Estudió Humanidades en Uruguay y ejerció la profesión docente. En 1950 se casó con el ensayista Ángel Rama y tuvo dos hijos, Amparo y el economista Claudio, nacidos en 1951 y 1954 respectivamente. Se separó de su primer marido y colaboró en el semanario Marcha; entre 1962 y 1964 dirigió la página literaria del diario uruguayo Época. Fue codirectora de la revista Clinamen e integró la dirección de la revista Maldoror.
Empujada por la dictadura, se exilió a México en 1974 y, tras conocer a Octavio Paz, este la introdujo en el comité asesor de la revista Vuelta. Además participó en la fundación del periódico Uno Más Uno y continuó dedicada a la enseñanza, impartiendo además un seminario en El Colegio de México. Amplió su obra cultivando el ensayo y la crítica literaria (que ejerció en El País, Marcha, Época, Jaque y, entre otras, en las revistas Clinamen, Asir, Maldoror, Crisis de Buenos Aires, Eco de Bogotá; Vuelta y Unomásuno, de México; El pez y la serpiente de Nicaragua...) Tradujo libros para el Fondo de Cultura Económica; impartió conferencias y lecturas, participó en jurados y colaboró en numerosos diarios.
Volvió a Uruguay en 1984, y dirigió la página cultural del semanario Jaque. Desde 1989 vive en Austin (Texas) junto a su segundo marido, el también poeta Enrique Fierro, aunque viaja muy frecuentemente a Montevideo. Fue nombrada doctora honoris causa por la Universidad de la República en 2010. Lee y traduce particularmente del francés y del italiano, y entre los autores de sus versiones se cuenta a Simone de Beauvoir, Benjamin Péret, Gaston Bachelard, Jacques Lafaye, Jean Lacouture y Luigi Pirandello.
Su poesía indaga en la alquimia del lenguaje y establece un encuentro entre una exacerbada percepción sensorial de raíz simbolista y la cristalización conceptual en su perfil más preciso.
Desde 1990 al presente es residente estadounidense.
Mi principal impresión y sensación mientras leí este libro de Vitale, era la de estar visitando un museo en el que solo había palabras en tercera dimensión. Y el placer consistía en ir reconociéndolas lentamente, sintiéndolas, saboreándolas, acariciándolas, y también desconociéndolas. Aquí, lo importante es el lenguaje, las palabras. No lo es el contenido, la información, el mensaje. La poesía de Ida Vitale, es erudita, vanidosa (con toda la razón), pulcra y brillante.
De Ida Vitale leí unos cuantos poemas de su Poesía Reunida. Hace tiempo tenía ganas de leer algún poemario de ella y llegué a Tiempo sin claves. Para mí, los poemas de Vitale siempre suponen un enfrentamiento a algo que nunca termino de entender o de, al menos, descifrar. Este poemario no es ajeno a eso: algunos poemas -repito: para mí- son profundidades a las que no alcanzo a llegar; otros, sin perder parte de sus enigmas, puedo sentirlos más cerca y logré disfrutarlos. Uno de los que más me gustó es Gato ajeno:
Con suprema ignorancia de que una soledad quizás lo esté esperando, va sin más a lo suyo. ¿Llamado por la Altura? Desdeña otro llamado. Nunca puede saberse de qué peligro escapa, hacia qué gloria tiende. Corre sobre lo húmedo, corre sobre lo seco, toma impulso y se sube al árbol como al palco de las expectativas, más cerca de ese cielo que nunca está mirando porque no pertenece a la esfera del pájaro (desestimado a cada yerro porque era listo), ni ala del hombre, ese próvido esclavo. Quizás tú veas todo de otro modo, flotar en otros casi cielos, indescriptiblemente huracanados, raros. Pero no, sólo observas lo que atañe al servicio que esperas que te preste quien a buscarte sale, es decir, a servirte cama, alimento, mimo a cambio de un maullido que ella traduce: “gracias”.
No supe, como Lamb, suspender con las manos el vuelo de una golondrina. Apenas llegó un petirrojo a comer detenido en las mías. Muchas cosas se dan al margen de palabras que hayan sabido detenerlas. Que no se pierdan en la sombra las que quizás alguien espere.
***
CORRER EL RIESGO
Entrar a un nuevo día para ver cómo muere. Cubrirme bien los ojos para ver cómo veo. Comenzar una hoja a ver cómo se escribe. Acariciar el hielo para sentirme viva. Leer, releer la palabra y la frase y el rostro. Los rostros, sobre todo, y pesar lo que callan. ¿Intentarlo con pájaros para perder la ruta?
Es un deleite este poemario. Ida, a sus 98 años, sigue lúcida y firme en el uso de la palabra. Nos habla del paso del tiempo, de la cercanía de la muerte y la soledad de saberse viva. Bellísima siempre su poesía.
No soy experta en poesía, así que esta es una opinión completamente subjetiva, basada en las sensaciones que me ha despertado la lectura. Me ha encantado la forma que tiene Vitale de abordar el tema del tiempo, con tanta naturalidad, desprovista de pretensiones y con una sinceridad asombrosa. La autora recoge poemas sobre la vida, el paso del tiempo, la vejez y el pasado. Utiliza objetos cotidianos que encarnan los sentimientos de la voz poética y la trascienden hasta convertirse en la voz del propio lector.
Tal vez lo que más he disfrutado es el equilibrio exquisito que crea Vitale entre el dolor por la pérdida y una esperanza abrumadora, desbordante, que desvela un profundo amor por la vida. Su poesía es conmovedora, elegante y natural, sencilla y accesible. No es de extrañar que la cataloguen de poeta esencialista porque va precisamente a eso: a la esencia de las cosas, a los detalles que hacen la vida inmensa y maravillosa.
Recomiendo este poemario a todo amante de la poesía llena de sentimiento, delicadeza y calidad.
Mi relación con la poesía se basa en un impulso que sale de mi anhelando leer algo que acompañe a mis sentimientos. Hoy me he levantado con esa necesidad ante un día en el que estoy sintiendo demasiado y he cogido un libro de poesía al azar de mi casa. Lo he leído de una sentada adentrarme por completo por él. No es un libro de amor ( y menos mal porque era lo que menos necesitaba), es un poemario al tiempo, a la soledad, a la memoria y al lenguaje. Me ha recordado a Alejandra Pizarnik pero con mayor quietud por un mayor conocimiento de la vida por parte de Ida Vitale. Siento que resonaba con Lluvia Amarilla (pero es cierto que llevo una semana haciendo un trabajo de ese libro y todo lo relaciono con él). No sabía si ponerle 4 estrellas, pero al final es cierto que es lo que hoy necesitaba leer y me alegro de que seguir mi impulso me haya llevado a esta escritora.
Leer poesía es caminar por un bosque en el que el sendero es oculto. Se va descubriendo al andar despacio, haciendo pausas, primero mirando, para después observar, escuchando, aspirando los aromas que despide. Los sentidos abiertos, alerta, para poder descubrir y percibir las maravillas ahí presentes. Éstas pueden ser agradables o ásperas. El paseo por estos poemas es en un bosque templado, con árboles que han vivido muchos años y muestran la experiencia adquirida y la comprensión de su propia existencia.
Amo a Ida Vitale y sus poemas me transmiten mucha ternura. Sin embargo, siento que hay una distancia en su estilo poético que, a veces, no me deja disfrutar de la lectura. A la vez, de pronto encuentro poemas que sí logro comprender y que se me aparecen como joyas escondidas en medio del libro.
Aunque no he logrado disfrutar de los poemas como piezas individuales, sí que se me ha hecho entrañable y cruda la exposición de la vejez y la soledad que conlleva acercarse a la muerte.
“El sobresalto fuera del poema y dentro del poema, apenas aire contenido”
Creo que es un lujo que una poeta de la generación del 45, siga regalándonos poesía hoy en día. Ida Vitale es compañera de generación de poetas como Idea Vilariño o Mario Benedetti.
No la había leído nunca antes y con “Tiempo sin claves” he tenido mi primer acercamiento. Mis impresiones son que los poemas de Ida están cargados de muchísima sensibilidad, tiene muchas alusiones a la naturaleza, las estaciones y lo que las acompaña a su paso; hay espacios para duelos y los que no están. En definitiva, es un poemario muy bello con el paso del tiempo como protagonista.
A mi lectura se le ha sumado un componente de ternura. Ida acaba de cumplir los 99 años. Por lo que estos poemas se cargan más de significado.
Hay versos tan bonitos. Os dejo uno que me ha encantado:
“Hace una vida que empecé a ser, por puro azar, un río que abrazó con sus aguas otro cauce entretejido”
RECURSOS EL sobresalto fuera del poema y dentro del poema, apenas aire contenido. Leer y releer una frase, una palabra, un rostro. Los rostros, sobre todo. Repasar, pesar bien lo que callan. Como no estás a salvo de nada, intenta ser tú mismo la salvación de algo. Caminar despacio, a ver si, tentado el tiempo, hace lo mismo.
No tiendas a pensar, como Isidoro, que la «Etimología» abarca todo, ni afirmes, como Hegel, que la China es, aunque majestuosa, una ruina.
Ten en cuenta que hay soles, muchos soles. No proclames errores, no te inmoles. ¿Despacio por las piedras? Yo diría: rápido por la arena o te hundirías.
Algo cayó sin ruido: fue la tarde, el maltratado amor, lo que no arde.
4/5 ⭐️ Había leído cuentos, pero no poesía de Ida. Me gusta más la poesía, es cruda, tierna y se siente como las hojas de los árboles en las distintas estaciones (si acaso eso tiene sentido).
Cada uno de sus poemas es una profecía para mí. Está en otro nivel, tan certera y precisa. Conmueven mucho sus poemas de vejez. Ojalá no nos deje nunca.
La poesía de Ida es de lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo, es como si estuviera leyendo el objeto del que habla, a ella le gusta demasiado hacer versos sobre cosas, situaciones y sentimientos cotidianos, y es lo que me atrae mucho de su poesía, próximamente me haré un tatuaje con un fragmento de algún poema de su autoría.