Los libros de Peña me recuerdan a ciertos ensayos que hice en la Universidad para esos ramos que no me importaban. En ellos mis argumentos ocupaban sólo unos cuántos párrafos, ante lo cual me veía forzado a rellenar con citas y descripciones de ideas ajenas -señalando previamente que ayudarían a iluminar mis breves argumentos- para alcanzar el mínimo de páginas.
Este libro, perfectamente, podría haber sido el Epílogo. Lo anterior porque el argumento de Peña pareciera ser solo uno: cabe distinguir entre identidades heredadas y aquellas que se eligieron, pues sólo las primeras merecerían reconocimiento. Las otras, por el contrario, apelarían más bien a asuntos de justicia.
Y bueno, por último si vas a ofrecer sólo un argumento en 209 páginas, que sea uno bueno. Sin embargo, el problema de su punto -hay que distinguir entre identidades- es que no considera la variedad de los objetivos políticos de esos grupos con identidades diferentes. Porque claro, tiene sentido distinguir entre los mapuches y los ciclistas, como hace el rector para ilustrar su argumento, si lo que buscasen del Estado y la sociedad fuese lo mismo. Pero lo cierto es que unos exigen escaños reservados en el Congreso y cierta autonomía política y los otros se limitan a pedir ciclovías.
En cualquier caso, me gusta leer libros de Peña porque son una suerte de “filosofía/sociología for dummies”. No vas a encontrar algo nuevo propuesto por el autor pero sí vas a poder aprender, por ejemplo, sobre la discusión filosófica en torno al reconocimiento (capítulo del libro que, por cierto, no aporta en nada y ni vuelve a ser mencionado).