Uno pensaría que un librito como éste, que en gran parte está conformado por ilustraciones, no podría tener demasiado interés. Pero su autor fue uno de los grandes especialistas ingleses de los estudios shakesperianos. Y aunque aquí hace un resumen esencial de lo que se sabía en los años cincuenta sobre este dramaturgo, el acercamiento es inteligente y, sobre todo, evita la gran tentación de muchas de las biografías de Shakespeare: inventar lo que no se sabe. Algunos libros llegan a ser ridículos cuando se dejan llevar por ese camino. Halliday, en cambio, mantiene siempre el freno puesto en el campo de la imaginación. Lástima que las ilustraciones no tengan indicaciones más claras sobre su origen, porque algunas son bastante interesantes.