Damos por hecho que los seres humanos somos egoístas y tendemos al mal. Por eso, resignados, afirmamos que el mal es inevitable. Todo lo que leemos sobre él no hace sino reforzar nuestro punto de partida. Y nos damos por vencidos: no tenemos remedio, el mal de hoy se repetirá mañana. Llegamos incluso a insensibilizarnos ante el horror. Pero ¿y si el mal pudiera pensarse de otro modo? Al recurrir al egoísmo, ¿estamos siendo ciegos a otras posibilidades para entenderlo? ¿Hacemos el mal más por falta de cuestionamiento de lo que realmente lo posibilita que por su carácter consustancial? ¿Tiene sentido reducir el mal a una cuestión de voluntad individual en lugar de abordarlo desde la conformación de la comunidad? Hemos convertido el mal en un sesudo objeto distanciado de reflexión filosófica sin querer detenernos en la cercanía de un mal imperceptible y ordinario que no es tal por ser vulgar, sino porque es una práctica común y corriente y, por tanto, algo compartido por los integrantes de una comunidad. Ana Carrasco-Conde invita al lector a recorrer con ella un camino que agite los prejuicios que nos han llevado a comprender la maldad desde un marco que ha condicionado nuestra mirada. A través de testimonios, este libro pone en cuestión las explicaciones tradicionales del mal y propone pensarlo sin perder ni la distancia ni la sensibilidad.
Es tan necesario su lectura que dificulta en muchas ocasiones el lenguaje y la obligación de abstraerse para entenderlo. Que sea un libro denso no significa que sea negativo, más aún cuando el repertorio bibliográfico es amplio, extenso, y enriquecedor. Invita a subrayar, anotar y volver a él siempre que se dude sobre el bien y el mal. De calado más hondo se encuentra su último apartado, donde la ética y la filosofía se hacen necesarias, formando la base de esta sociedad, cada vez más conflictiva y sin miradas hacia las dinámicas con el ser humano.
Siempre se podrá debatir sobre el mal, pero su disección no puede ser más minuciosa que en este libro. Lo demás será dar vueltas entorno a las distintas ideas que se exponen en él.
Es muy atrapante leer sobre temas tan interesantes y de una manera de discusión en cada párrafo. Si bien se da vueltas en la idea del mal van apareciendo narrativas y distintos puntos de vista, sin embargo, al haber leído antes la muerte en común me parece súper repetitivo el concepto llano de todo tiene que ver con una comunidad y con un nosotros que es un punto verdadero sí pero no desarrollado por la autora. Gran libro y un poco cargado de leer.
"Para no caer en el tópico de reversos o lados oscuros con maldades ocultas, hay que detenerse en lo más cercano, incluso ir más acá para observar la superficie de nuestro día a día. Es aquí donde encontramos cortes, grietas, desgarros y abismos que unas veces pasan inadvertidos, otras no queremos aceptar y otras muchas tendemos a quitarles importancia"