Fue torturada, drogada y abusada de la manera más asquerosa.
Sus bebés murieron en su vientre, mataron a su madre frente a sus ojos para luego despedazarla. La obligaron a convertirse en una mercenaria y como remate, convirtieron a su hermano en un dependiente de HECCAN cuya vida después de múltiplos trasplantes depende de jeringas llenas de veneno.
Glía Santana salió hecha pedazos de la 'Ndrangheta cuando su exnovio y alguien que creyó muerto, la rescataron. Tuvo que internarse en un psiquiátrico para intentar sobrellevar su trauma pues las pesadillas, el dolor y el asco que sentía de sí misma la hacían querer solo una cosa: la muerte. Ansiaba tanto que la mandaran a dormir para la eternidad, pero entendió que eso solamente dejaría más dolor.
Ahora, un año después, está dispuesta a recuperar lo que por tonta dejó ir: su hijo, y aquello que ese mafioso quiso destruir: su luz.
Ella está dispuesta a tomar el control y poder de su vida para así liberarse de aquellas cadenas y grilletes lacerantes que aún siente impregnados en la piel.