Por encima de todo, Duende, primer poemario de Andrea Abello (Mieres, 1997), es una obra de veras original, tanto porque su propuesta es singularmente distinta como porque nos lleva al terreno autosuficiente de la pura invención, presidida por el poder milagroso del lenguaje.
Este compendio deslavazado de cuentos de hadas nos recuerda por momentos a experiencias audiovisuales como la serie de cortometrajes Silly Simphonies (1929-1939). Igual que esas obras primerizas de animación, Duende es una celebración de la pureza de lo creativo, del sinfín de historias que conforman el mundo, apoyándose menos en las necesidades narrativas que en el libre desarrollo de sus motivos, colores, ritmos y personajes.
En lo profundo y desconectado de una selva inaccesible a la que accedemos de pleno, Andrea Abello invoca a una criatura que nos invita a seguirla en una danza atávica e infantil, a través de la simpleza de la risa y el alborozo. Aunque atisbamos los pedazos de los cuentos y relatos con los que seguramente se construye el texto, somos arrastrados sin cesar por un magnetismo poético que nos obliga a ignorar sus peripecias y nos entrega a cambio la intensidad de su energía.
Este poemario es brillante y redondo. Es una mezcla de cuentos de hadas, de mitologías, de Asturias y un pellizquito de La Mancha, lleno de naturaleza, de sabores, de colores, el agua y la tierra, animalillos del bosque y del fondo de la poza, oscuro y luminoso, alegre e hiriente. Es una historia, la historia de una criatura que se redime, que se renombra y renace, que ocupa, por fin, el espacio que le pertenece.
«Cuando digo Duende digo algo o alguien que poco a poco se transforma en el duende y se aparta del duende».
Hay pocos libros que se sienten un inicio de algo, una pequeña raja en una tela, un mueble que se mueve de repente y el espacio cobra un nuevo color. Este es uno de ellos.
Es un poemario que nunca pierde su carácter propositivo, y eso lo encuentro muy valioso. Dicho esto, la mayor de sus virtudes no está exenta de ambigüedades: Abello juega a romper semánticamente el texto con una agilidad que multiplica las referencias, que hace que las imágenes se amontonen y el lector se encuentre pronto, en cuatro giros lingüísticos, con una enorme variedad de mundos posibles. Este ejercicio de discontinuidad se extiende hasta el final del libro —la autora es siempre fiel a su propuesta— y ningún mundo se sedimenta, todos quedan trazados en su potencia, con lo que al final acabo con la sensación de que el lenguaje de 'Duende' se dirige mayormente hacia sí mismo, hacia sus operaciones internas. Pero decía que es una virtud ambigua porque, ante todo, me parece una virtud: creo que este es un libro lleno de imaginación, impredecible en sus desplazamientos y cargado de posibilidades.
"el problema es que con él revoloteo y todos pensaremos lo buena que es y quién no quiere revolotear y ser buena, quién no quiere olvidar su piel lanuda, saberse ranita, saltar fuera".
"y sé que sigue viva porque aún si poso la lengua en su lomo moriré los ojos siembre abiertos despistados si ella muere morirá este veneno si ella muere nadie más morirá nunca"
Leer Duende es una experiencia que te atrapa desde lo maravilloso para descolocar completamente el lenguaje que conocemos. Una propuesta original y mágica en la que todo el mundo debería adentrarse.
Ocurre que hay libros que son suertes. No penséis en buenas o malas, porque entonces os diría que os estáis equivocando, pero, diciendo esto, Duende sabría que soy yo quien se equivoca. Veis por dónde voy? Pues no veis por dónde va Duende. O sí? O si? Andrea Abello deja abiertos huertecitos extraños de cuentos y abono de medusa. Son poemas. Y hay magia. Pero más. Escuchas cómo nos habla en increíble? Yo voy a volver y, si vuelves conmigo, puede que volemos juntas. Pegaditas. Paladeando. No sé, me gusta viajar así. Arrunruinada. Natural. Brillante.
Puede que no sea el mejor libro de la historia porque dentro de poco se publica el nuevo poemario de Andrea Abello. Y en un tiempo, una novela. Top 3 seguro, entonces.
"no llegan los pájaros porque ya somos mayores para levantar el dedo y fingirnos rama"
"quién no quiere revolotear y ser buena, quién no quiere olvidar su piel lanuda, saberse ranita, saltar fuera."
"nosotras no queremos más que reposar las madrugadas de verbena"
Cuando comencé el poemario me sentí arrastrada por una corriente, al principio muy gustosa, calmante, disfrutona, pero a medida que iba avanzando, la corriente me hundió, no era capaz de comprender lo que me quería decir su poesía, ambigua y críptica. Pero entonces fue cuando me dejé llevar y salí a flote, me di cuenta de la increíble capacidad evocadora de cada uno de los poemas, tanto de imágenes como de sensaciones, y del potente uso semántico y léxico que los hace únicos. Animo muchísimo a experimentar esta lectura, sales mucho más llena de lo que entraste.
Simplemente maravilloso. Un libro mágico en el que cuánto más intentas descifrar menos lo logras. El momento en el que simplemente te permites sentir y te dejas llevar es cuando te adentras realmente en este mundo desconocido fascinante.
«el guía baila si miro se desvanece si no miro canta muy lejos los rudimentos necesarios para mantener aleteantes los corazones que desaguan ábacos. ¿cuántas duendes cuento si todas son luciérnagas igual de fatuas?