Calificación real: 4.09
"Lo peor del miedo no es el miedo, sino el tiempo del miedo. El alargamiento de la interpretación errada, no saber hasta cuándo."
Morir es un color de Mario Marín es una novela profunda y conmovedora que se adentra en los rincones oscuros de la mente humana, donde se exploran temas complejos como las enfermedades mentales, la lucha interna con la desesperanza y la constante búsqueda de conexión en momentos de crisis. El protagonista, Santi, un hombre de 47 años, atraviesa una crisis existencial que lo lleva a un centro psiquiátrico tras un episodio crítico de salud mental. En este lugar, entabla una amistad significativa con Carmen, otra paciente que, al igual que él, carga con un pasado doloroso. A lo largo de la novela, Marín nos lleva por un viaje introspectivo donde el vacío emocional y la desconexión con la vida se convierten en los principales antagonistas de Santi, mientras él se enfrenta a sus propios recuerdos y luchas internas, y una relación compleja.
El tema de la muerte está presente de manera constante en la novela, no solo como un evento físico, sino como un estado emocional y sensorial que rodea la existencia de Santi. El título Morir es un color refleja esta idea al presentar la muerte como una experiencia llena de matices y sensaciones, casi abstracta, que se siente como un color que puede evocar emociones diversas, tanto de vacío como de plenitud. A lo largo de la obra, el autor también toca otros temas importantes, como la amistad y la familia, que se entrelazan con la idea de la muerte, explorando sus aspectos más oscuros y sus luces, dependiendo del contexto y las vivencias de cada personaje. En particular, la relación entre Santi y Carmen juega un papel crucial, mostrando cómo las conexiones humanas pueden ser una fuente de consuelo, aunque también están marcadas por el dolor y la carga de los traumas pasados.
Los personajes están desarrollados con una complejidad que los hace profundamente humanos. Santi, el protagonista, es un personaje con el que resulta fácil empatizar, pues su lucha contra la desesperanza y el vacío emocional es desgarradora y auténtica. Sin embargo, la narrativa parece desviar su enfoque hacia Carmen, cuya historia personal, especialmente la relación con su padre, se convierte en un tema recurrente que eclipsa a Santi en varios momentos. A pesar de que la obra se presenta como una reflexión sobre la vida de Santi, la historia de Carmen termina tomando el protagonismo, lo que resultó frustrante para mi que esperaban un cierre más completo para el arco del personaje principal. Otros personajes, como el padre de Santi y Marta, la psiquiatra, aportan una carga emocional importante, pero su presencia en la trama es limitada y, en algunos casos, se sienten más como figuras simbólicas que como personas reales. Un punto de frustración adicional es la falta de resolución en torno a la razón inicial por la que Santi se encuentra en el centro psiquiátrico. Aunque hay un momento de clímax en torno a este tema, la novela lo deja sin cerrar adecuadamente, lo que resta algo de cohesión a la obra en su conjunto.
El estilo narrativo de Marín es directo y sin adornos, pero también poético y cargado de una introspección profunda. La mezcla de lenguaje coloquial con reflexiones filosóficas da a la novela una voz única, aunque los largos párrafos y la densidad de las descripciones introspectivas pueden resultar un desafío. La estructura de la novela, que alterna entre los recuerdos de Santi, su presente y la historia de Carmen, crea una dinámica narrativa que, si bien inicialmente resulta cautivadora, eventualmente se ve dominada por la historia de Carmen, dejando de lado la vida de Santi.
Morir es un color invita a reflexionar sobre la vida y la muerte, mostrando cómo la percepción de la muerte como algo tangible, casi visual, puede ser más dolorosa y persistente que la idea de un final espiritual o un apagón. La novela ofrece una mirada única sobre la salud mental, abordando la importancia de la empatía y las conexiones humanas en la lucha contra las heridas invisibles.