Una de las figuras que más está sonando en los libros en el país es el nombre de Lola Ancira, nacida en Querétaro (México) en 1987, siempre tuvo el gusto por las letras, empezando a escribir desde los 15-16 años. Ancira comenta que empezó leyendo a grandes cuentistas cuando pudo como Poe, Quiroga, Gustav Meyrink, Jorge Luis Borges y que de ahí nace su amor por el cuento. De esa época se desprenden los cuentos de éste su primer libro publicado gracias a una convocatoria donde el premio precisamente era ser publicada.
Aunque se le asocia mucho con el terror, en éste primer acercamiento con la autora hay más de lo fantástico y lo extraño. Dicho por ella misma, trató de hacer algo con un lenguaje más complicado y sí, además que se nota que está todavía muy influenciada por sus admirados escritores y aún está buscando su propia voz.
Entrando a la obra, siempre he visto los libros de cuentos o relatos como una especia de “tracklist” literario, el editor, autor o quien decida en que orden deben estar los cuentos debería preocuparse por las sensaciones que se van acumulando, uno tras otro, hasta que al final quedé un sabor de satisfacción en el lector, incluso si el primero no fue el mejor o el peor debe existir un progreso en la lectura y aquí se da eso, de hecho, el inicio es el que a mi parecer se aleja más de todo el conjunto, directamente bebiendo de Meyrink el libro arranca con Dédalo a medio camino entre lo surreal y lo onírico, la protagonista del cuento está encerrada en su casa y ve pasar los años y los cadáveres mientras un Hipopótamo aparece de vez en cuando (¿?). La verdad el cuento menos logrado y, para que mentir, el que no entendí del todo.
El segundo cuento titulado Paygame me parece retoma un poco la filosofía de Meyrink, donde los sueños y esperanzas son el artífice de la decadencia del ser humano, sin embargo abandona la forma tan críptica del primero y en forma de “estudio” nos habla del estado del sueño. El siguiente es Permanencia, que sigue la estela de lo onírico, de lo indivisible del mundo terrenal y el astral, es curioso que de alguna forma estos 3 primeros cuentos me recuerdan mucho al autor antes mencionado, como una pequeña trilogía en su honor, a partir de ahí cambia el rumbo de los relatos.
1 192 631 770 cuyo tema es más cercano a un efecto mariposa y viajes en el tiempo por decirlo de alguna forma. Atavismo ficcional nos narra la obsesiva colección del protagonista a partir de la muerte de su abuela. Cosmogonía de las parafilias (o de superpoderes a parafilias) nos sitúa en un futuro distante donde la especie humana alcanza la inmortalidad y nos describe, como su nombre dice, las filias que han alimentado a la humanidad. En Los infortunios de Vigilus Haufniensis un matrimonio consigue las materias primas para sus obras plásticas de la forma más orgánica posible. Legado es sobre un amante que deja su voz para seguir acompañando a su amor. Un inminente progreso habla sobre un viejo ermitaño que abandona su departamento para encontrase lo absurdo de nuestro mundo consumista, un relato con bastante humor. Y así se van sucediendo las historias, donde Ancira nos demuestra su capacidad de tocar varios temas.
Creo que sería necedad describir cada uno, pero es importante dar cuenta de los versátil que puede ser la autora en abordar distintas cuestiones desde su primera obra publicada. Todavía nos encontraremos con cazadores mitológicos, aquelarres, voyerismo y un relato urbano en Nómada que me pareció de lo mejor del libro al condensar en tan poco el espíritu de animal nocturno de la CDMX.
Su escritura cambiante dependiendo de lo que quiera contar, pero siempre clara, encontrando atavismos a los poetas malditos. La autora muestra desde éste primer acercamiento sus propias filias. En sus breves relatos encontraremos la mejor tradición de la fantasía, lo extraño y lo delirante. Si bien aquí hay una influencia muy marcada de los escritores mencionados al principio, Ancira demuestra ser una digna heredera de aquellos sueños febriles que sólo en pocas plumas pueden ser tan exquisitos.