Aunque disfruto ir a teatro, no suelo leer dramaturgia; la encuentro poco fluida y, al mostrar el montaje que imagina el autor, me cuesta conectarme con las historias. Si decidí salirme de mi zona de confort y leer este libro, fue solo porque lo recomendó mi librero de cabecera (en quien confio ciegamente en este punto) y porque, seamos sinceros, después de lo vivido en los últimos años encuentro irresistibles las historias sobre pandemias apocalípticas.
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Esta obra parte de una premisa que ya es un clásico de las distopias apocalípticas: la división de la humanidad en dos grupos. En este caso, un virus bioterrorita diezmó a la humanidad y con el tiempo causó una mutación genética en algunos, haciéndolos más inteligentes, progresistas y pacíficos pero con alergia mortal a la luz solar, por lo que solo pueden salir de noche: los nox. De otro lado está los curios, humanos normales, más apegados a sus emociones que a la racionalidad, para bien y para mal. Contrario a los eloi y los morlocks de H.G. Wells, los nox y los curios conviven en relativa armonía, salvo porque los primeros, que se vuelven mayoría, controlan la política y economía de la sociedad.
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Más allá de la premisa, lo interesante de la obra es que muestra la dicotomía entre la racionalidad de los unos, más dada al pacificismo pero también al pragmatismo utilitario, y la emocionalidad de los otros, inclinada a la violencia pero también a la empatía. Esas diferencias nos hace enfrentar con una paradoja: quizás la sociedad que bienintencionadamente queremos construir (muy parecida a la de los nox), no es necesariamente lo que necesitamos; lo cual tampoco quiere decir que la que tenemos actualmente (similar a la de los curios) es lo mejor que podemos tener.
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No creo en el destino pero tampoco me gusta planear; soy de esos que espera que la vida simplemente vaya encajando. No sé si Maekawa piense lo mismo, pero sin duda su experiencia demuestra que si es posible: abandonó el colegio porque este ya no se adaptaba a sus necesidades, y ya que sus padres lo desheredaron, decidió recorrer el país en moto, durmiendo en los templos budistas que eran gratis; cuando se cansó de asa aventura, trabajó en restaurantes con la intención de ser chef, hasta que su hermano, quien era el verdadero "intelectual" de la familia, lo convenció de leer más y así, comprando libros usados se interesó en las letras, tomó un examen de ingreso a la universidad, y empezó a estudiar filosofía y letras; estando en esas, se interesó en el cine e incluso hizo parte de un club, pero un día, luego de asistir a una obra de teatro (del cuál no era muy aficionado), se enteró de que los miembros de la compañía no recibían sueldo por actuar sino que debían poner de su propia bolsillo para hacerlo, fenómeno que le cautivó porque, contrario al cine, hacia que la obra no dependiera de un financiador. ¡Se dedicaría al teatro!
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Hoy, Maekawa es uno de los dramaturgos más respetados no solo en Japón sino en el mundo, especialmente porque sus obras, profundamente pscologicas, combinan la ciencia ficción y el horror con la filosofía budista y Zen, no desde un punto de vista religioso o espíritual, sino filosófico, de modo que sus personajes no luchan contra las adversidades sino que intentan lidiar con ellas reconociendo sus propios límites. ¡Un poco como su propia vida!
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Sus obras exploran la psiquis humana del miedo desde la perspectiva del "otro mundo", de "la otra orilla", y de hecho su compañía de teatro, Ikiume, puede traducir eso, "la otra orilla", aunque también puede ser "enterrado en vida".