Maldeojo es una novela que exuda extravagancia desde sus primeras páginas (tanto en la trama como en la forma de narrarla), y aunque al principio esto me resultó algo confuso, pronto empecé a dejarme envolver por la atmósfera que Ruales crea para contar la extraña historia de Ríoseco, un pueblo de costumbres arraigadas cuya perdición se ve plasmada en la figura de Chela, la muchacha hermosa por la que todos los hombres del pueblo enloquecen.
El vocabulario empleado por Ruales es en extremo coloquial, mezclando refranes del dicho popular con expresiones que muchos catalogarían como vulgares, para darle a Ríoseco una autenticidad de la que muchas novelas parecidas carecen. Y ojo, esto no significa que Maldeojo sea una novela realista, pues desde el primer capítulo es claro que la historia más parece tener lugar en medio de una leyenda que en el mundo real.
Un carácter fantástico impregna la narración de la novela, logrando una narración híbrida que le da un aire entre realismo mágico y parábola bíblica. Y aunque la idea de una comunidad que poco a poco comienza a degradarse hasta terminar convertida en pueblo fantasma, es común en la literatura latinoamericana (y ciertamente, es fácil dibujar paralelos con Macondo o Comala), Ruales le da a la historia de Ríoseco un estilo indudablemente propio y digno de ser leído.