3'75⛵.
Me ha pasado una cosa curiosa con este libro: un minuto estaba enganchadísima y al siguiente notaba el interés decaer, incluso dentro de una misma línea temporal, de ahí la nota.
A pesar de la nota, en conjunto y como novela presentación de la organización BOX 88 y Lachlan "Lockie" Kite está muy bien: tiene buen argumento, oscilando entre 1989 y 2020, con raíces en la revolución iraní; buenos personajes, con Lockie Kite a la cabeza, seguido de Cara y Martha de joven; y buena ambientación: Escocia, internado inglés, Francia.
Me ha gustado la comparación entre el Lockie de 1989 y el de 2020. Y, aunque a la versión casi cincuentona Lockie2020 no la conocemos gran cosa, la versión adolescente me ha gustado mucho: un chaval serio, responsable, inteligente, avispado, con recursos, valiente, con las ideas claras y sensible. Entiendo que en las siguiente entregas iremos viendo cómo los años generan al Lockie de esta década.
Martha, también versión adolescente, me ha gustado, creo que promete. Aunque más de fondo, pinta bien como personaje, interesante, madura y contrapeso de Lachlan. La introducción de Cara a lo largo de la novela la he disfrutado mucho, sobre todo en comparación con la joya con dientes que es Tomkins (**eyeroll**).
El resto de personajes secundarios también están conseguidos: Billy Peel, Strawson, Rita; los Bonnard, la madre de Lockie; y, entre ellos, destaco a Bijan por lo que representa y el baño de realidad que le da a Kite, y a Ali Eskandarian por lo gris de su situación, en gran parte con la ayuda de las agencias de inteligencia internacionales...
Acción como tal hay poca, es espionaje del siglo pasado y espionaje s.XXI. Astucia, equipos, micrófonos, seguimientos... Ha habido un momento en que Kite compara los métodos de 1989, casi infalibles por la importancia de la parte humana y del trabajo de seguimiento y estudio, y los métodos de 2020, cuando se pueden anular los móviles con aparatos y perder el objetivo sin más.
La pena es que ha habido unos cuantos momentos en que perdía el interés, no sé decir si ha sido cosa mía o cosa del libro, pero era como una montaña rusa, subiendo, subiendo y, de repente, desinfle, hasta el punto de que había veces en que me daba pereza retomarlo por si me topaba con una parte que me resultara más tediosa. Puede parecer poca cosa pero a mí me ha dejado un regusto un poco amargo.
PS. Por cierto, un Ali Eskandarian existió: músico, su familia huyó durante la Revolución de Teherán y fue asesinado en 2013 en Brooklyn.