El texto de Boher se presenta como un viaje en tren en el cual tu cabeza va apoyada a la ventana, pero te vas quedando medio dormido. Las imágenes se van superponiendo unas a otras, con una pérdida de por medio, una y otra y otra vez. La falta de una cohesión gramatical, que se repite en la construcción de un verso quebrado, pero no mucho, se condice con estas imágenes que no logran conectarse en una propuesta de lectura. Es un poemario sobre la no-capital, lo regional, pero al mismo tiempo es un collage a medias.
hay algo íntimo en este libro. creo que son los paisajes y los espacios cotidianos pero ajenos que se describen. el sol, la playa, el cemento hirviendo, pueblos que nunca he visto y uno donde viví toda mi vida. fue muy sanador leer este poemario, e inspirador también. yo también quiero escribir, boher, y lo haré