Desde las primeras páginas, a mí me tuvo ganado. Una historia casi perfecta que estira la suspensión de incredulidad hasta su límite sin llegar a romperla. Todo baila al mismo ritmo: unos deslumbrantes cambios de escenario que acechan a cada vuelta de página, un desarrollo de personajes creíble y emotivo, un feminismo natural alejado de clichés y de la corriente de lo políticamente correcto, y un llamamiento a la nostalgia –tan de moda– que es más que efectivo. Y también, alegoría de la adolescencia y su paso hacia la madurez, con su mala hostia y sus irremediables e irrefrenables ganas de cambio.
Y va a más (valga esta reseña para toda la obra). Cada capítulo suma un nuevo misterio en una historia que no pierde el ritmo en ningún momento, para llegar a un desenlace vertiginoso y un último capítulo muy tierno.
Quizá nada resulte totalmente novedoso ni innovador. Hay una larga tradición por detrás y las referencias son evidentes, pero eso tampoco le resta interés. Muy recomendable.