Este libro combina dos mis gran amores, el derecho y la biología. Leyes, neuronas y hormonas es un libro muy bien argumentado que pretende demostrar que la biología y el derecho ya no podrán estudiarse por separado. Como estudiante de derecho, te enseñan que esta ciencia social es el conjunto de normas jurídicas que rigen la conducta de las personas en sociedad. Sin embargo, es indiscutible que la biología comprueba el cómo y por qué del comportamiento humano. Está muy interesante cómo el autor aborda ambas perspectivas, demostrando que su separación (de conceptos) pronto desaparecerá para tener mejores sociedades en búsqueda de homeostasias y armonía.
Habiendo leído ya muchos libros sobre neurociencia, derecho y comportamiento humano, llegué a este título (curiosamente, el primero que leo en español sobre el tema). No diría que aporte grandes ideas nuevas ni revelaciones impresionantes, pero sí me hizo reflexionar en varias cosas.
El libro toca temas como: • Las drogas y el cerebro: recordé que nuestro bienestar depende en parte de sustancias y hormonas que el cerebro produce… o no. Hay personas que no pueden generarlas. La pregunta incómoda es: ¿qué tan lícito es negarles el acceso regulado a sustancias que podrían ayudarles, condenándolas en la práctica a ser siempre infelices? • El apego: como simpatizante de la filosofía budista siempre vi el apego como enemigo. Aquí matizo esa visión: el apego también es lo que nos conecta con hijos, pareja, padres. Es muy difícil no sentirlo, y quizá es precisamente lo que nos hace humanos. • El miedo: pasé años intentando “vencerlo”, pero el libro me recordó que el miedo también ha sido un mecanismo de supervivencia de nuestra especie. • Biología y derecho: muchas de nuestras leyes y reglas nacen de nuestra biología; la mayoría ni siquiera piensa en violarlas, otros sí, y por eso existen los castigos. El libro plantea una pregunta interesante: si algún día pudiéramos controlar o modular esa parte biológica que nos lleva a actuar fuera de la ley, ¿seguiría siendo necesario castigar como hoy lo hacemos?
También me resultó muy interesante la parte sobre el futuro del derecho y la IA. El libro, publicado en 2021, ya hablaba de un primer asesor legal programado con Watson. Hoy la inteligencia artificial está mucho más avanzada y ya puede ayudar a abogados y quizá, en el futuro, a jueces. ¿Llegaremos a ver casos resueltos mayoritariamente por “juzgadores de IA”?
Como lector mexicano, me pegó especialmente el contraste con nuestra realidad: si el libro “supiera” cómo se eligen ahora muchos jueces en México, el propio autor —mexicano— probablemente se deprimiría. Hemos perdido independencia y seriedad en el poder judicial. En lugar de ir hacia adelante, pareciera que vamos hacia atrás.
En conclusión: no es el libro más original que haya leído sobre el tema, pero sí es un buen detonador de preguntas incómodas sobre biología, libertad, castigo, justicia y el impacto de la IA en el derecho. Solo por eso, para mí vale estas cuatro estrellas.
Empecé este libro algo escéptica porque estos approach darwinistas sobre predisposiciones genéticas en la ciencia jurídica tienden a ser un tanto (o profundamente) racistas, pero este libro fue una grata sorpresa ya que solo expone hechos científicos; sociales, psicológicos y físicos-anatómicos, que pueden influir en conductas sociales y plantea la pregunta de si el derecho se queda atrás al no reconocerlos y/o considerarlos en la impartición de justicia. Buena lectura :) cero pesada y casi 100% libre de abogañol
¡Fascinante! Ampliamente recomendado para todo aquel interesado en conocer la relación entre ciencias cognitivas, de la salud, biológicas y el derecho. Bibliografía amplia y exposición amena.
Un ensayo que como abogado disfrute y además concluye con más dudas que respuesta y que permite replantearse cómo es que se seguirá ejerciendo la abogacía. Muy interesante.