El Convivio es un libro bastante complejo, inusual: más bien medieval. Se trata de un banquete al que Dante nos invita, un tratado dividido en cuatro partes que versa sobre múltiples temas. Ya desde el primer apartado el autor es explícito, nos dice: 'mi deseo es que mi liberalidad se cumpla'.
El proyecto del Convivio es tan ambicioso como el de la Commedia, pero en este caso lo que tenemos es una forma que va más allá (como sucede en la Vita Nuova) de la mera forma del poema; en palabras de Teodolinda Barolini estamos ante una contaminatio entre lírica y narrativa, un comentario en prosa de una serie de «canzoni». Estas canzoni son poemas que el autor nos irá comentando en pos de hacerse entender. Es muy importante poner a Dante en su lugar, y ya me he referido en otra review a este fenómeno tan particular de su lírica: la tríada VN (espacio fundante de su obra), Convivio (este híbrido entre la Ética aristotélica y la poesía más lograda de sus Rime) y la Commedia que vendría a ser la forma acabada y final de su obra. De algún modo el Convivio -libro que queda inconcluso, seguramente abandonado por Dante al ver que su verdadera obra ambiciosa era la Commedia, quizá llegando a la certeza de que lo realmente perenne en literatura es la lírica, siguiendo los pasos de Virgilio entre otros modelos que son importantísimos para el autor- es ese espacio intermedio entre el fabuloso emprendimiento de la DC y ese comienzo que puede llegar hasta a parecer tímido, o decididamente lírico (con vistas a un libro de estas dimensiones), como es la Vita Nuova.
Creo que lo que nos aleja del Convivio es la densidad de su lenguaje (por momentos es pomposo y vueltero), como nos sucede al enfrentarnos a la prosa de Aristóteles, la necesidad de Dante de exponer en términos absolutos la forma de su pensamiento, las bases de su filosofía y no dejar nada al azar en un intrincado sistema (alucina pensar en este autor exiliado en la Edad Media preparando un plan de escritura para un libro como este), que puede por momentos cansar o generar cierto tedio. La realidad es que Dante logra simpatizarnos de todas maneras por lo infantil de su lenguaje, por su gracilidad y la inocencia de su genio, por su manera tan propia de elaborar imágenes y su pasión, que era algo evidentemente intrínseco a su naturaleza. Nos dice: "Muéveme temor de infamia, y muéveme el deseo de enseñar una doctrina que otro en verdad no puede ofrecer. Temo haber seguido la infamia de tanta pasión como creerá haberme dominado quien lea las susodichas canciones; la cual infamia cesa con este hablar yo de mí mismo por entero; el cual demuestra que, no la pasión, sino la virtud, ha sido la causa por que me moví. Es mi intención también mostrar el verdadero sentido de aquéllas, que nadie puede ver si yo no lo cuento, porque está oculto bajo figura de alegoría; y esto no solamente proporcionará deleite al oído, sino sutil adiestramiento para hablar así y entender los escritos ajenos". Aquí vemos la naturaleza del proyecto: pretende, por un lado no ser difamado por contrincantes, para lo cual es necesario explicitar el sentido de sus canciones; a su vez quiere ocuparse de la virtud, diferenciándola de la pasión, que es un tema que lo ocupa por entero y debe pensarse siempre tanto desde la perspectiva aristotélica como en su relación con Dios, el Dios cristiano que hará posible el espacio mítico en el que se desarrolla la DC posteriormente y que está fundado en estos mismos valores. Nos dice que sus canciones alegorizan, pero que a su vez dan "deleite al oído". Aquí vemos la importancia en términos formales para el autor, pero también lo englobador de su proyecto. Después agrega: "mi escrito, al cual puede llamársele casi Comentario, está dispuesto para quitar los defectos de las canciones susodichas, y tal vez sea un poco duro en algún pasaje. Dureza que es aquí consciente, y no por ignorancia, sino para evitar un defecto mayor. ¡Pluguiera, ay, al Dispensador del universo que la causa de mi excusa no hubiese existido nunca! Que así nadie me hubiera faltado ni yo sufrido pena injustamente; pena, digo, de destierro y pobreza. Pues que plugo a los ciudadanos de la muy hermosa y famosísima Florencia, hija de Roma, arrojarme fuera de su dulcísimo seno -en el cual nací y me crié hasta el logro de mi vida, y en el cual, y en buena paz con aquéllos, deseo de todo corazón reposar el cansado ánimo y acabar el tiempo que me haya sido concedido- por casi todos los lugares a los cuales se extiende esta lengua, he andado mendigando, mostrando contra mi voluntad la llaga de la suerte, que suele ser imputada al llagado injustamente muchas veces. En verdad, yo he sido barco sin vela ni gobierno, llevado a diferentes puertos, hoces y playas por el viento seco que exhala la dolorosa pobreza y como vil he aparecido a los ojos de muchos, que tal vez por la fama me habían imaginado de otra forma; en opinión de los cuales, no solamente envilecí mi persona, más disminuyó de precio toda obra mía, bien de las ya hechas, ya de la que estuviese por hacer. La razón por que tal acaece -no sólo en mí, sino en todos- pláceme apuntar aquí brevemente; primero, porque la estimación sobrepuja a la verdad, y luego porque la presencia empequeñece la verdad."
Tras este impresionante preámbulo avanzamos hacia el tema de la lengua: Dante elige escribir este tratado en vulgar, no en latín. Ya he hablado sobre esto así que avanzaré aún a pesar de la necesidad de enunciarlo a modo de salvedad, pero lo que más me interesa son las causas que da para hacerlo:
1) temor de desorden inconveniente (?)
2) prontitud de liberalidad (nivel)
3) natural amor al habla propia (<3): para después justificar: "Digo que el natural amor mueve principalmente al amador a tres cosas: es la una, magnificar al amado; la otra, ser celoso de él; la tercera, defenderlo, como puede verse que continuamente sucede. Y estas tres cosas me hicieron adoptarlo, es decir, a nuestro vulgar, al cual natural y accidentalmente amo y he amado". Y: "Movióme a ello, además, el defenderlo de muchos acusadores, los cuales menosprécianle a él y encomian los otros, principalmente al de lengua de Oc, diciendo que es más bello y mejor aquél que éste, apartándose con ello de la verdad. Que por este Comentario se verá la gran bondad del vulgar de Sí, pues que -como se expresan con él casi como con el latín conveniente, adecuada y suficientemente altísimos y novísimos conceptos- su virtud no se puede manifestar bien en las cosas rimadas, por los adornos accidentales que en ellas están permitidos, es decir, la rima, el ritmo y el número regulado, del mismo modo que la belleza de una dama, cuando los adornos del tocado y de los vestidos hacen que se la admire más que a ella misma. De aquí que quien quiera juzgar bien a una dama la mire sólo cuando su natural belleza está sin compañía de ningún adorno accidental; así como estará este Comentario, en el cual se verá la ligereza de sus sílabas, la propiedad de sus condiciones y las suaves oraciones que de él se hacen; las cuales, quien bien considere, verá estar llenas de dulcísima y amabilísima belleza".
Tras esta introducción que ha sido el Tratado Primero, nos sumergimos en lo que será el Segundo. Aquí veremos la primer canzon del libro: "Voi che ’ntendendo il terzo ciel movete". Pueden buscarlo en internet pero no pienso traducirlo ni analizarlo de ningún modo: me encomiaré a las palabras de Dante. Aquí expone entonces su particular modo de entender la naturaleza de un poema. Cito: "los escritos se pueden entender y se deben exponer principalmente en cuatro sentidos. Llámase el primero literal, y éste es aquel que no avanza más allá de la letra de las palabras convencionales, como sucede en las fábulas de los poetas. El segundo se llama alegórico, y éste es el que se esconde en una verdad oculta bajo un bello engaño. Como cuando dice Ovidio que Orfeo con su cítara amansaba a las fieras y llevaba tras de sí los árboles y las piedras, lo cual quiere significar que el hombre sabio amansaría con el instrumento de su voz y humillaría los corazones crueles y moverá de acuerdo con su voluntad a los que carecen de la vida de la ciencia y del arte, pues los que no tienen vida racional alguna son casi como piedras. (...) El tercer sentido se llama moral; y éste es el que los lectores deben intentar descubrir en los escritos, para utilidad suya y de sus descendientes; como puede observarse en el Evangelio, cuando Cristo, subiendo al monte para transfigurarse, de los doce apóstoles llevóse tres consigo; en lo cual puede entenderse moralmente que en las cosas muy secretas debemos tener poca compañía.
Llámase el cuarto sentido anagógico, es decir, superior al sentido, y es éste cuando espiritualmente se expone un escrito, el cual, más que en el sentido literal por las cosas significadas, significa cosas sublimes de la gloria eterna; como puede verse en aquel canto del Profeta que dice que con la salida de Egipto del pueblo de Israel hízose la Judea santa y libre. Pues aunque sea verdad cuanto según en la letra se manifiesta, no lo es menos lo que espiritualmente se entiende; esto es, que al salir el alma del pecado, se hace santa y libre en su potestad".
Esta división en cuatro categorías que nos puede resultar tan ajena, es el principal motor de la poesía dantesca, y principalmente de la Comedia. Desde mi humilde punto de vista no creo que haya que respetarlas a rajatabla, bajo ningún aspecto, pero son interesantes para ver cómo Dante pensaba el propio desarrollo de su poesía y el nivel de trabajo que le insumía.
Tras esta exégesis comienza con el delicado análisis de su propio poema donde menciona a Beatriz: "que vive en el cielo con los ángeles y en la tierra con mi alma". Este procedimiento se asemeja muchísimo al de la VN, pero posteriormente se meterá con temas mucho más hondos. Un buen ejemplo de eso es el tema del tercer cielo: aquí entra en juego el motor teológico de su obra (emparentado con la filosofía) y el tema de la inmortalidad del alma, que sin duda darán después consistencia a la divina lógica del Paraíso.
Más adelante, en el octavo apartado, nos dirá que ya no desea hablar más de Beatriz en este libro para enfocarse en el tema de la Filosofía, materia en la cual tiene por maestro a Aristóteles. Salvamos aquí graves diferencias con la Comedia, en la cual su gran agente es su mujer Beatriz (tema que se abandona), y su maestro un poeta: Virgilio, el de la parola ornata. Y nos advierte: "ninguna ciencia demuestra el propio objeto, sino que lo presupone".
Esto nos lleva sin demora al Tratado Tercero y con éste, la Canción segunda: "Amor che ne la mente mi ragiona". Este poema es cantado por Casella en una fabulosa escena al comienzo del Purgatorio. Este poema no se encarga de esa dimensión teológica: el tercer cielo, pero se enfocará en temas igual de importantes en esta doctrina que hibridiza teología, poesía y filosofía. Hablamos de que Dante está fundando una nueva manera de escribir, y para eso se enfoca en lo más inefable, aquello que es inaccesible a la lengua: el amor. Este amor no es el amor cortés de los trovadores, de donde sin embargo toma su génesis, aquí el amor ha alcanzado una dimensión divina y trascendente. No tiene que ver con un "deleite sensible", cito a Dante: "dije que amor me hablaba en la mente, para dar a entender que este amor era el que nace en aquella nobilísima naturaleza, es decir, de la verdad y la virtud, para excluir de mí toda falsa opinión, por la cual se sospechase que mi amor fuese tal por deleite sensible. Digo luego con gran deseo para dar a entender su continuidad y su fervor. Y digo que me trae frecuentemente cosas que hacen desvariar al intelecto, y digo verdad; porque mis pensamientos, hablando de ella, muchas veces querían deducir de ella cosas que yo no podía entender, y desvariaba de tal modo, que exteriormente casi parecía alienado, como quien mira con la vista en línea recta, que primero ve las cosas próximas claramente; luego, siguiendo adelante, las ve menos claras; luego, más allá, duda; luego, siguiendo mucho más allá, perdida la vista, nada ve.
Y ésta es una de las inefabilidades de lo que he tomado por tema".
"Una de las inefabilidades", nos dice. La otra, nos explica, es el hecho de que "la lengua no es completamente secuaz de aquello que el intelecto ve", por esa razón es que precisa entonces de dos niveles: por un lado de la lengua, aquello que el intelecto puede expresar a nivel de sentido, pero otra aún más importante (la verdadera clave en Dante), que es la que refiere a la "dulzura del sonido" y que hace posible sentir: esto nos hace estar en presencia de la fundación de una poética.
Me meteré de lleno ahora, por último, con el Tratado Cuarto donde leemos la tercera (la vencida) y última canzon: "Le dolci rime d’amor ch’i’ solia". Dante nos dice de esta canción: "Y para huir de la ociosidad, principal enemiga de esta dama (aclaro, la nobleza, que es el problema que analiza el poeta), y extinguir este error que tantos amigos le resta, me propuse gritarle a la gente que iba por mal camino, a fin de que se encaminasen por la calle derecha, y comencé una canción, en cuyo principio dije: Las dulces rimas de Amor que yo solía". Este tema de la nobleza es primordial para los poetas del dolce stil novo, comenzando con su principal precursor Guido Guinizelli, debido a que ellos se dedicaron a establecer que la nobleza no es algo que se determine por privilegio de sangre (ser hijo de), sino por una cuestión de categoría personal. Imaginen para Dante, hombre de corte sin ser parte de un gran linaje, lo importante que es este tema, pero además incumbe a un cambio de paradigma que comenzaría por este tiempo en la Edad Media, para dar lugar a nuevas formas de entendimiento en la corte en la época feudal pre renacentista. Pero más allá de este no menor detalle, quiero meterme con la definición de autor que en el apartado sexto de este tratado nos ofrece Dante: "Es preciso, pues, saber que autoridad no es otra cosa que acto de autor. Este vocablo, es decir, auctor, sin la tercera letra, puede proceder de dos orígenes: el uno, de un verbo, muy abandonado, por el uso en gramática, que significa ligar palabras, es decir, auieo. Y quien bien lo considera en su primera voz, claramente verá que él mismo demuestra que sólo de unión de letras está compuesto, es decir, de sólo cinco vocales, que son alma y enlace de toda palabra, y compuesto de ellas por voluble modo para figurar imagen de enlace. Porque, comenzando por la A, va luego a la U, y por la I va derechamente a la E, para volver luego a la O; de modo que, a la verdad, imagínase esta figura A, E, I, O, U, la cual es figura de enlace. Y en cuanto autor, desciende de este verbo, que se toma sólo para los poetas, que con el arte musaica han enlazado sus palabras; y de esta significación no se trata ahora.
El otro origen de que desciende autor, como atestigua Ugoccione al principio de sus derivaciones, es un vocablo griego que dice Autentin, que en latín vale tanto como digno de fe y obediencia. Y así autor, de aquí derivado, se toma por toda cosa digna de ser creída y obedecida. Y de esto viene el vocablo de que al presente se trata, es decir, autoridad; por lo cual se puede ver que autoridad vale tanto como acto digno de fe y obediencia".
¡Qué importantes son para Dante estas categorías! ¡Gracias a esta concepción de autor es que hoy en día leemos la Divina Comedia, gracias a esta potestad que Dante concede al escritor es que una obra como esa fue emprendida! Esta devoción de la literatura hace posible que este exiliado peregrino de Italia haya superado la enseñanza humanista de Brunetto Latini para dar lugar a un poema casi sin parangón en toda la historia de la literatura.
Debemos tener en cuenta que el Convivio es un tratado largo, pero a la vez incompleto, Dante lo abandonó y creo que lo hizo de forma inteligente. Quizá se dio cuenta que esta contaminatio no era una forma perenne. Quizá intuyó que si hay algo que podía ofrecerle una voz inmortal era la lírica, más allá aún de todo lector, y que en realidad el único lector al fin y al cabo solo puede ser Dios. Tal vez, en su asombroso delirio que de tantas maneras se explicita en este libro, se dio cuenta que su destino eran esas stelle que son la palabra final de cada cantiga de su Commedia, pero esas son mis pobres conjeturas en una oficina en el microcentro terminando mi horario de trabajo (alabado seas Señor por permitírmelo).
Creo que era imposible decir algo coherente y bien logrado sobre este libro. Vayan estos apuntes y este manojo de citas a dar alguna explicación de lo que puede ofrecer a un lector del XXI este desconcertante libro.