«Esto no es una novela, es la contemplación de un rescoldo», podemos leer en una de las páginas de Mira que eres, un libro con todas las señas de identidad de Luis Rodríguez: la voluntad creadora e imaginativa de Nabokov, los espacios difusos de Beckett, la mirada contemplativa de Proust, las tramas entreveradas de Chejov, los personajes al límite de sí mismos de Flaubert. La literatura de Luis Rodríguez es el resultado de esos ecos que se escuchan simultáneamente y trascienden los límites del libro para llevarnos más allá de cualquier anécdota.
Mira que eres podría ser una biografía fragmentada, o las historias que rodean a una biografía oculta, o el relato que se compone con la sombra de un árbol caído. Relatos de crímenes, de amores confundidos, de infancias y pueblos, de fraudes y robos, de libros y actores de teatro que no se desprenden de los personajes que interpretan: Luis Rodríguez convierte una primera frase en una única y última huella, y desde ahí nos lleva a seguir el rastro invisible que nos contagia de esa incurable enfermedad que es contar historias.
Otro libro sin terminar. De un club de lectura de libros que se salen de la norma. Pueden ser innovadores, rupturistas e interesarme, gustarme mucho, fascinarme. Este no lo ha conseguido. Se trata de una serie de comentarios, citas de autores relevantes (algo presuntuoso) , vivencias, reflexiones, anécdotas que le escribe un personaje a otro y que nada tienen en común. Pasa de un tema a otro casi en cada página, a veces vuelve sobre algún hilo, pero de manera tangencial. Una lectura sin historia, para disfrutar de lo que lees en el preciso instante en que lo haces y ya. No va conmigo. No le pongo estrellas, sería injusto. Es un libro que gustará a algunos, sobre todo a la vanguardia. A mí me deja fría.
Lo dejé a la mitad. Mira que es corto, pero es solo una sarta de comentarios, frases que intentan resonar y citas que no vienen a cuento, injustificadas y pretenciosas. Pereza
Novela de narrativa que comienza con las últimas frases del final de una carta y su posdata. Va hilando restos de sentimientos, de vivencias, de recuerdos, o puede que no sean restos, sino emociones completas. Hilvana de forma caótica, al menos para mi, hasta que entras en su dinámica y te dejas guiar a través de sus palabras.
En las primeras páginas me encuentro con Enrique IV y Tolstoy y al pasar a la siguiente página nos habla de ETA. ¿Que clase de relación hay? Una relación extraña, dos desconocidos que acaban en una cama alimentándose de humo.
«Escribo para mirar lo que no veo». «Cuando mas se dice es no diciendo nada».
Utiliza pasajes de libros para darnos explicaciones. Libros que veía sobre el sillón de su madre, de los que nos muestra una esquina para encender una mecha en nuestra mente. Nos recomienda un libro "Maupassant y el otro" de Alberto Savinio. Pero no será el último, habrá más.
¿El que alguien nos observe puede influir en nuestros actos y cambiar nuestras vidas?
Una obra para reflexionar porque nos va llenando de dudas con las que tendremos que lidiar y decidir si las desechamos o las meditamos para resolverlas.
¿Importa saber quien es nadie? «Solo la ausencia de sombra es la muerte definitiva». A partir de aqui nos hace una división del libro en tres partes : Uno, donde encontramos 60 capítulos, algunos de ellos micro. Dos, un texto tamaño relato. Tres, una sola frase. ¿Porqué? No se si tiene alguna clave concreta.
Menciona una película de la que me veo en la necesidad de contaros algo. El hijo de Saul, película del 2015. Casualmente la vi en versión original en el festival de cine de Gijón. Es una película para sufrir, llorar y horrorizarse.
Nos habla de obras y escritores, pasando por múltiples temáticas, incluida la mitología y Dios. Obras que son un reguero de sus lecturas y que nos vende tan correctamente que te ves en la necesidad de ir anotando libros y autores para poder saciar tu curiosidad que ya se ha instalado de forma permanentemente en tu cabeza.
«Ya solo crezco a lo ancho, pero desde aqui arriba no puedo informarles de nada mas, pues el caso es que aún estoy demasiado cerca de mi.»
«Su combustión se integró en una novela que, publicada sirvió a un lector para aplastar una mosca y seguir leyendo con desgana.»
Llego al final del libro con una sensación extraña que os resumo primero con una frase “¿Que hacer cuando el único culpable de un crimen es un muerto?”.
Al principio no supe ver que me quería mostrar, sin embargo, me he dado cuenta a través de los libros que recomienda, que nombra, de los autores que menciona y de las anécdotas que todo gira alrededor de las personas. Las relaciones o la ausencia de ellas, las guerras y sus implicaciones, los detalles insignificantes que se convierten en verdaderas pistas de resolución. Sobre las anécdotas: Hay una que esta claramente relacionada con la guerra/postguerra española. Un detalle, un aroma, algo que marca la diferencia. O el abuelo de Lord Byron gafe por naturaleza y que me ha llevado a investigar si tan fatídica fue su vida.
«Si se quedaba, le hubiera parecido muy lúcido, eso de que alguien que negaba una limosna no por falta de caridad, sino por tener que desabrocharse la chaqueta.»
Intercalo frases del libro que ayudan a entender su total.
«Soy una bestia, necesito seguir pegando a mi hija, porque hay algo que me aterra mas que su dolor: que será de mi cuando acabe de hacerlo».
Se que es un libro no apto para todos los públicos, no es fácil de seguirle el ritmo. Sin embargo lo recomiendo mucho para movilizar todo engranaje y no dejar títere con cabeza.
“Mira que eres” es mi primer acercamiento a la obra de Luis Rodríguez, no quise leer la sinopsis de la novela, pero en cuanto empecé me fui directamente a ella para encontrar una guía de lo que me iba a encontrar. Para mí, este libro es un vaivén de historias, una recolección de anécdotas, fragmentos de vivencias, pero sobre todo es un diario de citas literarias, con el que recorreremos la obra de diferentes autores de todo el mundo.
En cuanto a la estructura de la novela, el principio es una carta cuyo remitente es desconocido, pero en la que ya se puede apreciar el estilo del autor, después, el libro se divide en tres capítulos; el primero y el segundo ,de más o menos la misma extensión, conforman el grueso de la novela , mientras que el tercero solo ocupa una oración. El primer capítulo tiene su propia configuración, son un total de 60 escritos numerados y claramente separados, la mayoría de ellos interrelacionados. Por otra parte, el segundo capítulo es un texto sin ninguna distribución especial.
En tanto que los personajes, es complicado escribir sobre ellos, pues van apareciendo y despareciendo, para no volver a mostrarse más, además en cada parte de la novela se puede interpretar que el narrador es un personaje diferente, aunque pienso que si hay una voz común, me refiero al propio autor, dado que hay un grado de narración autobiográfica en toda la novela, no sé en qué grado, pero la hay, ya que varios personajes se mueven por Castellón, localidad donde vive el autor.
La lectura de Mira que eres ha sido bastante curiosa, es una novela muy atípica en cuanto a estructura, y a que no hay un desarrollo como tal de la trama, sino que es una serie de retazos unidos por un narrador común y por la temática que trata, historias de guerra, de violencia, crímenes, anécdotas, y citas de obras literarias muy conocidas, que invitan a descubrirlas ,si no se han descubierto ya. Desde Nabokov, a García Márquez, pasando por Foster Wallace, Flaubert, Tolstoi, Melville, Proust, Truman Capote, por supuesto Cervantes, etc.… Es casi imposible no salir de esta lectura con una buena lista de mas lecturas pendientes. Me quedo con varias cosas, como un fragmento en el que se cuenta la vida de un hombre, contando el tiempo por la altura que tenía en un momento dado de su vida. También me quedo con un trozo en el que explica de que va “Cáscara de Nuez” de Ian McEwan, muy original. Por otra parte, creo que tanto vaivén, tantas idas y venidas en la narración, puede hacer sentir incómodo al lector, no está claro hacia dónde va, cosa que no invita a continuar leyendo.
En conclusión, Mira que eres se trata de una no-novela, o como hace el autor definirla de este modo: “Fonseca no se da por aludido, porque lo mío, dice, no es una novela. Yo, igual. Esto no es una novela, es la contemplación de un rescoldo.” Y son estos rescoldos, los trozos de una vida, fragmentos de una biografía real o inventada, los que van a ser contemplados por el lector. Para mí tanto el principio como el primer capítulo han sido más disfrutables que el segundo capítulo, pues considero que en dicha parte se pierde el hilo y es más complicado seguir.
Supongo que Mira que eres es un dejarte llevar. Si eres de los que no lees las contraportadas, sinopsis, etc. con este da igual que lo hagas porque, total, el libro es indefinible. No sé si esto es halago o insulto hacia la novela, pero no podría recomendárselo a nadie que conozco. Pero oye, que a mi Luis me la ha colado porque me ha gustado.
“Escribo para mirar lo que no veo. Mirar no es ver ni entender ni sacar conclusiones. No es analizar. ¿Conoces el origen de la palabra ‘analizar’? Es griega, tiene que ver con desatar, desligar. Qué curioso, ¿verdad? Analizar es deshacer el nudo”.
Cuando era pequeño una de las primeras cosas que me enseñaron, que nos enseñaron, es que una historia, un relato, tiene tres partes: principio, nudo y desenlace. Con el tiempo, he ido aprendiendo que las narraciones que más me interesan son las que no cumplen con este precepto (y si es posible, con ninguno). Por eso me gusta tanto y me divierte Luis Rodríguez. Porque su texto empieza con el final de una carta y luego todo es postdata, porque todo es sombra de la escritura que se hizo y se rehizo alguna vez, que todo es presente e instante, y en este libro, fragmento, poema, ensayo y novela.
Es curioso que en algún momento el autor se para a analizar la traducción del inicio de ‘Moby Dick’, esto en medio del texto, y eso ya es un fin en sí mismo:
“Esto se aprecia mejor en otro comienzo mítico: ‘Supongamos que me llamo Ismael (Call me Ishmael)’. Mario Vargas Llosa lo considera extraordinario porque despierta nuestra curiosidad con sólo tres palabras: ni siquiera es seguro que el protagonista se llame Ismael. Envenenémoslo. En la mayor parte de las traducciones que he consultado han optado por ‘Llamadme Ismael’, y alguna ‘Pueden ustedes llamarme Ismael’. Y llega un genio, César Aira, y lo traduce: ‘Podéis tutearme’”.
Una cosa es el estilo elaborado, barroco, o incluso enrevesado, y otra la falta total de argumento, hasta el punto de que no he entendido absolutamente nada y no creo que sea yo la única lectora a la que le ha pasado lo mismo con este libro... Le pongo dos estrellas porque al menos esa voluntad de estilo cuidado es más que patente (que ya es mucho decir en comparación con otros autores/as publicados e incluso premiados) y porque pese a la completa confusión que te envuelve al acabarlo, intuyes un brillo de significado en el fondo de las profundidades, aunque muy, muy en el fondo... No seré yo quien exija mayor claridad o facilidad de redacción a los escritores (para nada quiero que me lo den todo mascadito), pero creo que Luis Rodríguez aquí se ha pasado un poco y ha convertido su obra en un artefacto demasiado oscuro.
No tengo muy claro estar dando cuatro estrellas por las razones correctas, y sin embargo no me acaba de salir en estos momentos darle menos. No sabría explicar de qué va esta novela, más allá del amor por la literatura y por la curiosidad o inquietud casi compulsiva por el conocimiento de la vida y de uno mismo. De disfrutar del mero hecho de leer una prosa bellamente elaborada, pese a que no tenga la menor intención de exponer una narrativa coherente. Si uno se deja llevar, el libro sabe recompensarle.