Un día encontré a mi madre con álbumes fotográficos hechos añicos entre sus manos, era nuestra infancia que apenas sobrevivía en un par de fotos, al igual que su memoria. La nostalgia ha hecho que reúna cada fragmento: la playa del poeta, el tío Juan, el hombre de cuello Mao y bigote, la abuela y… Camilo. Ahora he reconstruido cada pedazo de mis recuerdos en este álbum… en nuestra historia.
Sara Bertrand no edulcora la niñez. En un lenguaje simple, pero profundo nos recrea la infancia y la adolescencia de Elena y de su grupo familiar conformado por hermanos y primos, tíos solitarios y enfermos, y padres desesperanzados. En una época oscura del país, ella pone la luz en esos recuerdos.
Gran libro.
Mi madre comenzó a perder la memoria un día cualquiera. Y digo cualquiera porque no importó cuándo, de hecho, no importó nada. -- Quedamos fuera. Y no es que no nos reconociera, sabía quiénes éramos, pero olvidó nuestra historia, la historia de sus hijos. Como si esa carga pesara demasiado para sostenerla un día más, decidió abandonarla a mitad de camino. -- Olvidó los detalles, cada uno de ellos, y prefirió seguir los rumbos que le donó su memoria nueva. -- No olvidamos al azar, decidimos qué recordar, y eso no tiene nada que ver con lo aleatorio que es, sino con nuestra manera personal de recoger pedazos: de una anécdota, un sabor; de un momento, un sonido; de una escena, una palabra. Los fragmentos nunca son iguales, incluso entre personas cercanas. -- Los pedazos con los que reconstruimos nuestra memoria marca la diferencia entre las versiones que contamos. Y mi madre, al torcerle la mano a su memoria, decidió tener una segunda oportunidad. La oportunidad de darle la espalda a la nostalgia. -- Porque nosotros no hablábamos de lo que pasaba. De niños, nunca nos atrevimos a preguntar. -- Todos y cada uno de los niños del régimen sin necesidad de que sus madres abrieran la boca comprendían que los niños también desaparecían. -- Los libros son como los muertos, pensaron. Que no los olvidarían nunca y cargarían con sus cadáveres para siempre. -- Como si comer y pervertirse fueran sinónimos en una sociedad dominada por los uniformes. -- En la ciudad nunca peleábamos por la comida, pero en la casa del tío Juan aprendimos lo que el hambre es capaz de hacer. -- Uno crece tal como envejece: todos los días en movimientos imperceptibles. Sintiéndote más o menos igual hasta que, de repente, todo es distinto. -- Pero no me deshice de ese beso tan fácilmente. Quedó pegado a mis labios. Su cara, sus ojos, su voz. -- El beso de Camilo fue ganando territorio y él no paraba de mirarme. -- Era como la fiebre. No quería ceder. -- Ni rápido ni lento, la mano de Camilo acarició mi brazo, pude haberme corrido, pero me quedé esperando el contacto de sus labios que apretó contra los míos. Creo que enrojecí, porque bajé la cara y me sentí la más niña bonita del mundo. -- Quería arrancar. Irse de la ciudad. A un lugar lejos, donde nadie lo conociera. Donde pudiera contar otra historia, andar en bolas, si es que quisiera. -- Con Camilo perdía la noción del tiempo; también aprendí las dimensiones de mi cuerpo, su curvatura, su rigidez; descubrí el placer de mirarme recordando cada lugar en donde había posado su mano. Soñando con los pasos que quizá daríamos al día siguiente. Tanto vértigo, tanto calor. -- Tantas veces he querido llegar al límite contigo. Perder el cuidado y romper esa fragilidad que nos separa, alternarnos, tener conciencia de que el próximo paso que nos espera es la muerte. -- Una pequeña fisura dejó escapar un río entero. -- A veces me descubro sacando fotos, feliz. Como si esa máquina pudiese interpretar mejor la imagen que quiero captar. Un recuerdo que quiero fijar. -- Como en la escritura, un ejercicio que reclama un momento. -- Así como las palabras, que reconocen espacios y sugieren formas de ver el mundo, los recuerdos. -- Mi tío Juan separaba a la gente entre los que vienen al mundo para ser felices y los que no tienen posibilidad de serlo. -- Al principio no la escuché. Me había acostumbrado a hablar conmigo misma. -- Yo había tenido suficientes. Quería rehabilitarme. Quería, sobre todo, dejar atrás la rabia. -- Dice Camilo que cuando nació, le bastó verla para saber que llevaría mi nombre; saberlo fue como recibir una bofetada. -- Ser un recuerdo. Acurrucarme, dormir, desaparecer. Hundirme para siempre. Como él y las preguntas que quedaron en el aire. -- Ideé un sistema para no olvidar, precisamente, porque sé lo que me espera.
¿Qué sucede puertas adentro en un país con miedo? ¿Qué piensan los niños que marchan, qué traman los adolescentes que nunca fueron niños, qué sueñan los amantes que no tuvieron remedio? Lo esencial de Álbum familiar (Seix Barral), de la escritora chilena Sara Bertrand, es el cómo un niño ordena su memoria cuando no quiere recordar nada de lo que ve. Tal vez sí, esas pequeñas fugas al mar, porque vivir frente al mar es una provocación y cazar jaibas, un símbolo de supervivencia. O el beso a oscuras, inesperado, entre primos, porque solo en la familia se puede confiar cuando todos están bajo sospecha: “Besos que parecían muñecas rusas, uno dentro de otro y otro y otro”. O los algodones de azúcar, el jugo de chicha y los churros con manjar para recuperarse después de salir a las calles a homenajear al terrible “hombre del cuello mao”, a “disimular los sentimientos”.
Olvidar también es el nacimiento de una nueva memoria. Escogemos las fotos que estampamos en el álbum familiar. Alguien nos toma un retrato para que al menos se pueda decir que un pedazo de papel fue nuestro espacio y que nadie nos puede desaparecer de ahí. Pero el mundo real está lleno de abandonos y para recordar al que se ha ido también hay que recordar su silencio.
Los de este libro son niños que más que divertimentos, recuerdan colores. No. Un solo color, “el humo gris que se llevaba sus pensamientos”. Son niños que “comprendían que los niños también desaparecían”, que “uno crece tal como envejece: todos los días en movimientos imperceptibles”.
Entonces deben armar una pequeña comunidad para buscar su propia rebelión, como la joven que “tiraba piedras y reía. Gritaba insultos y reía”. Deben jugar a escaparse y esconder los libros en el tejado porque “los libros son como los muertos (…) Que no los olvidarían nunca y cargarían con sus cadáveres para siempre”.
“Se era niño con la promesa de convertirse en adulto”, pero su hazaña es la de no pertenecer a ningún tiempo. O al menos intentar imponer el brillo del presente frente al peso del pasado. Ser la voz que cuenta la historia. En esta novela esa voz es la de una mujer que no siempre es la misma. La vemos crecer en el papel. Las palabras serán esa niña que no puede entender por qué su madre la ha olvidado. La adolescente que se mira al espejo y ve en su piel la caricia, los besos clandestinos. La abuela que idea un sistema para no olvidar.
Sara Bertrand logra construir los detalles de ese ‘puertas adentro” de un régimen militar y sin necesidad de mencionar Presidentes, ni espacios, ni fechas logra ser tan política como delicada: “Se ha instalado la noche, el viento sacude a los árboles y descansa, la luna es la cáscara áspera de una ostra”
Este libro era un gran pendiente en mi vida. La forma de escribir de Sara Bertrand es de tal belleza que todos deberían leerla. Además, tiene una mirada de la adolescencia tan especia que es capaz de crear libros maravillosos, que no subestiman al lector y que les abre la puerta a una experiencia literaria y estética.
Lloré con esta historia. Lloré por la protagonista, por su mamá, por su Tío Juan y su Tío Hernan. Lloré por Camilo. Lloré por Chile y su dolor de vivir bajo una dictadura. Lloré porque es un libro tan bien escrito, con una prosa tan poética que fue capaz de atraparme y no soltarlo de una sola tirada. ¿Por qué le vamos a negar a los adolescentes el placer de leer algo así? Elena es de esas protagonistas que estarán en mis recuerdos para siempre.
Álbum familiar es un libro tierno pero a la vez gris, nostálgico, su hilo conductor es la memoria, la que se mantiene, la que se va, de la que se es consciente, la que se quiere olvidar. Es la historia de la infancia y juventud de Elena quien nos cuenta la dictadura desde su adolescencia y cómo su familia y su país es permeado por esa nube negra que duró casi dos décadas.
Me encanta como está escrito; una trama que conmueve y sabe evadir el aparente destino de la historia que se le anticipa al lector. Lo sentí muy cercano, sincero. Prevalece el amor y eso equilibra la dureza de una verdad: que una dictadura daña en los niveles más íntimos, en lo más cercano.
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Sara Bertand nos cuenta en este libro su historia familiar, o bien la de algún niño que vivió su infancia y adolescencia bajo la Dictadura cívico-militar chilena. Dicho tópico puede verse de forma frecuente en escritores chilenos contemporáneos, ya que dichas experiencias los han marcado, al igual que a gran parte de la población, y cada uno tiene una visión y experiencia única del proceso. La protagonista se ve enfrentada a la desaparición de su primo, el más cercano de toda su extensa familia, y también el más activista de la resistencia. Álbum familiar nos habla de los vínculos, la fraternidad, la pérdida y el dolor, que la autora sabe relatar desde el punto de vista de sus personajes, en distintas etapas de sus vidas.
Leí un libro abierto, en Gandhi...sin pagar, escondide atrás de un pilar de metal y concreto. 4.5 namas por la experiencia. Por otro lado, las cosas que hace El Naranjo con las memorias es maravilloso. ♡
“ser un recuerdo. acurrucarme. dormir. desaparecer. hundirme para siempre. no hay forma de liberar la tristeza, sangrar. ser ese recuerdo. el sonido perdido de la risa, el reclamo atado a los pies. y flaqueo, se agotan las fuerzas, no podré seguir, camino por la huella angosta de los que me antecedieron. y perderme, volarme. no sentir, no mirar. y seguir en ese espacio incierto, no saber. me pregunto quién soy cuando debiera decir qué siento. respondo: la mayor parte del tiempo, miedo, un miedo que me paraliza.”
—¿y para qué llamas?
—para escucharte —le digo.
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pffff este libro me pudo demasiado. amo que el ser pequeño no es sinónimo de pobre en cuanto a lo que puede hacerte sentir. 120 páginas que lo valen.
sara abre sus recuerdos al mundo y nos comparte, a través de la vida de elena y unos álbumes, la dictadura en la que se vivió con miedo desde su niñez, de escondites, juegos prohibidos, un amor a medias que la dejó rota hasta la fecha, miedo, mucho miedo, violencias dentro del círculo familiar e impotencias ocasionadas por el régimen que cambiaron la vida de muchos seres que soñaban. y lo rompieron todo. de cómo los niños tienen que crecer intentando pegar las piezas rotas de la familia que no saben por qué se agrietaron siquiera. de cómo se llega a adulto con heridas de pequeño.
neta wow. me siento tan feliz de encontrar escritoras que me apachurran el corazón y a la vez me abrazan.
Inicié este libro a principio de año y lo dejé olvidado. Imagino que eso de leer esporádicamente en la micro no ayudó mucho. Decidí empezarlo nuevamente y mantenerme cerca para no olvidar la trama. Y esta vez me ha llamado mucho más la atención, la voz de la narradora y la construcción de esta protagonista (al más puro estilo de un bildungsroman), de esta familia con muchos hijos, que finalmente se crían solos a golpe y porrazo. De fondo, la dictadura militar chilena como una marea que va y viene, que afecta, desaparece, lo inunda todo, se evapora. Además, ya hacia el término, no imaginé esa fisura histórica que abre una ventana a una nueva oportunidad social y política.
Elena , hace un recorrido de su vida , para mantener viva su memoria . Para recordar a su madre ; que está perdiendo la suya .
- ¿y para que llama ? - Para escucharte -le digo .
Elena , recuerda su infancia , su familia , su adolescencia, en medio de la dictadura militar en Chile . Aunque no lo menciona el libro , se entiende claramente que ese es el contexto social . Un álbum familiar impactado por la fuerza tirana de ese momento .
Es una lectura llena de emociones infantiles y adolescentes que no tienen que olvidarse , porque son las que forjan la vida y nos hacen ser los adultos que somos .
Un libro íntimo, tierno, sorprendente, un libro como todo lo que he leído de Sara, que se te queda, que te da vueltas en la cabeza, que te deja pensando. Me lo devoré en un par de días...me encantó Una familia, en Chile, en la época de la dictadura militar. Una familia ensamblada, con muchos primos que crecen juntos. Con los adultos que están ocupados con otros temas importantes. Ellos, están creciendo por su cuenta Un libro al que le debo una reseña como la gente, no estos apuntes apurados Un libro que les recomiendo, con ganas, buscar
Me gusta el tema que trata de una forma diversa a la que usualmente estamos acostumbrados a leer sobre como los niños y los jóvenes viven y enfrentan acontecimientos históricos como un dictadura y la repercusión que algo así tiene en su vida y en la de su familia, en su cotidianidad y lo que se queda grabado en la memoria. Creo que me esperaba otra cosa de este libro, pero aún así me gustó o aunque tiene unas frases preciosas siento que muchas cosas solo las vimos por encimita para dar cabida a todas las historias que aquí se nos cuentan.
-Cuando lo vi en la Librería me llamó la atención por la cubierta de portada (?), es bonita, lo abrí: ilustraciones, azul, el papel
-El título le queda perfecto: Vas a la casa de alguien, se sientan en la sala, saca las fotos familiares y te comparte una que otra historia ¿Qué hacemos para llegar a ese momento en la vida de alguien?
-Besos incendiados, la playa, la dictadura, querer salir corriendo, las dudas del para qué, crecer envejecer y no darse cuenta, la escritura y la fotografía como una broma o travesura a la memoria
«Lo único seguro era la falta que me hacía para todo, o casi todo, porque entonces me volví torpe.»
«la falta de Camilo se hacía más pesada, más contundente. A veces me costaba respirar. Me quedaba mirando por la ventana, invocando su nombre, pensando que tal vez, de una manera misteriosa, pudiera escuchar que lo llamaba. »
«y seguía llorando. Tenía el invierno instalado, un manto de lana gruesa que me sumía en pensamientos graves.»
«Besos que parecían muñecas rusas, uno dentro de otro y otro y otro.»
Las novelas de régimen suelen tener como tema central la memoria, tal como sucede con esta historial, pues ante la pérdida de memoria de su madre, la cual la lleva a recordar la suya propia en un ambiente turbulento, ante el deseo de olvidarla. Sin embargo, la autora busca abarcar más temas que no se conectan de manera tan sólida. La niñez, el amor, la nostalgia, la historia, la posición de las mujeres...
Dentro de esta novela se contesta a la pregunta ¿cómo recrear para un público adolescente las vivencias y memorias de una persona que creció en medio de una dictadura militar?
La novela carga un balde de recuerdos para generar un ataque de estrés postraumático. No hay mucho espacio para la nostalgia cuando se retrata vivir en chile durante el periodo de Pinochet.
La edición a cargo de editorial El Naranjo está bastante cuidada.
Una vez mas comencé el libro pensando que se centraba en el Alzheimer de una persona, pero no fue así. Me debe pasar por mi elección de no leer la contra cubierta cuando parto un libro (si la leo cuando ojeo libros en librerías). Si se trata de memorias, de recuerdos familiares y de lo difícil (palabra insuficiente) que tiene que haber sido vivir durante la dictadura en Chile. En esta caso los recuerdos son de una niña que crece y siendo adolescente sigue sufriendo vivir en un país con miedo.
cuando el fantasma del olvido aparece tanto en la vida familiar ¿Con que quieres recordar quien eres?
Entre recuerdos rotos, ya sea por una madre con Alzheimer o una dictadura que destruyó otros tantos, leer album familiar nos transporta a un mosaico de una vida que se mezcla con los propios haciendo un collage más grande que la propia vida o la vida de un país.
fue un regalo que aprecio mucho, a su vez de un recuerdo que me gustaría mantener.
La memoria es distinta de persona en persona y creo, sin duda, que también varía según la época que le toca recordar. La memoria de post dictadura hace que los recuerdos se vayan juntando como en un álbum, desde las vivencias de la niñez en una época conflictiva.
Lo terminé en dos días , en realidad en dos mañana que por asuntos de la vida .. desperté temprano . Y nunca había leído a la autora y me gustó bastante, creo que es una historia demasiado dolorosa narrada desde una perspectiva diferente .
Primer encuentro que tengo con Sara Bertrand (luego de haberla conocido en persona) y puedo decir que su pluma me caló hasta en lo más profundo de mi alma con este libro.
La añoranza de volver a vivir nuestra niñez, por que cuando éramos niños éramos felices con tampoco, pero siempre creíamos que al ser adultos lo seriamos más.