Este libro versa sobre el Centro de Cálculo de la Universidad de Madrid. Institución pionera que acogió la primera supercomputadora del estado español, la IBM7090, donada por la compañía IBM. Con dicha adquisición, el Centro se convirtió en un lugar para la experimentación donde se investigaban las posibilidades del cálculo automático aplicado a áreas tan inesperadas como la Lingüística, las Bellas Artes, la Arquitectura o la Música. Este hecho propició que se introdujeran en la universidad española de 1968 nuevos paradigmas para la creació la estética computacional de Bense, Moles o Franke, y se incorporaron las últimas teorías lingüísticas de Chomsky, la psicología lacaniana o la filosofía de Wittgenstein. Los proyectos desarrollados en sus seminarios tenían una componente transversal, y la computación sirvió de catalizador del cambio, potenciando la permeabilidad entre arte y ciencia. España, gracias al Centro de Cálculo, se situó en la vanguardia internacional del arte y la creatividad computacional.
No suelo comentar aquí trabajos académicos como este, pero me voy a saltar la regla.
El CCUM formó parte de una campaña de IBM para introducirse en países donde tenía poco mercado, a base de firmar convenios con universidades para imaginar usos a los superordenadores de la época (1968). La singularidad del Centro de Cálculo fue su enfoque abierto a las humanidades, que si bien no fue excepcional, sí consiguió situar la experiencia al mismo nivel que otros centros pioneros. Por eso cuando se mencionan los orígenes del arte digital, aparecen nombres españoles (Barbadillo, Asíns, Sempere, Alexanco...) en época simultánea a la de los pioneros internacionales.
El origen y desarrollo de los seminarios del Centro se registra con detalle, y se analiza cómo el ordenador más que una herramienta técnica constituyó un tótem que permitió un cambio de paradigma en el enfoque creativo.