Una obra que ha de leerse como se entra en una habitacion intima en una tarde de lluvia y uno se pone comodo con un te o una copa y se siente a gusto sin necesidad de ir a ninguna parte. Un libro que es como pasar un rato en el lugar mas preciado de la casa el que mas cuesta abandonar. Poesia de la memoria pero jamas nostalgia.
Leer a Manuel Vicent es leer el Mediterráneo. Cada página de "Verás el cielo abierto" destila la luz y la cotidianidad de sus gentes y lugares. Aunque el autor lo niegue, sus palabras están llenas de nostalgia. Y de mañanas filtrándose entre las persianas, tardes de literatura en las playas y noches de azahar y sensualidad. Para mí un descubrimiento maravilloso y tardío ligado a mis propias circunstancias vitales. Lo recomiendo encarecidamente, sobre todo a aquellos que estamos enamorados de ese mar, sus gentes, sus costumbres y recuerdos.
Un libro autobiográfico, nostálgico, simple y emotivo. Manuel Vicent rememora su infancia, la vida en casa de sus abuelos, la conflictiva relación con su padre, la distante relación con su madre, su primer amor, el despertar de su vocación. Un relato introspectivo, con claroscuros, con sabor a perejil y albahaca y con olor a mar. Uno de esos libros que duele un poquito terminar.
La descripción de la novela no cuenta mucho, me dejó pensativa a la hora de leerla y me encontré con unas breves memorias del autor rondando los años 60. Aunque, a pesar de que en varias páginas se postule en contra de que la novela tenga un toque nostálgico, es imposible que no lo tenga. Tal vez sea su forma de escribir o un pensamiento aleatorio que lucha contra lo que no puede 🫣, no dejan de ser unas memorias.
Resulta curioso leer sobre una época que es cercana pero vemos tan lejana debido a la cultura de aquel entonces y los hechos históricos.
Y resulta reconfortante que, a pesar de sus pasajes duros, "Verás el cielo abierto" se siente como una tarde de lluvia viendo desde la ventana, el plato de lentejas en casa de los abuelos con esa cuchara de más que no querías y te ponían igualmente, una vuelta a un pasado que, aunque en mi caso desconozca, la novela nos lo acerca.
Este libro me ha hecho reflexionar mucho sobre mi abuela, sobre todas las vidas que vivió y las que no vivió, sobre quién fue antes de ser mi abuela, antes de ser madre de cinco hijos. Leyendo los recuerdos y anécdotas de Manuel Vicent, que es de su quinta, no he podido parar de preguntarme cómo sería mi abuela en el instituto, en la universidad, de niña. Todas esas cosas sobre ella que no sé y que no sabré nunca. Me gustaría tener un libro de memorias suyo.
Esta historia se centra en las memorias de un protagonista con el cual me costó sentir afinidad. Tuve empatía por la nostalgia que transmite al contar sobre su pasado pero no pude ir más allá de eso dado tanto egocentrismo y sentimiento contenido.
Recuento de la vida del autor, lleno de nostalgia. Buenísimas descripciones llenan el libro de imágenes, olores, sonidos y sabores. Un deleite a los sentidos. Hace reflexiones muy lúcidas sobre la vida, la muerte, el placer, el dolor y la felicidad. Sencillo de leer, muy ágil y coloquial. Se antoja ir a Valencia después de leerlo.
Lo compré de rebote en una tienda de segunda mano, sobre todo porque me llamó la atención el nombre del título y porque el escritor es de Valencia (mi ciudad). De los últimos libros que me he leido, es de los que más me ha sorprendido para bien.