A lo largo de la historia de la antigua Grecia, ningún otro atleta ha causado más admiración que Peleo en los juegos de Nemea. A la corpulencia del príncipe de Egina se le une el sentido de la responsabilidad de su padre, el rey Éaco, famoso en toda la Hélade por su justicia. Los hados, sin embargo, le deparan situaciones que ponen a prueba tanto su legendaria fuerza como su loado temperamento. La historia de Peleo es recordada en nuestros días como la del noble guerrero enfrentado a un destino que puede llegar a destruirlo, del que solamente un héroe con valor y un sentido de la justicia más allá de lo extraordinario será capaz de salir victorioso