A principios de la década de los setenta, en el norte de México, un grupo de estudiantes conocido como Los Enfermos inició un movimiento revolucionario que pretendía instaurar un nuevo orden nacional. El entonces joven poeta Juan Palo Orígenes formaba parte de aquel grupo. Cuarenta años después, a Estiarte Salomón se le encomienda escribir la biografía del escritor con el propósito de publicar sus obras completas. Será en las conversaciones que mantiene con Salomón cuando Orígenes descubra que algo en su pasado quedó incompleto y volverá a recorrer las calles de la ciudad tratando de recuperarlo. Orígenes se reencuentra con aquellos Enfermos de su juventud, pero el país ha cambiado y otros grupos de enfermos aparecen en el trayecto de esa búsqueda: no se trata de lo que el poeta y los Enfermos hicieron en aquellos años, sino de lo que harán ahora: el Ensayo de Resurrección, el regreso de la Enfermedad al país.
Un libro que implica entrega y pasión en todos los sentidos: La precisión léxica con la que Eduardo Ruíz Sosa urde su historia sólo puede compararse con la minucia de un cirujano al utilizar el bisturí. Cada palabra empleada parece cobrar vida en un texto que desborda poesía página tras página. Con este nivel de artesanía literaria, la narración avanza como si el autor se hubiese propuesto diseccionar la estrecha relación entre la memoria y la escritura. Así, a través de una suerte de ensayo lírico, se enredan las intrigas de un País en el que la épica revolucionaria, la resignación y la muerte resurgen, cada cierto tiempo, como el aliento vital que lleva al activismo y al arte al movimiento: a los intentos vanos de transformar un mundo que rebasa toda causa perdida desde sus orígenes. En suma, 'Anatomía de la memoria' es una obra de grandes ambiciones debido a su densidad y sus complejidades. Pero puede que ésta sea su principal antagonista: el lenguaje y la redundancia, como recursos para enfatizar los vaivenes del recuerdo y el olvido, podrían extraviar al lector si éste no se siente comprometido con el autor y sus pretensiones. Eso sí, superado el umbral entre abandonar el libro o dejarse fluir entre su ritmo hipnótico, difícilmente habrá una página en la que no se encuentren ideas exploradas y explotadas a una profundidad que no deja lugar a la impavidez, que en ocasiones inspira, que a veces desencanta, y que, sobre todo, hace valer la pena una lectura palabra por palabra, con todo el tiento y el tiempo que merece la escritura de un texto de talla semejante.
My reaction to this book is complicated. In short, if it had been about 350-400 pages, instead of 569, I think this would have been a 4-star novel in my book. As it is, I think it ended up around 2.5-3. There are several really positive aspects of Anatomía de la memoria, but they are almost all undercut by the fact that the book (IMO) is too long and, therefore, too repetitious. The neat spacing, the narrative style, and the relevance of the plot all eventually became less interesting as the book dragged on.
The plot is what initially grabbed my eye. Lots of books claim to walk in Roberto Bolaño's footsteps, but this one really does echo Los detectives salvajes. Our first protagonist is a journalist who wants to write the history of a brief political movement, and he interviews various aging participants in that movement. Some of them were changed physically and/or mentally by their involvement, and others have been changed physically/mentally by the aging process. The importance, and fragility, of memory is one of the strong themes here, which brings us to the narrative style. We get a stream-of-consciousness style here, where something that initially seems like a concrete statement is reformed several times and its fixed nature as historical fact is inevitably undercut (reflecting how our memories blur over time). This kept me hooked for roughly 350 pages. But then it kept going. The payoff, the twist at the end, didn't justify the book length.
Where I eventually ended up is feeling like there's just a bunch of old men running around in circles. Lacking knowledge of history leads us to cruelty and repeating history's mistakes. These are important messages, but they could have been conveyed more concisely.
Esta reseña la tenía pendiente desde hace siete meses, pero la tenía que hacer. Y va a ser íntima.
A veces son los libros los que nos eligen a nosotros. No sé muy bien por qué, pero lo cierto es que pasa.
Anatomía de la memoria no fue solo un regalo, fue una cuerda que arrojas al vacío para rescatar a alguien en un momento en el que me dolía recordar y no saber cómo olvidar.
Este libro hizo de medicina y de maestro. Fue una forma de confrontar, de abrir una herida para limpiarla. Me hizo darme cuenta de que recordar también es resistir. Que hay memorias que duelen, pero que nos dan las claves para entendernos. Y, sobre todo, para rearmarnos.
La historia nos habla de cuerpos desaparecidos, de ausencias y de luchas, tanto colectivas como individuales. Pero yo también leí mis ausencias y fantasmas. Y me dí cuenta de que el olvido no siempre es liberación: también es una forma de traicionarte a tí mismo. Que hay recuerdos a los que debemos mirar de frente para que dejen de doler. Que olvidar no es borrar, sino integrar. Y que sanar no es dejar de sentir, sino aprender a convivir con lo que ya no está.
No va a convertirse en mi libro favorito, pero sin duda es el más especial y el que más voy a recordar.
Un libro para leer despierta, con la atención que se tiene de día aunque nos guste leer de noche o de madrugada.
Interesante en la estructura, pero mucho más para mí: el contenido, cómo trata la tragedia de cuando la idea que impulsa nuestra vida está perdida o la realidad que sostenía esa idea ya no la sostiene o ya nadie nos entiende cuando la explicamos y nos quedamos incapaces de decirla. Para mí el libro va alrededor de la pregunta: ¿qué hacemos entonces? ¿qué sigue? ¿qué implica la pérdida y si es o no igual que una derrota?
Otra cosa que a mí me gustó: las referencias al mar, las referencias al desierto y los vínculos que establece entre ambos.
Aquí un trozo de la presencia del mar en el libro: "...llegarían cubiertos de lodo y algas recién paridos por el fondo lechoso de la bahía," (p. 543).
Este libro es un laberinto que se atraviesa a tientas, sin saber muy bien si se saldrá de él y sabiendo que del viaje no se saldrá indemne. Lo leo ahora, en su décimo aniversario, siendo consciente de lo que esperaba entonces y lo que espero ahora de una buena novela.
Con la forma de un tratado de anatomía, se nos cuenta la historia de unos revolucionarios que, ya en la vejez, experimentan el pasado, el presente y el futuro de manera simultánea y con un proyecto político entre manos (o lo que queda de él). No cuento más para no contaminar la obra con mi propia interpretación porque qué me gusta cuando se nos deja tantísimo espacio y agencia a los lectores.
He disfrutado de este libro una barbaridad y, sin embargo, no puedo evitar la decepción que he sufrido al ir encajando las piezas del relato, por muy consciente que fuera de la década que nos separa desde que la novela fuera escrita. Porque si hay algo que ya no le perdono a un libro son los personajes femeninos deslavazados, clichés y dispositivos al servicio de la historia de los hombres, que cumplen una y otra vez el mismo papel en la historia de la literatura que ellos construyeron. De la misma manera, tampoco puedo pasar por alto el uso y la mirada heterosexual sobre el travestismo, convertido en un artefacto literario de lo grotesco. Y qué pena todo esto, porque esto no es una novela, es un novelón, y no puedo subirlo al panteón de mis libros favoritos porque no puedo evitar la herida en la que hurga el libro sin quererlo.
¿Que si recomiendo la lectura de este libro? Por supuesto, igual que recomiendo y amo a Bolaño y a muchos otros cis hombres heterosexuales que escribieron maravillas de espaldas al resto del mundo. A ellos los leemos, los apreciamos, los ponemos en valor pero también señalamos la carencia, la herida y el daño. Al menos yo no puedo hacerlo de otra manera.
La memoria es traicionera: ¿hasta qué punto lo que ocurre no es la sucesión de pequeños discursos que uno mismo se repite, independientemente de que sean ciertos? ¿Quién dicta la objetividad? ¿Hacia dónde se redirecciona la autonomía de una vivencia? ¿Quién soy lejos de un cuerpo que ha perdido el nombre? 𝑅𝑒𝑐𝑢𝑒𝑟𝑑𝑎. El tiempo no es más que la unión de una sola nota. 𝑅𝑒𝑐𝑢𝑒𝑟𝑑𝑎. No existe para quien tiene de presente el anclaje del pasado y la nula pero abierta perspectiva del futuro. 𝑅𝑒𝑐𝑢𝑒𝑟𝑑𝑎. La literatura puede ser donde uno se retira siempre y cuando sepa a dónde le lleva. 𝑅𝑒𝑐𝑢𝑒𝑟𝑑𝑎. La escritura se crea a través de la pérdida. 𝑅𝑒𝑐𝑢𝑒𝑟𝑑𝑎. Solo los Enfermos saben hablar el único idioma.
Hacía tiempo que no leía algo tan bueno. Con mucha diferencia puede que sea una de mis mejores lecturas de este año.
Aun sigo perdido en los recuerdos de Juan Pablo Orígenes. Aun sigo con la Biblioteca Ambulante encima, buscando libros y pasado en las alcantarillas de una ciudad imaginada. Hay páginas que no recuerdo haber leído, me vi con 350 de ellas al hombro y sin saber que había pasado. Pérdido como Salomón tras los Enfermos, como el que trata de seguir los pasos de tía norma. ¿Hay posibilidad de acceso a los recuerdos? ¿esto les implicaría como hechos reales a descubrir o desvelar? ¿No es más una reconstrucción por la imposibilidad del recuerdo verdadero? No hay transparencia en la memoria, sí hay relatores de la misma. Hay narraciones colectivas y les que persiguen la enfermedad del lúcido recuerdo y la salud del olvido relativo. Juan Pablo Orígenes, Eliot Roman y la tropa de los enfermos. Grupusculo de militantes del escape, de pintadas sin horizonte a edificar. Un libro con una propuesta formal particular, sin muchos puntos y párrafos variables. Con versos sueltos y preguntas al aire. Memoria y cuerpo.
Una novela que exige un esfuerzo y a cambio es subrayable página a página. Eduardo nos lleva muy cerca de Sábato y “sobre héroes y tumbas”. Porque en los libros queda la esencia de los que escriben, pero también hay algo de los que leen. La lectura es la Enfermedad y estamos en tiempo de pandemia. 9/10
Una lectura cíclica, circular. Que te sumerge en la piel del enfermo, auque no sepas de qué enfermedad se trate. Un ensayo al fin y al cabo sobre la reminiscencia, sobre la memoria, que no sé cómo pero me ha hipnotizado. Una poesia deslumbrante, que ya forma parte de mis libros favoritos del año.
Yo decía constantemete: ¿como coño rinde la imaginación del autor?
"nuestros sueños eran lo único que teníamos, y nuestro sueño fue no despertar durante mucho tiempo, o correr peligro, toda la vida, cuando la edad nos traicionara, de volver a caer dormidos y seguir soñando que algo nos une, que algo hicimos, que nunca nos curamos"
La historia y los personajes son fascinantes, pero esta escrito en un formato que entorpece la lectura y repleto de citas que no aportan nada. Sería mucho más disfrutable si el autor no estuviera empecinado en mostrarnos que es un intelectual.