Dejé en pausa este librito y lo retomé durante septiembre. Me demoré una eternidad, pero me gustó mucho la escritura hermosa de Rosabetty y la versatilidad en los temas que aborda su poesía. Siento que en el libro se trabaja mucho la identidad y el sentido de pertenencia a una cultura, varias veces pude sentir el calorcito y la suavidad del tiempo en la contemplación a través de una ventana de una cocina chilota pero también lo frágil del aislamiento de los territorios y su abandono. Vi muy presente en este sentido el rescate del patrimonio cultural y natural del lugar donde se crió Rosabetty.
Me atravesaron mucho sin duda, sus poemas acerca de la maternidad, su tristeza, su rabia, el paso del tiempo, la resiliencia de las quebradas y la resistencia del paisaje insular.
Lo que puedo ver es que finalmente la poesía es el lenguaje natural en la vida de Rosabetty y que ha desarrollado una escritura aguda y hermosa. Toda mi admiración para esta poeta chilena, una voz femenina que además obtuvo el Premio Iberoameticano de Poesía Pablo Neruda 2024.
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Algunos poemitas por acá:
Hay un país remoto en el fondo de todos los días.
Siempre es el mismo
(aunque sabemos que ya no existe).
Estrecho callejón sobrevolado por tordos
árboles y árboles poblados de plumaje oscuro
tal vez también un río,
más bien pozones, antes de la sequía total.
Erosión del significado.
Este cuerpo no sabía que dejaba atrás el mundo propio.
***
Como un cuchillo rasgando lado a lado el paisaje,
la luz del día ilumina un colchón manchado de orines.
Bolsas de basura esparcen su contenido aquí y allá.
Las olas golpean contra la Piedra del Run,
violentas.
Son las mismas
desde los inicios de los tiempos.
A pesar de todo, las flores silvestres
mantienen vivos sus colores y
se aferran a las laderas
esparciendo el crudo aroma de su carne.
***
La luz del sol atraviesa
las copas de los manzanos
y se fija en una alformbra de frutas caídas.
Fragancia de la madurez,
de proceso terminado.
Todo lo que faltó a nuestros sueños.
Hay silencios espesos
(uno sabe que están llenos de palabras
como lo que ha hervido
horas y horas
a fuego lento).
***
Sueño cada noche con una madre
que atraviesa continentes
cargada de olores marinos
pero sobre todo murmullos
canciones
cuentos.
Ah la lengua de la madre.
***
A veces, todavía, la hermosura nos hace enmudecer.
Hay calles amables bajando con dulzura hacia el mar.
Dos chicas se trenzan el pelo
en los escalones de una casa con cortinas de crochet.
Un hombre cruza de una vereda a otra sin mirar, seguro.
Señoras con la compra conversan en una esquina.
Un sol delicado alumbra el tránsito
de los que vamos
sin apuro a ninguna parte.
***
PAISAJE
En horas de la noche
el vientre y la tetera
son el único paisaje disponible.
Cruzo las manos y cabeceo sobre el rescoldo.
Apreciado instante en que los otros
aflojan el cerco en torno a mí.
Los amores que me rondan
pierden substancia.
Con hebras de colores
voy bordando el lienzo de la espera.
Aparecen imágenes, caballos pintos
esquinas lluviosas, niños voladores
y tu hermosa cabeza siempre inconclusa.
***
A veces somos el mismo globo roto
en mitad del universo.
Un volantín sin hilos
y sin niño.
***
Los años se encienden
y se van sobre nuestras cabezas.
Flotan en el aire las palabras para decir
al borde de la última mirada a la ciudad:
Allá abajo está mi padre
y los días en que odiaba.
***
Te hubiese amado ojitos de alerce.
Cada instante una recogida de estrellas
para jugar a las bolitas.
A pesar de los ríos desbordados
y de nuestros pobrísimos hermanos.
Te habría enseñado a amarlos
a poner tablones entre los supermercados
abrirles las puertas para que bajen en rodadas
latas de conservas, pollos, leche.
Y tú sosteniendo las puertas.
Ay! si hubieras estado, yo no escucharía
la radio acostada con los ojos cerrados.
Te estaría buscando en las listas de desaparecidos.
***
DOÑA SEBASTIANA I
Bajo el puente Pudeto,
en lo más profundamente azul,
hay un cúmulo de penas suemrgidas.
En las tardes
varias mujeres hunden sus canastos
y el agua se escurre en el entramado.
Siempre temo que alguna
aprisione y recupere
las miserias que me ha costado tanto
amarrar a una piedra
y tirar desde la costa.
***
CAGUACH
Esperaba que los demonios dejaran
de horadar mi corazón.
Las polillas consumen lo que me queda de abrigo.
Trato de proteger a los niños de mis ojos.
Trato de ver los destellos luminosos.
***
ACUI
Darle un mapa del archipiélago
señalarle los bajos, las corrientes
las marcas de antiguos naufragios.
Toma el mando y ándate por las orillas
-decirle-
y luego, amárrate al timón
y no me escuches.
***
CHELÍN
Es una dulzura lamer a este
cuando caen sus ojos sobre los objetos
como haces de luz.
Tiembla el polvo un segundo antes
de estar bajo el poder de su mirada.
***
(LA FUERZA DEL VIENTO)
Tantas veces la fuerza del viento
ráfaga iracunda y el agua
desclavaron rompieron.
(cuando todo es oscuro
apenas se respira
contraídas las carnes)
Esperábamos al clarear
un pueblo otro.
Pero las calles humeando iguales
bajo un sol descolorido.
Los mismos ojos lanzados
como piedras.
Idénticas gallinas picoteando sobras
y niños jugando en las acequias.
***
(TAL VEZ OTRAS CIUDADES)
La gracia ha de caer en las llamaradas
sobre las ruinas
sobre cada árbol, cerro, hendedura.
Un santo oficio sobre la naturaleza.
Y tal vez mi cuerpo
con sus grietas y copas
se levantará otra vez.
Armaríamos entonces otras ciudades:
estas tan frágiles hicimos.
***
AFUERA, UN ÁRBOL
Este pueblo se concentra
en el pozo desesperado de los ojos.
Aletazos de pájaro contra la ventana.
Aroma del presente:
siento,
sin ver ni oír
la caída del alerce
en dos ardientes lonjas.
***
VIGILIA
Obligada a la vigilia
muestro los dientes a la satisfacción.
En vilo
sacar a uñadas la capa del perdón.
En la punta del agrado
rememorar acres residuos
quebrar el gusto
arder.
Sobrevivir es tarea indigna.