Maniobrando las voces de muertos célebres y anónimos que nos hablan a través de incisivos epitafios, Mora consolida una ambiciosa pretensión: vincular su obra al horizonte histórico del país, emprendiendo a partir de ese diálogo una labor desmitificadora caracterizada por la ironía y reflexión implacables frente a cualquier discurso oficial o versión hegemónica. Los poemas-lápida de quienes habitan este animado camposanto diestros hombres precolombinos, conquistadores, esclavos, libertadores, artistas, dirigentes obreros, niños de la calle son a la vez las losas componentes del camino imaginado para que esa abigarrada multitud se encuentre y concilie, como soñó Vallejo, «al borde de una mañana eterna / desayunados todos».
el peru como una gran fosa común de la que no hay escape; el perú como un gran cementerio, como la escena de la muerte injusta que se repite, se repite. el pecado original del país, el origen de toda la podredumbre. la imposibilidad de resarcir el error.