La colonia de Raleigh se muere y Jerah, uno de los ingenieros del Templo, debe seguir las órdenes de la diosa y viajar más allá de las fronteras de lo que siempre ha conocido. Está dispuesto a todo para salvar a su gente, incluso a aliarse con Kiran Gadhavi, uno de los peligrosos terroristas de los Soles.
Lo que nunca habría imaginado es que durante su misión llegaría a cuestionarse sus creencias y su fe en pos de descubrirse a sí mismo.
Echaba de menos leer a Laura Arenas tanto que cuando me encontré entre estas páginas estaba tan contenta que importó poco más. Se reconoce con facilidad su estilo, la forma de construir escenas tan peculiar que tiene, el ritmo determinado en la elección de palabras; pero lo he visto más pulido y sin que pierda en la primera vuelta.
Aunque sin duda lo mejor de esta historia es que tiene una ambientación que es increíble y me he enamorado muchísimo de ella. Me flipa la idea de la tecnología siendo parte de un culto tanto como esa divergencia entre lo que opinan los personajes al respecto y cómo lo desnudan. Porque otro punto genial son ellos dos: Jerah es magnífico, por lo encantador que resulta en cada una de sus facetas; y Kiran se hace querer muchísimo. Además, son el complemento perfecto y he flipado leyendo sus interacciones.
Me habría gustado más datos sobre la segunda colonia hacia el final, algo menos críptico en las historias, pero lo he disfrutado tanto que realmente más que una queja puede ser una petición de leer más de esta historia habría sido estupendo.
Muy interesante esta historia post apocalíptica y cómo evoluciona la sociedad y crea nuevos dioses al olvidar el origen de las cosas.
Kirian y Jerah han resultado personajes muy interesantes y parecidos a pesar de sus diferencias.
Muy recomendable leer primero el relato «La decisión de Raleigh», que forma parte de la antología «A la caza de lo invisible», puesto que vemos cómo era esa sociedad unas generaciones antes.
Es mi primera novelette y me ha encantado. No porque sea corta le faltan detalles, giros, desarrollo… El worldbuilding es una pasada y todo está muy bien construido. Además, la prosa es una maravilla que me ha hecho disfrutar cada párrafo. Un diez.