Si digo que Mary y George son dos protagonistas de primera, no digo nada nuevo. Porque hablo de personajes creados por una de mis autoras preferidas, de esas que sabes que te van a enganchar con la novela, de las que nunca fallan. Ruth es capaz de atraparte con una comedia actual, pero cuando la lees en histórica… se sale.
Al principio, y puesto que es la primera novela de la serie, la presentación de un montón de personajes que irán saliendo poco a poco, puede parecer excesiva. Pero lo hace de tal modo, con tanta sutileza, que no te importa.
Mary es una dama No al uso. Quiero decir que no es la típica damita sosaina que solo piensa en cazar un buen partido, ella tiene miras más altas. Sin embargo, en aquella época mandaban las circunstancias y tiene poco tiempo para prometerse. Que el caballero que le hace tilín sea justamente el hombre al que sus hermanos le dicen que no se acerque, ya es otra cosa.
George, por su parte, también tiene poco tiempo para elegir a su marquesa porque, aunque es joven, la maldita guerra española le ha arrebatado a sus dos primos, a quienes quería como hermanos y estaban en la línea de sucesión de su título y propiedades. Por tanto, le urgen casarse y tener un heredero. Otra cosa es que la mujer que empieza a conquistarle con su frescura, sea la que sus amigos le tienen prohibida.
La frescura de las escenas, los chispeantes diálogos y el precioso romance, me han conquistado. Pero lo he pasado engrande con el juego de palabras entre Mary y George, y entre ella y sus hermanos. Creo que incluso voy a practicarlo, es divertidísimo y demuestra la facilidad de la autora para envolverte.
Clichés de época tiene, claro. Y es eso lo que hace que te veas en un salón de baile o en unos jardines floridos donde, si eres prudente, puedes tontear con el caballero de turno.
La atracción entre los protagonistas es estupenda. Es un no querer, pero me gustas; un me estás prohibido, pero me atraes; un no quieren que te corteje, pero ardo en deseos de besarte…
Quiero conocer la historia de Jane, va a ser fantástica con su highlander.
Por descontado, y como siempre digo cuando acabo una novela de esta autora, no os perdáis las notas finales, una muestra más de la chispa que tiene Ruth para contarnos cómo ha ido creando la historia, obligándote a sonreír.