Virreinato del Perú, siglo XVII. Gregorio de Utrilla es un oscuro sacamuelas que ha pasado la mayor parte de su vida persiguiendo al famoso neguijó un gusano que —según el imaginario barroco— anidaba en las dentaduras de los pecadores, corrompiendo las almas y los cuerpos. Con el afán de capturar un ejemplar del parásito, Utrilla se dispone a expoliar las muelas de los habitantes de Lima con sus herrajes y aparejos preanestésicos. Por su silla pasarán desde un tuerto fanático de la literatura y un soldado aquejado por el mal de piedra, hasta un inquisidor cojo y escéptico. Pero el platillo principal será una beata dispuesta a sacrificar su dentadura para demostrar su santidad. Neguijón ofrece un recorrido único por el Barroco donde las creencias, prácticas y supersticiones de la época sugieren que «la mariposa latinoamericana del realismo mágico alguna vez fue un gusano barroco español». En una extraordinaria recreación histórica de un periodo intrigante, Fernando Iwasaki «ha esculpido esta novela original, insólita y fascinante sobre el dolor y la locura colectiva», Jesús Ruiz Mantilla (El País).
Fernando Iwasaki Cauti es un escritor, investigador, docente, filólogo e historiador peruano nacido en una familia de múltiples raíces (Perú, Japón, Ecuador e Italia). Actualmente reside en Sevilla, España.
«Me hacía ilusión sugerir que la mariposa hispanoamericana del realismo mágico alguna vez fue un gusano barroco español», escribe Iwasaki al final de este libro. El resultado es un impresionante ejercicio de estilo y un monumento de erudición en cultura bizarra barroca, un objeto textual originalísimo, enrevesado, y que se lee con un ojo abierto y otro cerrado, entre la carcajada y el repelús, igual que se ven los vídeos de accidentes domésticos. La materia del relato no es mucha ni muy coherente, pero sí divertida, si uno es capaz de disfrutar del humor negro y del exceso gore. Apenas hay página en que no le rasguen a alguien las mejillas, o le astillen un hueso, o le trepanen el cráneo, o le sajen las encías, o le saquen un ojo, o le metan algo candente por el culo. El léxico es exuberante, no siempre exacto, pero por ello también digno émulo de la prosa barroca. Entre estas páginas caracolea el gusano barroco del que desciende la mejor literatura en español, a ambas orillas del Atlántico.
Es un intento erudito y divertidísimo de aproximar lo chabacano y terrible. Sale una historia interesante de una historia quijotesca de la Historia de un imperio. Retrata años y personajes de obsesión con los santillos y los mártires; la fea religiosidad y el rigor científico perseguidor de fantasmas en la carne.
Es explícito hasta la redundancia. Y nos salpican humores y olores como para hacernos apartar la vista y poner cara de haber probado limón. Aunque no por la acidez, sino el tino neurótico con que las tenazas desdentan a los pobres feligreses.
Es una propuesta chula y bien acometida. Y como tampoco daría para más páginas... muy bien terminada. Recomendadísimo.
Aunque soy super hincha de Iwasaki, prefiero lo menos erudito. Si bien hay que tener en cuenta varias referencias literarias, principalmente El Quijote, para disfrutar del libro, también tiene partes interesantes para los legos en historia y literatura del Siglo de Oro como yo.